Apoyo social y cohesión familiar marcan la calidad de vida en familias con hijos con TEA, según un estudio reciente

Un metaanálisis revela que el apoyo social, la cohesión familiar y la estabilidad económica son claves en la calidad de vida de familias con hijos con TEA.

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Los recursos psicosociales, entre ellos la cohesión dentro del hogar, la disponibilidad de redes de apoyo y la estabilidad económica, resultan determinantes en la calidad de vida de las familias con hijos con trastorno del espectro autista (TEA). Así lo concluye una investigación realizada por los expertos de la Universidad de Villanueva, Ana Muiño y Alejandro Arrilaga, junto con Guido Corradi, del Grupo de Investigación Beatles de la Universidad de las Islas Baleares.

Este metaanálisis, difundido en 2026 en la revista “Clinical and Health”, pone de manifiesto además que la calidad de vida familiar tiende a mejorar a medida que el hijo o la hija crece. Esta correlación positiva moderada se asocia a una mayor adaptación emocional del entorno familiar y al aprovechamiento progresivo de las intervenciones recibidas a lo largo del tiempo.

Respecto al vínculo entre la gravedad de los síntomas del TEA y la calidad de vida familiar, el trabajo no ha identificado una relación concluyente. En esta línea, se ha constatado que el estilo de afrontamiento y las estrategias para manejar el estrés desarrolladas por la familia tienen un peso muy significativo. Los autores insisten, por tanto, en la necesidad de considerar tanto las características del trastorno como los recursos psicosociales disponibles en el núcleo familiar.

Con el objetivo de orientar mejor a las familias y favorecer un mayor bienestar emocional y social, el estudio resalta que la experiencia es una “dinámica clave” para diseñar y ajustar las intervenciones. No obstante, la investigación también destaca la notable heterogeneidad de los resultados, de modo que las trayectorias y vivencias individuales “pueden variar de una persona a otra”.

Para elaborar el metaanálisis, los investigadores revisaron 15 artículos científicos aplicando los criterios PRISMA. Subrayan que hasta 2024 no se había examinado de forma conjunta el papel de variables como la edad, la gravedad de los síntomas y su impacto en la calidad de vida de la familia. Por este motivo, remarcan la necesidad de continuar profundizando en estas cuestiones y de seguir abordando la calidad de vida y el resto de factores analizados como “variables fundamentales” para el bienestar tanto de los menores como de sus cuidadores y de la sociedad en su conjunto.