En política, las consignas nunca mueren del todo. Simplemente esperan su momento. El «No a la guerra» vuelve a escucharse ahora en el debate público español, esta vez en medio del enfrentamiento entre Donald Trump y Pedro Sánchez. Y en el PSOE hay quien recuerda que esa misma consigna ya demostró su eficacia hace dos décadas, cuando movilizó a la izquierda en la calle y terminó llevando a José Luis Rodríguez Zapatero al Palacio de la Moncloa tras el impacto político de los atentados del 11-M.
La historia no se repite, pero a veces rima. En los últimos días ha empezado a circular en los mentideros políticos una hipótesis que hasta hace poco parecía remota: un gran ciclo electoral concentrado en una sola fecha. Primero las autonómicas de Andalucía. Tal vez también unas elecciones en Cataluña. Y, en el escenario más ambicioso, incluso unas generales. Un «Superdomingo», que el PP ya contempla, y que permitiría a Pedro Sánchez convertir el clima internacional en un marco político favorable.
La idea no surge de la nada. Antes de que estallara la crisis en Irán, el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, ya había apuntado esa posibilidad en un foro económico organizado por El Español en Toledo. Su argumento era casi matemático: cuando el Partido Socialista Obrero Español agrupa elecciones, el efecto arrastre suele jugar a su favor.
Paradójicamente, puede que el detonante haya llegado desde fuera. El pulso político con Trump ha devuelto al primer plano el discurso pacifista. Y eso, en términos electorales, siempre ha sido un terreno cómodo para la izquierda española. Algunas fuentes económicas consultadas por Demócrata incluso sugieren que en Washington no verían con malos ojos un cambio político en España que terminara apartando a Sánchez de Palacio de la Moncloa en los próximos meses.
Por ahora, los datos que maneja el PSOE invitan a cierto optimismo. Los tracking internos detectan una ligera mejora en los sondeos. Y el lema del «No a la guerra» parece tener eco en la campaña de Castilla y León, donde los problemas domésticos que rodean al Gobierno han quedado momentáneamente en segundo plano.
Un tablero complejo
Pero el tablero electoral es más complejo de lo que parece. En el Partido Popular andaluz no creen que Sánchez vaya a arriesgarse con una operación de ese calibre. Y no les faltan argumentos. El PSOE llega debilitado a Andalucía. La candidata socialista, la vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, María Jesús Montero, no despega en los sondeos. De hecho, sus expectativas de voto son incluso peores que las del anterior candidato socialista.
Eso ha abierto otra especulación en los círculos políticos: que Montero, tras las elecciones, ni siquiera recoja su acta en el Parlamento andaluz y prefiera seguir su carrera en Madrid. Claro que todo depende de la decisión que adopte Sánchez. Si finalmente decide hacer coincidir las generales con las andaluzas, el presidente tendrá primero que asegurarse su propia continuidad en el poder… y después, decidir si vuelve a confiar en Montero como ministra. Demasiados condicionantes para un calendario todavía incierto.
Mientras tanto, algunos gestos empiezan a reflejar el clima político del momento. El homenaje celebrado el viernes en el Monasterio de La Rábida a las víctimas del accidente ferroviario de Adamuz evidenció la soledad política de la ministra. Apenas hubo presencia institucional. Y tampoco acudieron familiares de las víctimas, pese a que el Gobierno había anunciado lo contrario.
El colectivo que representa a los afectados ha expresado su «indignación por el desprecio» mostrado por el Ejecutivo. El malestar es especialmente visible en Huelva, donde residían 26 de los 46 fallecidos, siendo además, esta provincia, un baluarte del PSOE andaluz.
La incógnita de Cataluña
La otra incógnita del posible «Superdomingo» está en Cataluña. El presidente de la Generalitat, Salvador Illa, sigue sin lograr el apoyo de Esquerra Republicana de Catalunya para aprobar los presupuestos. Ese bloqueo mantiene abierto el escenario de un adelanto electoral. Aunque el cálculo político tampoco es sencillo: unas nuevas elecciones podrían debilitar aún más al propio Illa.
A ello se suma el crecimiento de Aliança Catalana, un factor que complica todavía más la formación de mayorías estables en el Parlamento catalán y, por extensión, en el español.
En realidad, el «Superdomingo» y un adelanto electoral lleva tiempo rondando por Ferraz. Ya se valoró cuando el Congreso de los Diputados rechazó uno de los decretos ómnibus del Gobierno -el que incluía la revalorización de las pensiones- y también durante la crisis política generada por la guerra en Gaza.
El calendario inmediato
El calendario inmediato puede ofrecer algunas pistas. Esta semana el Gobierno celebrará en Madrid la llamada «Cumbre contra el Odio», a pocos días de las elecciones en Castilla y León. Entre los participantes estará la analista Sara Santaolalla, junto a expertos internacionales y representantes de plataformas digitales.
Pero la verdadera clave llegará unos días después, cuando Sánchez comparezca en el Congreso para hablar del conflicto en Oriente Medio. Será entonces cuando empiece a despejarse la gran incógnita: si el «No a la guerra» es solo un lema político… o el prólogo de una campaña electoral de gran escala.