Científicos analizan la microbiota como posible biomarcador en cáncer

La microbiota intestinal se perfila como posible biomarcador en cáncer y la dieta emerge como clave para modularla durante el tratamiento oncológico.

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La oncóloga Elvira Buxó, especialista del Instituto de Oncología IOB en el Hospital Quirónsalud Barcelona, ha resaltado que la comunidad científica investiga determinados patrones de la microbiota como potenciales biomarcadores para estimar el riesgo de desarrollar una enfermedad oncológica o anticipar la respuesta a terapias concretas.

“Por ahora, no se usan de forma rutinaria para diagnosticar cáncer, aunque podrían ayudar en el futuro a identificar riesgo o respuesta a tratamiento”, ha afirmado la experta, que ha señalado los avances logrados en el conocimiento de los microorganismos que pueblan el sistema digestivo.

“Durante años se han considerado pasivos, pero hoy sabemos que influyen en la digestión, el sistema inmunitario y la inflamación, lo que ha despertado un gran interés científico en su relación con el cáncer”, ha explicado, precisando que, en lo referente a la enfermedad oncológica, hay bacterias que ejercen un papel protector y otras que favorecen un entorno más propicio para el crecimiento tumoral.

En esta línea, ha recalcado que se trata de un área de investigación “muy activo”, que por ahora confirma la asociación entre microbiota y tumores del tubo digestivo, como los de colon o estómago, y pone de relieve su impacto en la respuesta a terapias oncológicas en otros tipos de cáncer, como pulmón o melanoma, especialmente en el contexto de la inmunoterapia.

El papel de la dieta en la microbiota y el cáncer

La dietista nutricionista Adriana Alcaraz, especializada en nutrición oncológica en el IOB, ha subrayado la relevancia del intestino y su microbiota a lo largo del proceso oncológico, dado que participan en la regulación del sistema inmunitario, el control de la inflamación, el metabolismo y el mantenimiento de la barrera intestinal.

Alcaraz ha aludido a la evidencia disponible sobre el papel de la microbiota en la generación de metabolitos beneficiosos, como los ácidos grasos de cadena corta, que ayudan a conservar un entorno intestinal más estable. Aun así, ha matizado que todavía no es posible asegurar que “mejorar la microbiota” por sí solo incremente la supervivencia o la eficacia de los tratamientos en todos los pacientes.

“Lo que sí es consistente es que la dieta es el factor modificable más potente para favorecer una microbiota diversa y funcional, y esto encaja con un objetivo clínico fundamental en oncología: llegar al tratamiento con el mejor estado nutricional y físico posible”, ha afirmado.

A la hora de diseñar la alimentación, ha indicado que la prioridad debe ser cubrir adecuadamente las necesidades de energía, proteínas y micronutrientes mediante una dieta de calidad, que dé protagonismo a los alimentos frescos y mínimamente procesados, y limite aquellos ricos en azúcares simples.

En coherencia con este enfoque, ha insistido en reducir de forma clara el consumo de ultraprocesados, productos con largas listas de ingredientes, abundantes en azúcares simples, harinas refinadas, grasas de baja calidad y aditivos, que desplazan alimentos densos en nutrientes y se relacionan con un peor perfil metabólico e inflamatorio.

Tras superar un cáncer, ambas especialistas coinciden en la importancia de seguir prestando atención a la microbiota. Según la doctora Buxó, “no hay evidencia para asegurar que evite recaídas, pero una microbiota equilibrada se asocia a hábitos saludables. Cuidarla forma parte de una estrategia global de salud, junto al cribado, el ejercicio y una alimentación adecuada”.