Casi el 30 por ciento de las personas mayores de 65 años en España consume de manera continuada a lo largo del año cinco o más medicamentos, aunque la proporción de población polimedicada aumenta claramente con la edad y alcanza al 44 por ciento de quienes tienen entre 85 y 94 años, según el informe sobre la “Utilización de fármacos crónicos en personas polimedicadas”, difundido este miércoles por el Ministerio de Sanidad.
El análisis, elaborado a partir de la Base de Datos Clínicos de Atención Primaria (BDCAP) correspondiente a 2023, indica que, por sexos, las mujeres presentan una prevalencia de polimedicación más elevada (30,9%) que los hombres (28,3%), una brecha que se agranda en los grupos de mayor edad.
Además, entre las mujeres se observa un mayor uso de medicamentos vinculados a patología ósea, trastornos de tiroides, psicofármacos, analgésicos y AINES. En contraste, en los hombres es más frecuente la utilización de fármacos urológicos, cardiovasculares, antidiabéticos y broncodilatadores.
La frecuencia de los problemas de salud asociados a la prescripción de fármacos crónicos resulta superior en las personas polimedicadas respecto a las no polimedicadas en todos los tramos de edad. Destacan la insuficiencia cardiaca, con una presencia siete veces mayor, la cardiopatía isquémica (casi cinco veces más), la enfermedad cerebrovascular y la insuficiencia renal crónica (en torno a cuatro veces más), así como la diabetes mellitus (tres veces más).
El documento también constata una relación directa entre el envejecimiento y el consumo de determinados medicamentos: los antidemencia se prescriben hasta 4,5 veces más en quienes superan los 95 años que en el grupo de 65 a 74. Un patrón similar se aprecia con diuréticos, antianémicos y anticoagulantes. Por el contrario, el empleo de AINES, insulinas y estatinas se reduce de forma notable a medida que avanza la edad.
Sanidad subraya que “estos hallazgos refuerzan la necesidad de avanzar en estrategias de uso racional del medicamento en personas mayores, integrando el enfoque de género y edad”. La detección de pautas de prescripción no justificadas por la morbilidad real “permite planificar intervenciones más eficaces, centradas en la seguridad del paciente, la prevención de interacciones y la mejora de la calidad de vida en las etapas más avanzad”, añade.
Más medicamentos, pese a una prevalencia menor de algunas patologías
El informe destaca que un grupo de medicamentos presenta tasas de uso superiores a la prevalencia de los problemas de salud para los que están indicados. En este apartado se incluyen los fármacos antiúlcera péptica, los hipolipemiantes, la vitamina D, los analgésicos, los antidepresivos y los ansiolíticos.
En cambio, otros tratamientos, como los dirigidos a patologías relacionadas con demencia, la terapia tiroidea, el abordaje de la osteoporosis, los suplementos de calcio o los AINEs, muestran un consumo inferior al esperado según la frecuencia de estas enfermedades. Por su parte, los antianémicos, antiglaucoma, fármacos para la hipertrofia prostática, antivertiginosos y antidiabéticos presentan una prescripción alineada con las prevalencias de los trastornos a los que se destinan.
Respecto a los medicamentos del ámbito cardiovascular (antihipertensivos, anticoagulantes, antiagregantes), “en gran parte utilizados con intención preventiva, es difícil de interpretar, dada la variabilidad de sus indicaciones”, señala el informe, que apunta a la complejidad de evaluar si su uso se ajusta exactamente a la carga real de enfermedad.