Laurence Debray, biógrafa de Juan Carlos I, considera excepcional que le exijan una disculpa: ¿Que se disculpe de qué?

Laurence Debray defiende que Juan Carlos I ya ha reconocido sus errores y ve insólito que en España se le exija una disculpa pública.

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La escritora francesa Laurence Debray, biógrafa de Juan Carlos I, posa en una entrevista con Europa Press junto a ejemplares del libro 'Reconcilación' (Grupo Planeta) EUROPA PRESS - FERNANDO SÁNCHEZ

La escritora francesa Laurence Debray, biógrafa de Juan Carlos I, posa en una entrevista con Europa Press junto a ejemplares del libro 'Reconcilación' (Grupo Planeta) EUROPA PRESS - FERNANDO SÁNCHEZ

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La autora francesa Laurence Debray convivió durante dos años en Abu Dabi con el Rey emérito para ayudarle a dar forma a sus memorias. Ese tiempo, explica, le permitió descubrir a un hombre con un fuerte sentido del deber, decidido a no causar problemas a su hijo, Felipe VI, y que ya ha admitido los errores cometidos, por lo que no alcanza a comprender que en España haya sectores que sigan reclamando una disculpa pública a los ciudadanos por su conducta.

La gestación de “Reconciliación”, que vio la luz en noviembre en Francia y un mes después en España de la mano de Planeta (donde suma ya seis ediciones y se situó entre los títulos más vendidos de 2025), fue “un proceso largo porque quería que fuera su voz”, relata Debray en una entrevista con Europa Press. Ambos dedicaron innumerables horas a conversar; ella volcaba después ese material por escrito y el exmonarca lo revisaba minuciosamente hasta sentirse “totalmente cómodo con el resultado”.

El volumen reúne tanto sus “memorias” como sus “recuerdos”, ya que Debray no pudo consultar los archivos del Palacio de la Zarzuela. En algunas ocasiones, precisa, recurrió a amigos del Rey emérito “para estar seguro de la fecha, de la persona o del contexto”.

Desde el inicio, tanto el antiguo jefe del Estado como la escritora coincidieron en que la obra debía abarcar toda su trayectoria vital. “Él quería hablar de su infancia y de su familia” porque pretendía mostrar “un poco el hombre detrás del rey”. “Me parecía normal que hablara no solo de lo bueno, pero también de lo malo”, sostiene. “Es asumirlo todo y creo que no hubo ninguna duda sobre este hecho”, recalca, subrayando que “reconoce sus errores”.

Debray subraya que Don Juan Carlos aspiraba a dirigirse con este libro “a los jóvenes españoles y del mundo” para “dar su visión de los hechos y su forma de sentir y vivir las cosas”. Por ello, insiste en que “tenéis que entender que este libro no está dedicado a los españoles” sino que su objetivo es “dejar un testimonio” para las generaciones venideras.

Un relato pensado para la historia

En este marco, y dado que la primera edición apareció en Francia, que ya se ha publicado también en Portugal y que se prepara una versión en inglés, la autora considera que no tenía sentido detenerse en los “detalles” de las relaciones extramatrimoniales, al no estimar que vayan a tener relevancia histórica. “Es un libro para la historia con ‘h’ mayúscula”, argumenta.

A su entender, resulta mucho más relevante que el emérito se detenga en su relación con Franco, la Transición o la Constitución, “pero a veces los españoles se olvidan de que es un libro también para el mundo, no solo para la prensa amarillista española”.

En esta línea, cuando se le plantea si Juan Carlos I ha llegado a valorar la posibilidad de pedir perdón por esos errores que ha reconocido, tal y como se le reclama desde algunos sectores en España —incluido el presidente, Pedro Sánchez, que sostuvo que debía “explicaciones” por sus actos, y dirigentes del PSOE que fueron más allá al hablar de una necesaria “disculpa”—, Debray responde sin titubeos: “¿Pero disculpas para qué?”.

La escritora admite su sorpresa, como francesa, ante el hecho de que en España se exija una disculpa al exmonarca cuando “hay problemas de gestión del Estado, hay gente que se muere, hay gente que vive muy mal, y ¿el jefe del Gobierno se disculpa de algo?, ¿ha dimitido de algo alguien?”.

“Piden al rey cosas que ni si quiera se lo aplican a ellos mismos. Me parece muy insólito, lo siento”, añade. “Yo soy francesa y no me quiero meter en política española, pero a veces me hace reír un poco el contexto”, prosigue. “¿Y qué quieren? ¿Que se disculpe de qué? Ha abdicado, ha dejado el poder a su hijo y vive fuera sin molestar a nadie”, concluye.

Un exilio asumido como sacrificio por la Corona

Debray reconoce el pesar que supone para el emérito no mantener una relación más cercana con su hijo y con la Princesa Leonor. “Es un abuelo que tiene ya 88 años, que vive lejos de su país y de su familia, muy aislado, pero lo asume desde el punto de vista institucional” porque entiende que “es mejor así para la Corona”.

Según la autora, “siempre está pendiente de no molestar a su hijo, de fortalecer la Corona, de sacrificarse para la Corona, de vivir lejos y fuera del país para dejar tranquilo a su hijo” y tiene plenamente interiorizada esta situación. Apunta también que probablemente este sea uno de los motivos por los que Doña Sofía no ha viajado todavía a visitarle en su exilio en Emiratos Árabes Unidos.

Durante las conversaciones, el Rey emérito se emocionaba especialmente al hablar de la Reina, en particular de los inicios de su relación y de la luna de miel, así como al recordar a su padre, Don Juan. En este último caso, mostraba cierta culpa por “no haber dado suficiente boato cuando le entregó los derechos dinásticos” de los Borbón en 1977, aunque después le tributó un entierro de rey.

Un testimonio sin filtros ni correcciones políticas

“El libro es muy honesto” y en ningún momento pretende ser “políticamente correcto” ni acomodarse a lo que se espera de él, afirma Debray. “Es un libro escrito a corazón abierto, es su verdad y es muy sincero”, recalca, al tiempo que asegura que durante el proceso de redacción la Casa Real no se puso en contacto con ella, si bien dice ignorar si Felipe VI habló con su padre sobre el proyecto.

Debray considera que “Reconciliación” “va a ser la versión final” y descarta una edición ampliada. “Ya es bastante espeso y creo que los libros tienden a reducirse porque la gente lee poco”, ironiza, recordando además que existen ya numerosos ensayos sobre la figura de Juan Carlos I y su reinado.

Respecto a la ausencia de una presentación pública junto al que fue monarca durante casi cuarenta años, explica que, en Francia, se juzgó necesario aportar “más contexto” y se optó por enviar a varios periodistas a Abu Dabi para entrevistarle. “En España le hubiera gustado hacer una presentación con algunos actores de la Transición o que fueron muy activos durante su reinado pero le hicieron entender que no era bien visto”, añade.

En cuanto a su salud, Debray confirma que “está bien”, aunque recuerda que se trata de un hombre de 88 años con problemas de movilidad, al que los médicos han recomendado reducir desplazamientos. Precisamente ese fue el argumento esgrimido para justificar su ausencia el mes pasado en el funeral de la princesa Irene, hermana de Doña Sofía. “Le dio mucha pena no poder acudir” y la muerte de esta le afectó profundamente, asegura.

Al Rey emérito le inquieta no saber qué ocurrirá con él cuando fallezca. “Lo tiene como asumido pero no deja de ser doloroso para él, pero no se queja y dice ‘qué horror, voy a acabar aquí solo en Abu Dabi’”, relata Debray. “Él no va a entrar en esos detalles porque no quiere incomodar”, apostilla.

Un retrato personal de Juan Carlos I

La escritora admite que antes de este trabajo tenía una imagen preconcebida del emérito, sobre el que ya había publicado dos libros pero “sin tener sus confidencias”. “Me había imaginado un hombre mucho más maquiavélico” y más aferrado al poder, teniendo en cuenta que soportó durante años a Franco “para llegar a rey y luego montar la Transición”, “un proceso muy sutil que va a quedar en la historia”.

“Eso se derrumbó totalmente”, afirma. “Vi a un hombre muy instintivo, mucho más en la reflexión (...) con mucha más autoridad de lo que pensaba” ya que fue él quien negoció con los militares, con los comunistas, con Suárez..., aunque estuviera rodeado de asesores, pese a que “él no suele ponerse de relieve”.

“Puedo dar testimonio de una persona muy meticulosa, mucho más serio y trabajador y determinado, sin cansarse, sin quejarse, determinado en acabar el libro”, concluye Debray tras los dos años de trabajo compartido.