La Asociación Española de Medicamentos Biosimilares (BioSim) prevé que el uso de medicamentos biosimilares permitirá liberar 2.836 millones de euros en el Sistema Nacional de Salud (SNS) en 2026, una cantidad que representa en torno al 10 por ciento del gasto farmacéutico público anual.
Así se recoge en su informe “Análisis de impacto presupuestario de los medicamentos biosimilares en el Sistema Nacional de Salud de España (2020-2030)”. El documento se apoya en datos oficiales de consumo del Ministerio de Sanidad e integra los precios efectivos tras los descuentos aplicados en los concursos públicos hospitalarios, con el fin de dibujar un escenario de compra ajustado a la realidad.
“Esta cifra equivale aproximadamente al 10 por ciento del gasto farmacéutico público anual, y no es solo ahorro; es capacidad de reinversión, acceso a innovación y sostenibilidad futura”, ha subrayado la directora general de BioSim, Encarna Cruz, quien ha recordado que “la AIReF, en su análisis del gasto farmacéutico hospitalario, señaló los biosimilares como la herramienta más potente de eficiencia en este ámbito y priorizó el fomento de su utilización entre las actuaciones a realizar”.
En este marco, la patronal detalla que en España hay actualmente 115 biosimilares autorizados, correspondientes a 23 principios activos. Entre ellos figuran moléculas esenciales en áreas terapéuticas clave como oncología, hematología, oftalmología y, de forma destacada, inmunología.
El cálculo de los ahorros parte de comparar el gasto que asumiría el SNS si solo se dispusiera de los biológicos originales, sin competidores, con la situación actual, en la que los biosimilares ya compiten y presionan a la baja los precios. Para ello, el estudio dirigido por Manuel García, catedrático de Economía de la Universidad Complutense de Madrid, realiza una proyección hasta 2030 con un crecimiento conservador del mercado y de la cuota de penetración de los biosimilares.
“Hablamos de una previsión prudente”, matiza Cruz, quien añade que “la cifra podría incrementarse con la llegada de nuevos biosimilares o con una mayor utilización de éstos”.
Inmunología, principal impulsor del ahorro
Según BioSim, las patologías inmunomediadas concentran el mayor margen de ahorro para el SNS. Adalimumab lidera la clasificación y supone casi un tercio del ahorro total estimado para 2026. A continuación se sitúa infliximab, “consolidado como uno de los pilares históricos del mercado biosimilar”, apunta la organización. En tercer lugar figura ustekinumab, una de las incorporaciones más recientes en este campo, que ya estaría generando un notable impacto presupuestario en enfermedades como la enfermedad de Crohn, la psoriasis o la artritis psoriásica.
También se pone el foco en la contribución al ahorro de lanzamientos recientes como ranibizumab (2023), natalizumab (2024), denosumab (2025) u omalizumab (2025). Este último, habitual entre los 20 medicamentos de mayor gasto hospitalario según el Ministerio de Sanidad, permitirá liberar más de 40 millones de euros a lo largo de este año. Una cuantía similar, de 45 millones de euros, se atribuye a los biosimilares de pertuzumab, indicado en cáncer de mama HER2 positivo, cuya comercialización el informe sitúa igualmente en este ejercicio.
Próximas llegadas y el “vacío biosimilar”
Aunque no se espera su desembarco inmediato, el “Horizon scanning” de BioSim identifica futuras incorporaciones en oncología. En concreto, los biosimilares de pembrolizumab y nivolumab entrarían en el mercado europeo hacia finales de la presente década.
No obstante, Cruz alerta sobre el denominado “vacío biosimilar”, dado que solo alrededor del 30 por ciento de las moléculas biológicas que pierden la patente suscitan interés entre los desarrolladores. “El marco regulatorio y de incentivos es determinante para que exista competencia. Sin previsibilidad, la inversión se retrae”, advierte.
En este escenario, BioSim remarca que la futura Biotech Act europea, diseñada para reforzar la competitividad del sector biotecnológico en la UE, puede ser una palanca para consolidar la base industrial y la autonomía estratégica. Sin embargo, advierte de que una eventual ampliación de los periodos de protección podría demorar la entrada de biosimilares y, por tanto, retrasar los ahorros para los sistemas sanitarios.
“Cada año de retraso en la entrada de un biosimilar supone cientos de millones de euros que el sistema deja de liberar para otras necesidades asistenciales. Europa debe encontrar un equilibrio entre incentivar la innovación y no comprometer la competencia futura. Apostar por la vinculación de ahorros liberados por los biosimilares en adquisición de medicamentos innovadores puede ser una forma de seguir alimentando un círculo virtuoso del que todos nos beneficiamos”, concluye Cruz.