El ministro y líder del PSOE madrileño Óscar López abría la caja de Pandora este jueves al atribuir en parte el mal resultado electoral de los socialistas en Aragón al legado del expresidente aragonés Javier Lambán, fallecido el pasado año. Sus palabras le han valido tanto críticas internas como de la oposición y ponen el foco en la estrategia del partido en las federaciones.
En sus declaraciones públicas, el ministro de Transformación Digital y Función Pública sostuvo que durante la etapa de Lambán al frente de los socialistas aragoneses no se ejerció una oposición eficaz al actual presidente autonómico, Jorge Azcón, lo que, a su juicio, habría condicionado el resultado de la candidatura socialista en la pasada cita electoral del 8-F.
Lambán, expresidente de Aragón, persona con ideas propias y, a veces, con posturas contrarias a la dirección nacional del PSOE, falleció en agosto de 2025 tras una larga enfermedad, lo que ha llevado a distintos dirigentes a cuestionar la oportunidad política de responsabilizar de los malos resultados electorales del PSOE en Aragón a quien ya no puede responder.
No en vano, y mientras crece la polémica, el candidato de los socialistas a la Comunidad de Madrid no se ha retractado este viernes de sus manifestaciones. "Nadie me va a dar lecciones sobre respeto", ha afirmado, señalando, por otra parte, que respetó en vida a Lambán y, "sigo respetando a día de hoy".
Reacciones en el PSOE: entre el respaldo y el reproche
La actual líder del socialismo aragonés, Pilar Alegría, ha evitado cargar contra López, aunque sí ha dicho que la reflexión de su antiguo compañero de Consejo de Ministros, fue un "error", añadiendo además, que personalizar los resultados “no conduce en la buena dirección”. Alegría, en todo momento ha reivindicado el legado institucional de Lambán al frente del Gobierno de Aragón.
Más contundente ha sido el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, quien calificó de “injustas” las declaraciones de López y pidió una rectificación.
El episodio vuelve a evidenciar las tensiones históricas entre las distintas sensibilidades territoriales del PSOE, especialmente entre quienes han mantenido posiciones críticas con la dirección federal.
El dirigente socialista y ministro de Presidencia y Justicia, Félix Bolaños, ha sido una de las últimas personas en añadirse al apoyo a la figura de Javier Lambán. Este viernes, El Periódico de Aragón reproducía, textualmente, que Bolaños, miembro de la ejecutiva federal del PSOE -de la que no forma parte López-, ha destacado que “todos en el PSOE reconocemos la figura y legado de Javier Lambán”.
En esas mismas declaraciones, ha querido dejar claro el rechazo a las palabras del ministro de Transición Digital al asegurar que “este reconocimiento en el seno del PSOE es unánime y ha sido un referente, especialmente entre los socialistas aragoneses”, concluyó.
El exdirigente socialista, Nicolás Redondo, al igual que el sindicalista Cándido Méndez, han sido otras de las voces críticas con las palabras de Óscar Lopez. Desde Antena 3, Redondo ha afirmado que lo que más le desagrada "es tener que bajar a esa oquedad, estética y moral, que representa este señor hablando de Lambán. "No nos damos cuenta de la indignidad que representa que un ministro de España, dirigente del Partido Socialista Español, después de un resultado (electoral) nefasto y negativo, lo que traslade en la responsabilidad a un difunto".
"Pero es que, además, -ha añadido-, en la literatura está el alma. Es que tú oyes lo que dice, que conocí y me llevaba bien, desde el máximo respeto...". "Él es capaz de introducir en el mismo argumento, una cosa y la contraria. La de arriba, la de abajo, lo blanco, lo negro. Todo -remata-. Y eso demuestra una inmoralidad absoluta".
La oposición entra en la polémica
Desde el Partido Popular, el líder nacional Alberto Núñez Feijóo ha calificado las declaraciones de López de “lamentables” y acusa al PSOE de buscar culpables internos en lugar de asumir responsabilidades políticas propias.
En el entorno popular consideran, además, que la controversia refleja una crisis de liderazgo y estrategia en varias federaciones socialistas, en un momento de fuerte competencia territorial.
El alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, también ha arremetido contra el secretario general del PSOE madrileño y ministro para la Transformación Digital y de la Función Pública, Óscar López, al que ha definido como “miserable” y “mala persona” por sus manifestaciones sobre el recientemente fallecido expresidente aragonés Javier Lambán.
El regidor ha subrayado que esas palabras no responden a una opinión aislada, sino que se encuadran “en una corriente de opinión que hay en el PSOE descalificando a aquellas figuras que consiguieron lo que todo partido pretende conseguir, amplias mayorías sociales”.
“¿Podemos decir ya que es un miserable?”, ha planteado Almeida ante los medios en el tanque de tormentas de Arroyofreno, donde ha descrito a López como “un político mediocre y una mala persona”. “Digo que es un político mediocre porque no se le conoce nada más que la lealtad sumisa y ciega a quien está en el poder: fue mano derecha de Alfredo Pérez Rubalcaba y hoy es, como diría José Luis López Vázquez, un siervo, un esclavo, un admirador y un lacayo de Pedro Sánchez”.
Un debate de fondo: estrategia y liderazgo territorial
Más allá de la polémica personal, el episodio reabre un debate estratégico dentro del socialismo: el papel de las federaciones autonómicas, la coordinación con la dirección federal y la gestión de las discrepancias públicas.
Lambán fue una de las voces más críticas con algunas decisiones del Gobierno central en materias como financiación autonómica o pactos parlamentarios y su figura simbolizaba una corriente más autonomista dentro del partido. Las palabras de López, lejos de cerrar esa etapa, parecen haber reactivado un debate latente sobre el rumbo del socialismo territorial.
La cuestión ahora es si la dirección federal optará por rebajar la tensión o si este episodio marcará un nuevo capítulo en las complejas relaciones internas del partido en un año políticamente sensible.