El Gobierno vasco ha convertido el traslado del Guernica de Picasso al País Vasco en una causa de Estado. El lehendakari, Imanol Pradales, ha reclamado nuevamente que el icónico lienzo pueda exhibirse en el Museo Guggenheim de Bilbao durante nueve meses, como un gesto de memoria histórica y “reparación simbólica” hacia el pueblo vasco.
Sin embargo, el Ministerio de Cultura y el Reina Sofía se oponen por motivos de conservación, argumentando que el traslado podría dañar la obra.
Un grave error político, según Pradales
En una comparecencia ante los medios tras la reunión que ha mantenido en Madrid con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, el lehendakari vasco ha trasladado su petición directamente al jefe del Ejecutivo, asegurando que “sería un grave error político cerrar la puerta a esta cuestión”. La demanda del lehendakari responde al deseo de conmemorar el 90 aniversario del primer Gobierno vasco y el bombardeo de Gernika, con la exposición del cuadro prevista entre octubre de 2026 y junio de 2027.
El Reina Sofía ha rechazado todas las solicitudes históricas para ceder la obra, incluso frente a instituciones internacionales como el MoMA de Nueva York. Según el museo, el Guernica debe permanecer intocable y fuera de la política de préstamos, al ser un emblema cultural de primer nivel, comparable a la Gioconda en el Louvre.
Los informes técnicos del museo desaconsejan el traslado debido al estado delicado del lienzo. Las vibraciones inevitables durante el transporte podrían generar nuevas grietas, levantamientos de la capa pictórica y desgarros. El Reina Sofía subraya que la obra requiere condiciones estrictamente controladas de temperatura, humedad y estabilidad, y que no puede enrollarse por su fragilidad.
Propuesta vasca
El Gobierno vasco insiste en que se podría realizar la exposición de manera segura. Propone crear una comisión de trabajo conjunta que coordine el traslado y asumir todos los costes, garantizando la conservación y seguridad de la obra.
Para Pradales, la muestra en Bilbao sería una oportunidad histórica de reconocimiento simbólico para el País Vasco, un gesto que, según él, trasciende la política y se inscribe en la memoria histórica del pueblo.