El presidente de la Federación Nacional de Asociaciones para la Lucha Contra las Enfermedades del Riñón (Alcer), Daniel Gallego, reclama que “la salud renal ocupe el lugar que le corresponde en la agenda pública”. En España se calcula que la patología renal crónica afecta ya a alrededor del 15% de la población, en cualquiera de sus fases e incluyendo a quienes aún no han recibido diagnóstico.
“No podemos esperar a que la Enfermedad Renal Crónica se convierta en la quinta causa de muerte en nuestro país para actuar. Es el momento de invertir en prevención, detección precoz y en educación sanitaria, para mejorar la calidad de vida de las personas con enfermedad renal. (...) Promover modalidades de tratamiento más eficientes, sin menoscabar la calidad de los tratamientos, para que sean menos contaminantes, es una responsabilidad compartida con las administraciones sanitarias”, señala en un comunicado.
En coordinación con especialistas en Nefrología, integrados en la Sociedad Española de Nefrología (S.E.N.), y con otras entidades científicas y sanitarias como la Organización Nacional de Trasplantes (ONT), la Sociedad Española de Enfermería Nefrológica (SEDEN) y la Fundación Renal Española, han aprovechado la conmemoración del Día Mundial del Riñón, el 12 de marzo, para reforzar la visibilidad de esta enfermedad y alertar a la ciudadanía y a los responsables públicos sobre su evolución y gravedad.
Recuerdan que la Enfermedad Renal Crónica (ERC) sigue siendo una de las patologías más desconocidas para la población general en España, pese a su notable repercusión socio-sanitaria y al fuerte impacto que tiene en la calidad de vida de quienes la padecen. Parte de este problema se debe a que sus manifestaciones clínicas son poco evidentes en las primeras fases, lo que complica su identificación temprana y, en consecuencia, la puesta en marcha de un tratamiento adecuado a tiempo.
Por este motivo, insisten en la necesidad de desplegar programas de cribado y detección temprana dirigidos a los grupos de mayor riesgo, con el objetivo de diagnosticar la ERC antes de que alcance estadios avanzados y reducir así la necesidad de recurrir a terapias renales sustitutivas como la diálisis.
“En los últimos años, el arsenal terapéutico en Nefrología ha crecido con nuevos tratamientos que pueden enlentecer la progresión de la enfermedad, pero debemos diagnosticarla en sus estadios precoces, y buscarla en los pacientes de riesgo. Con ello se frenaría su crecimiento, se lograría prevenir muchos casos y se facilita también su tratamiento hasta el punto de no tener que necesitar diálisis o trasplante en muchos pacientes”, señala el presidente de la S.E.N., el doctor Emilio Sánchez.
“Con esta detección precoz y tratamiento temprano del deterioro de la función renal se puede retrasar hasta en más de 20 años el ingreso en diálisis o trasplante, y eso se puede lograr con sencillos tests de sangre y orina para medir la creatinina plasmática (y calcular el filtrado glomerular) y la albúmina en orina”, añade el presidente de los nefrólogos.
La ERC, conocida como la “epidemia silenciosa”, presenta una tasa de infradiagnóstico superior al 40% y su expansión se vincula a factores de riesgo como la diabetes y la enfermedad cardiovascular (que originan el 40% de los casos), además de la obesidad, la hipertensión arterial o el consumo de tabaco, elementos que en gran medida podrían evitarse o controlarse.
“Tenemos muy claros los grupos de riesgo de la ERC y debemos actuar sobre ellos, mediante la detección precoz y su tratamiento en los primeros estadios de la enfermedad como estrategia para disminuir su progresión”, afirma Sánchez, que defiende igualmente reforzar la prevención primaria, centrada en promover un estilo de vida saludable, el abandono del tabaco, el control del exceso de peso y la práctica regular de ejercicio físico.