Sánchez ve a China como única capaz de frenar la guerra en Irán y afirma que Trump no debe ofenderse por su viaje

Sánchez apela a China para frenar la guerra en Irán, critica a Israel e Irán y defiende que su visita a Pekín no debe ofender a Trump.

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El presidente chino Xi Jinping erunido con el presidente de España, Pedro Sanchez, que se encuentra en visita oficial en China, en el Gran Salón de la Casa del Pueblo en Pekín. Huang Jingwen / Xinhua News / Europa Press / Conta

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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, confía en que China desempeñe un papel decisivo para detener la guerra en Irán, iniciada por Estados Unidos e Israel, y sostiene que es prácticamente el único actor con capacidad real para abrir cauces diplomáticos y rebajar la tensión.

“Se me antoja muy difícil encontrar otros interlocutores que puedan desanudar esta situación provocada en Irán y en el Estrecho de Ormuz, más allá de China”, ha trasladado Sánchez en una rueda de prensa en Pekín durante su viaje oficial. “Creo que con esto lo digo todo”, ha apostillado a continuación.

Al mismo tiempo, ha descartado que su desplazamiento a China pueda generar malestar en el presidente estadounidense, Donald Trump, después de que el presidente chino, Xi Jinping, subrayara que su país y España están “en el lado correcto de la historia” en relación con la guerra en Oriente Próximo durante la reunión que ambos mantuvieron este martes.

En esta línea, Sánchez ha recalcado que España mantiene una posición coherente en política exterior y defiende siempre el respeto al derecho internacional. Por ello, considera que “nadie debe ofenderse” por esta visita, la cuarta que realiza a Pekín en los últimos cuatro años.

El jefe del Ejecutivo ha insistido en que España rechaza esta guerra, cuyos efectos ya se dejan sentir en numerosas sociedades en todo el mundo, y estima “necesarios” todos los esfuerzos que puedan hacer los distintos países para detener el conflicto. Ha puesto el foco, en particular, en aquellos Estados que conservan “interlocución” con las partes enfrentadas y no han intervenido de forma directa, en clara alusión a China.

China, llamada a implicarse más en el fin de la guerra

En la jornada anterior, Sánchez reclamó a Pekín una mayor implicación para lograr el fin de la guerra, aunque este martes no ha precisado qué contestó Xi ni si asumió algún compromiso específico. Se ha limitado a remarcar el rol que, a su juicio, debe ejercer China como gran potencia mundial.

En cualquier caso, ha incidido en que el interés de todos los países, y en particular de las “potencias medianas” como España, es que “el ecosistema multilateral sea respetado”. A su entender, hoy eso no está ocurriendo y la legalidad internacional se está “atropellando”.

Críticas a las amenazas y defensa del orden internacional

“Y no solamente eso, sino aquellos que alzamos la voz en contra de aquellos gobiernos que están violando el derecho internacional, tenemos que vernos contradictoria y paradójicamente sometidos a la amenaza de esos países”, ha denunciado.

Pese a ello, ha dejado claro que seguirá “del lado correcto de la historia” —repitiendo las palabras utilizadas por Xi este martes— defendiendo lo que considera “justo” y ajustado a la ley. Una postura que, sostiene, comparte la mayoría de la ciudadanía española, que aspira a estabilidad y no a nuevas guerras.

Acusaciones a Israel y condena a Irán

Sánchez ha elevado el tono contra Israel y el Gobierno de Benjamin Netanyahu, expresando su rechazo hacia quienes cometen “violaciones y genocidios” como el que, asegura, tiene lugar en Gaza. “Y esperemos que no ocurra lo mismo en El Líbano”, donde Israel combate con intensidad a Hezbolá desde el inicio del conflicto en Irán.

“Lo que queremos es que se respete en Oriente Medio la legalidad internacional” que, subraya, “hoy está siendo violada fundamentalmente por un país, Israel”, ha afirmado. Aun así, ha reiterado que la reacción del régimen iraní también es “absolutamente ilegal”.

Para Sánchez, es precisamente en escenarios como el actual, marcados por una gran “incertidumbre” y por la “angustia” de muchas personas ante el futuro, cuando resulta imprescindible sostener y defender el orden internacional basado en normas.