El Ministerio de Trabajo cerraba esta semana la subida del Salario Mínimo Interprofesional de 2026, con el apoyo de los sindicatos UGT y CCOO y, con el rechazo de las patronales empresariales, en desacuerdo con el incremento del 3,1%, que deja esta prestación en 1221 euros al mes, en 14 pagas, y con carácter retroactivo desde el 1 de enero de 2026.
Las discrepancias entre las patronales y Trabajo sobre esta materia han sido puestas de manifiesto desde el primer día de la negociación, entre otras razones, no solo por el porcentaje de incremento del SM, sino también, por la manera de hacer el cálculo para alcanzar el 60% del salario medio neto.
Pasados los cruces de acusaciones entre una parte y otra, y con la mesa de diálogo rota, por no alcanzar un consenso a tres partes -como así le hubiera gustado al ministro de Economía, Carlos Cuerpo, quien ha subrayado esta situación, felicitando a Trabajo por cerrar la subida en el 3,1%, coincidiendo así con el IPC de octubre de 2025-, las organizaciones empresariales desvelan para Demócrata algunos puntos de esta negociación, en la que se han sentido despreciados, porque en su opinión, "la ministra tenía muy claro qué quería, y en ningún momento ha tenido intención de negociar con nosotros. La prueba -insisten nuestras fuentes consultadas-, es que antes de sentarnos en la mesa filtró la propuesta a los medios de comunicación”.
Del estilo Díaz al estilo Ribera
En este trámite de la subida del SMI, en el que se han agotado todos los tiempos, las patronales señalan la ausencia de la vicepresidenta segunda del Gobierno en estas mesas. "Lo normal es que no fuera -detallan-. Claro que, en su nombre, siempre ha estado presente el secretario de Estado, Joaquín Pérez Rey, de modo que, ella aparecía en algunas ocasiones a saludar, o ya en el último momento". De todas maneras, “ella estaba informada de todo al minuto” y, también reconocen otras fuentes, "no es normal que un ministro asista a las negociaciones, salvo Teresa Ribera, que era una persona a la que le gustaba estar presente", apuntan.
Fuera de la mesa, y desde la tribuna, Yolanda Díaz ha criticado la posición de partida de CEOE y Cepyme, de fijar el incremento del SMI en el 1,5%. Lo ha llegado calificar la ministra de "broma de mal gusto", intentado acordar un incremento entre el 3,1% y el 4% con los expertos. En este trance, uno de los vicepresidentes de la organización empresarial que preside Antonio Garamendi, en este caso, Lorenzo Amor, presidente también de la Asociación de Trabajadores Autónomos, se mostró abierto de extender esta cifra al 2%, con el objeto de alcanzar un acuerdo.
Una resolución que no ha llegado a consagrar el diálogo social, finalmente, y entre otros motivos, porque a las patronales no les ha convencido la contraprestación de la subida del SMI al 3,1%", ofreciendo compensaciones fiscales para las empresas afectadas por la subida del SMI, sobre todo entre pymes y autónomos, siempre y cuando, se mantenga el empleo y se suban los salarios más bajos.
"La trampa de las compensaciones que fracasaron en pandemia"
Para las patronales -explican a nuestro diario-, “eso es una trampa y no compensa”. Y, ¿Por qué? Pues porque "esas compensaciones restan –desarrollan-. Y las empresas no pueden, solo por los intereses políticos de un gobierno en minoría parlamentaria, ajustarse por tener unos beneficios y cambiar su manera de gestionar". "Una empresa -defienden-, cuando tiene que reducir plantilla, no lo hace por capricho, lo hace porque es necesario para seguir siendo competitiva. Y, de hecho -apostillan-, aquellas empresas -porque esto ya ha pasado, de hecho, pasó en la pandemia-, aquellas que cambiaron lo que necesitaban hacer -subrayan-, para poderse acoger a los beneficios de los Ertes, al final, acabaron perdiendo la subvención y la empresa".
"Lo que puede hacer el Gobierno en casos como este -proponen las organizaciones empresariales-, es promover incentivos, porque además tienen margen, a través de las cotizaciones, para que las empresas puedan remunerar mejor. Máxime, cuando estamos en recaudación récord".
“Te engañan unos y otros”
Fuentes empresariales no entran a valorar si de verdad, ha habido roces en el seno del Gobierno a la hora de negociar los aspectos concretos con los que ha acabado definido el SMI. Entre otras razones -apuntan-, porque “este es un ejecutivo del que no sabes nada de lo que es verdad, de lo que es relato, si te engañan, porque te engañan unos y otros. De forma que -colige-, nosotros tenemos una desconfianza absoluta”.
Lo que sí confirman -remarcan a Demócrata-, es que, dentro del propio Comité de Expertos del Ministerio de Trabajo, “ha habido discrepancias, en el momento de fijar la metodología para calcular el SMI, con los datos del 60% que se tenía que cumplir. Una discrepancia –señalan-, que venía en parte, por haber utilizado un baremo que no recoge todas las actividades y, además, particularmente elimina a las que menos salario tienen, es decir, al sector primario y al sector doméstico".
En definitiva -resumen nuestras fuentes-, “este Salario Mínimo apenas ha tenido negociación. Porque al final -concretan-, el Gobierno ha decidido lo que quería hacer. Los sindicatos han dicho que sí. Y, a nosotros –afirma-, ni siquiera nos pasaron por escrito la propuesta, lo que ha sido un desprecio absoluto en las formas. Por eso decimos –infieren- que ni siquiera han querido aparentar una negociación”.