El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, emprenderá la próxima semana su cuarto desplazamiento oficial a China, donde mantendrá un encuentro con el presidente Xi Jinping y con las principales autoridades políticas del país asiático, pocos días después del alto el fuego en la guerra entre Estados Unidos e Israel con Irán.
El desplazamiento, preparado desde hace meses y con un marcado enfoque económico, coincidirá con un momento decisivo para tratar de cerrar el conflicto. En el Ejecutivo subrayan la influencia que puede ejercer China como actor estabilizador, en su condición de gran potencia mundial.
Hasta ahora, China no ha asumido un rol de mediador directo, aunque en el Gobierno recuerdan que ha denunciado la vulneración del derecho internacional que suponen los ataques y que intervino en la recta final para facilitar el acuerdo de alto el fuego que, aunque no es definitivo, lanza una señala positiva.
En el terreno económico, Sánchez intentará captar grandes inversiones chinas para España, facilitar la entrada de productos españoles en los mercados chinos y asegurar el suministro de materias primas críticas y “tierras raras”. Además, el Ejecutivo quiere reforzar la colaboración en los ámbitos universitario, científico y cultural.
Le acompaña su mujer Begoña Gómez
Sánchez partirá durante el fin de semana y lo hará acompañado de su mujer, Begoña Gómez, invitada por las autoridades chinas. Su agenda oficial arrancará el lunes 13 de abril con una conferencia en la Universidad Tsinghua y visitas a la tecnológica Xiaomi y a la Academia China de Ciencias.
El martes 14 celebrará la reunión bilateral con Xi en el Gran Palacio del Pueblo y después se verá con el primer ministro, Li Quiang, y con el presidente del comité permanente de la Asamblea Popular Nacional, Zhao Leji. Ese mismo día se incorporará a la delegación española el ministro de Exteriores, Unión Europea y Cooperación, José Manuel Albares.
Sánchez asistirá a un banquete ofrecido por Xi, gesto que en Moncloa interpretan como muestra del progresivo estrechamiento de las relaciones bilaterales. En 2025 hubo un almuerzo entre ambos mandatarios, pero la organización de un banquete se considera un paso adelante en términos de protocolo y diplomacia.
Ese martes, el jefe del Ejecutivo también tomará parte en un encuentro con inversores y ofrecerá una rueda de prensa a los medios de comunicación, prevista para las 19.30 horas en horario peninsular. El viaje concluirá el miércoles 15 con una reunión con empresas y un último encuentro con la cámara de comercio Unión Europea - China.
Viaje con espíritu europeo
En el Gobierno recalcan que se trata de un viaje con un claro espíritu europeo, ya que los mensajes centrales están coordinados con las instituciones comunitarias y abordan cuestiones que afectan no solo a España, sino al conjunto de socios europeos.
El incremento del déficit comercial favorable a China, los problemas derivados de importaciones subvencionadas que dañan a los productos europeos o las trabas para invertir en territorio chino por la protección de patentes y tecnología son, insisten, retos compartidos por toda la UE que España pondrá sobre la mesa.
Desde el Ejecutivo sostienen que mantener una relación fluida con Pekín es clave para ser escuchados al máximo nivel y ganar cierto margen de influencia sobre sus decisiones, y consideran que en estos cuatro años la relación bilateral ha evolucionado de forma positiva.
Aumento de las exportaciones españolas
En esta línea, destacan que las exportaciones españolas han crecido un 7% en los últimos años y que, si el déficit comercial continúa ampliándose, se debe a que las importaciones procedentes de China se han disparado en sectores como el del vehículo eléctrico.
En cuanto a una posible incomodidad de Estados Unidos por el acercamiento de España a China, en el Ejecutivo recalcan que este viaje, igual que los anteriores, no va “contra nadie” y sostienen que es conveniente mantener las mejores relaciones posibles con la gran potencia asiática, del mismo modo que con Washington u otros países como Brasil o La India.
Subrayan asimismo que es habitual que los líderes occidentales viajen a Pekín y recuerdan las recientes visitas de dirigentes de Alemania, Francia o Canadá. Añaden que el propio Donald Trump tiene previsto verse en varias ocasiones con Xi durante este año y en Moncloa aplauden ese dialogo entre las dos grandes potencias mundiales porque beneficia al resto del mundo.