Vox ha obtenido 14 procuradores en las elecciones de Castilla y León, uno más que en los comicios de 2022. El incremento es limitado, pero suficiente para volver a situar a la formación como pieza imprescindible en la configuración del futuro gobierno del 'popular' Alfonso Fernández Mañueco.
En esta cita con las urnas, el partido de Santiago Abascal ha alcanzado el 18,8% de los sufragios, por encima del 17,6% de las anteriores autonómicas, aunque sin llegar al 20% que le auguraban la mayoría de sondeos. Será ya la tercera legislatura consecutiva de Vox en las Cortes castellanoleonesas, tras su irrupción en 2019 con el 5,5% de los votos y 75.731 papeletas, que le valieron un único escaño. Desde entonces, mantiene una trayectoria ascendente en una comunidad gobernada ininterrumpidamente por el PP desde 1987.
Las previsiones internas de Vox para estos comicios eran positivas, pero en la dirección asumían que el salto no replicaría el de Extremadura y Aragón, donde llegaron a duplicar su representación parlamentaria. El objetivo realista pasaba por crecer lo suficiente para seguir condicionando a Mañueco y consolidar su presencia en el hemiciclo autonómico.
Una convivencia áspera
Castilla y León se convirtió en el primer banco de pruebas de los acuerdos de coalición entre PP y Vox a nivel autonómico. Tras las elecciones de 2022, ambas formaciones sellaron un pacto -la Comunidad Valenciana, Murcia, Extremadura y Aragón no lo harían hasta 2023- que permitió a Vox acceder por primera vez a una vicepresidencia autonómica, responsabilidad que recayó en Juan García-Gallardo.
Sin embargo, la convivencia entre los socios en el Ejecutivo castellanoleonés fue áspera desde el inicio. A los desencuentros en torno a la memoria histórica y la violencia machista se sumó el choque definitivo por el protocolo antiaborto impulsado por García-Gallardo y frenado por Mañueco, en medio de una fuerte contestación social a unas medidas que incluían el ofrecimiento de escuchar el latido fetal a las mujeres que quisieran interrumpir su embarazo.
Ese gobierno de coalición saltó por los aires en 2024, en paralelo a la ruptura del resto de ejecutivos autonómicos compartidos por PP y Vox, a raíz de las discrepancias sobre la acogida de menores migrantes no acompañados. La decisión, asumida directamente por Santiago Abascal, desembocó en la salida de García-Gallardo de Vox entre reproches a la dirección nacional al año siguiente.
La marcha del exvicepresidente
La marcha del exvicepresidente abrió además una brecha interna: dos procuradores se declararon en rebeldía y articularon una corriente crítica dentro del partido. Finalmente fueron expulsados tanto del Grupo Parlamentario en las Cortes como de la propia formación.
Pese a estas tensiones y a la ruptura de los gobiernos autonómicos, los resultados posteriores en las urnas no han castigado a Vox, que ha ido mejorando sus registros en las distintas convocatorias celebradas desde entonces.
La estrategia electoral y el papel de Mañueco
El desenlace de la noche electoral de este domingo remite inevitablemente a lo ocurrido en Extremadura y Aragón, donde María Guardiola y Jorge Azcón optaron por adelantar las elecciones para tratar de desprenderse de la tutela de Vox. En Castilla y León, en cambio, la legislatura ha agotado sus plazos y las elecciones se han celebrado en la fecha prevista. Los resultados refuerzan a los de Abascal, que vuelven a exigir entrar en los gobiernos autonómicos con mayor determinación y previsiblemente plantearán esa misma condición en esta comunidad.
Vox ha calcado prácticamente la estrategia de campaña aplicada en Extremadura y Aragón. La candidatura la encabezaba Carlos Pollán, un perfil poco conocido para el gran público pese a haber ejercido como presidente de las Cortes en la anterior legislatura, mientras Abascal se volcaba en el territorio. El líder de Vox ha celebrado más de una treintena de actos y se desplazó a la comunidad el 9 de febrero, apenas un día después de las elecciones en Aragón.
No obstante, Abascal no se ha desplazado a Valladolid para seguir el escrutinio, sino que ha seguido el recuento desde la sede nacional del partido, en la madrileña calle de Bambú, según indica Vox a Europa Press.
Campaña de choque con el PP y foco en el campo
En el plano discursivo, Abascal ha insistido en presentar a Vox como alternativa tanto al PP como al PSOE, a los que responsabiliza de los principales problemas que sufre Castilla y León y, por extensión, el conjunto de España.
El partido ha centrado buena parte de su mensaje en la agricultura y la ganadería, sectores clave en una comunidad eminentemente rural, con la intención de consolidarse como la referencia política de agricultores y ganaderos. Paralelamente, ha puesto el acento en la inseguridad que atribuye a la inmigración "masiva", fenómeno que, según Vox, "colapsa" los servicios públicos y dificulta el acceso a la vivienda.
La formación también ha tratado de canalizar el malestar por la falta de oportunidades para los jóvenes y el avance de la despoblación en la región. En términos generales, los de Abascal reclaman un rechazo frontal a las políticas ecológicas, a las medidas que, a su juicio, fomentan la inmigración ilegal, a las políticas "de género" y al gasto político "superfluo". La inmigración irregular ha dominado gran parte de sus intervenciones, aprovechando el real decreto para ampliar la atención sanitaria a inmigrantes en situación irregular, aprobado por el Consejo de Ministros en plena campaña.
El asunto también cobró protagonismo a raíz de unas declaraciones de Mañueco, que afirmó que Vox "quiere tirar a seres humanos al mar", en referencia a los inmigrantes que llegan a España por vía marítima. La formación y su líder han rechazado de plano esas palabras y Abascal ha reclamado al presidente autonómico que rectifique, que admita que se excedió y le ha advertido: "La demonización que hace de Vox luego le va a perjudicar a él", pensando en los pactos postelectorales. Desde el lunes, Vox ha reclamado reiteradamente a Mañueco "humildad".
La campaña ha discurrido con las negociaciones para cerrar acuerdos de coalición en Extremadura y Aragón de telón de fondo, sin avances significativos. Este bloqueo ha centrado buena parte de los mensajes de Abascal, que ha acusado al PP de ser responsable de la falta de progreso, aunque ambas partes asumen que tendrán que sentarse a hablar también en Castilla y León.
En los últimos compases de la campaña, Abascal y Alberto Núñez Feijóo mantuvieron un duro intercambio de reproches en torno a su "patriotismo". El líder del PP le culpó de frustrar los pactos en Extremadura y Aragón y sostuvo que esa actitud revela una carencia de "patriotismo". "Esto de patriota de viene grande", le espetó. Abascal replicó que al dirigente gallego "España le viene grande".
Tensiones internas en Vox y contexto internacional
Otro de los elementos que han marcado la campaña ha sido la crisis interna en Vox tras la expulsión de Javier Ortega Smith, que se negó a abandonar la portavocía en el Ayuntamiento de Madrid, y la salida de José Ángel Antelo, también exvicepresidente autonómico, de la dirección del partido en Murcia.
Ortega Smith, Antelo y otros dirigentes críticos han aprovechado su visibilidad mediática para denunciar lo que consideran una falta de democracia interna y unos métodos autoritarios dentro de la organización.
En paralelo, la ofensiva de Estados Unidos e Israel contra Irán, que ha provocado una nueva escalada en Oriente Próximo, ha coincidido con la recta final de la campaña. Vox es aliado del presidente estadounidense, Donald Trump.