“La situación dista de ser la que vivimos tras el inicio de la guerra de Ucrania”. El Gobierno trató de trasladar este martes las diferencias que separan, en términos económicos, los primeros compases de la guerra de Iran con la de hace ya cuatro años.
Ni los efectos son los mismos, insiste el Ejecutivo, ni tampoco lo es el punto de partida de España. Desde entonces, cuando los precios del gas dispararon hasta límites nunca antes alcanzados el precio de la electricidad, España ha levantado un ‘escudo’ renovable que le hace, asegura el Gobierno, menos vulnerable a estos vaivenes. Menos dependiente y más competitiva respecto al resto de vecinos europeos.
“Llegamos con los deberes hechos”, resumió el ministro de Economía, Carlos Cuerpo, que compareció ante los medios en rueda de prensa tras el Consejo de Ministros para dar cuenta del informe sobre el impacto económico que había llevado a la reunión junto a, entre otros, la vicepresidenta para la Transición Ecológica, Sara Aagesen.
Empresas más competitivas
“Hemos creado un escudo en términos de soberanía energética, que se traslada a los precios de la electricidad para nuestras pymes”. Según expuso el ministro, estos costes han supuesto un 20% menos para las empresas españolas que las que han debido asumir en la media de la zona euro, suponiendo una ganancia en competitividad.
Junto a ella, los datos acumulados de crecimiento y afiliación a la Seguridad Social. El ministro aseguró que en estas dos primeras semanas de marzo el ritmo de afiliación creció más intensamente que en el anterio mes. El país araña los 22 millones de afiliados a la Seguridad Social, una evolución que por ahora no se ha visto truncada por los misiles que sobrevuelan Oriente Medio.
Aagesen explicó la mejora en la posición energética de España en el mayor peso de las energías renovables en el mix energético, que alcanza ya un 57% de toda la generación en España. Y presumió de capacidad de regasificación, almacenamiento y procesamiento de productos petrolíferos respecto a otros países.
La vicepresidenta presumió de capacidad de generación renovable en un momento ‘dulce’ en el que las mayores horas de sol y buen tiempo están disparando la producción fotovoltaica y laminando los precios de electricidad en el mercado mayorista –al que está vinculada la tarifa regulada de los hogares--. “El sol y el viento nunca van a ser bloqueados por el estrecho de Ormuz”, ilustró Aagesen.
Parte del paquete de medidas que prepara el Gobierno va dirigido a intensificar el despliegue de energías renovables y la electrificación de la economía. El Ejecutivo ya ha confirmado que las medidas de apoyo se acompañarán con incentivos en actuaciones de eficiencia energética, movilidad eléctrica y aerotermia y todo apunta a que recuperará, si no ampliará, la batería de rebajas fiscales que ha venido incluyendo en el decreto-ley ómnibus –y que el Congreso ha derogado hasta en dos ocasiones--.
Gas y crudo disparados, pero no tanto
Tampoco la situación es la misma en los precios de las materias primas. El crudo y el gas se han disparado desde el ataque de Estados Unidos e Israel a Irán, pero partían de unos precios inferiores y no han alcanzado, al menos de momento, los registros de hace cuatro años. El gas, que llegó a superar los 200 euros/MWh en los primeros compases de la guerra de Ucrania, se situaba doce días después de estallar el conflicto en los 126 euros/MWh. Hoy se estabiliza en los 51 euros/MWh.
Tampoco el precio del crudo, si bien la tendencia no es tan optimista. Aun partiendo de una situación más ventajosa, el precio del barril de Brent, a casi 103 euros, se aproxima a los 112 euros que marcaba a estas alturas hace cuatro años.
Es, precisamente, estos precios los que suponen la principal amenaza a la economía española. Pese a que, en principio, el encarecimiento de las materias primas no debía haberse trasladado tan pronto a las estaciones españolas, los precios han subido desde el primer día de guerra.
La subida de precios ya se nota
El Gobierno ha solicitado a la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) reforzar el seguimiento de los precios, aumentando la frecuencia de sus reportes, y supervisando posibles comportamientos abusivos en las gasolineras.
Desde el inicio de la guerra, la gasolina se ha encarecido un 16%, el diésel un 28% y, lo que es más acuciante, los fertilizantes entre un 40% y un 50%. Esto es lo que motiva al Gobierno, explicó Cuerpo, a priorizar el sector del transporte y agroalimentario, en las compensaciones que aprobará este viernes.
También a hogares y sectores industriales más expuestos al aumento de los precios energéticos. Pero, fundamentalmente, estos dos sectores. ¿La razón? La repercusión que este aumento de los costes pueda tener en el resto de la cadena de valor y, en última instancia, la cesta de la compra.
De escalar la subida de precios, las dificultades energéticas pasarían a traducirse a una crisis de precios, la segunda en cuatro años.