CONFAE exige en el Congreso una ley que blinde a los alumnos con síndrome de Asperger frente al acoso escolar

CONFAE reclama en el Congreso una ley orgánica urgente para frenar el acoso escolar al alumnado con síndrome de Asperger y reconocer la discapacidad psicosocial.

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Imagen de recurso de alumnos en un aula mientras se imparte clase. EUROPA PRESS

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La Confederación Asperger España (CONFAE) ha reclamado ante el Congreso de los Diputados la tramitación urgente de una ley orgánica específica que proteja al alumnado con autismo de nivel 1, tradicionalmente denominado síndrome de Asperger, frente al acoso escolar. La entidad sustenta su petición en un estudio propio que revela que el 71 por ciento de estos estudiantes sufre situaciones de violencia o hostigamiento en el entorno educativo.

Durante una jornada celebrada en la Cámara Baja con motivo del Día Internacional del Síndrome de Asperger, que se conmemora cada 18 de febrero, el presidente de CONFAE, Rafael Jorreto, ha advertido de las graves consecuencias de esta falta de protección institucional.

“El sufrimiento continuado de esta desprotección es devastador. Las personas en el espectro autista sin discapacidad intelectual enfrentan cifras de suicidio muy superiores a las de la población general que reflejan un dolor profundo, persistente y sistemáticamente infravalorado, desmontando definitivamente la falsa idea de levedad asociada al Asperger”, ha señalado Jorreto ante diputados y representantes de organizaciones sociales.

El responsable de CONFAE ha aludido a un trabajo de investigación de la Federación Asperger Andalucía, realizado con casi 400 estudiantes de entre 10 y 19 años con diagnóstico oficial de autismo de nivel 1, que concluye que el 71 por ciento padece acoso escolar. A juicio de la confederación, este dato evidencia que los protocolos actuales no están funcionando como deberían.

Según ha denunciado, las medidas vigentes se orientan más a salvaguardar a los centros y a la Administración que a asegurar la integridad y el bienestar del alumnado afectado. “Más de siete de cada diez menores Asperger soportan acoso y hostilidad en entornos educativos que no les protegen”, ha recalcado.

Jorreto ha lamentado, además, que “nadie piensa” en las dificultades cotidianas que afrontan quienes tienen un modo de procesar la información distinto al mayoritario. Ha subrayado que, mientras las discapacidades visibles suelen despertar comprensión y apoyo social, las personas con Asperger se topan con frecuencia con “incomprensión, marginación, desprecio y acoso escolar”.

En el acto también ha intervenido la presidenta del Congreso de los Diputados, Francina Armengol, quien ha defendido la necesidad de que las instituciones impulsen políticas públicas transversales que incorporen la perspectiva de la discapacidad psicosocial y promuevan ajustes razonables en los centros educativos.

Armengol ha agradecido la labor de las entidades del sector y ha subrayado el carácter obligatorio de la inclusión en una democracia avanzada. “Gracias por recordarnos que la inclusión no es un gesto de generosidad, sino una obligación democrática. Y quiero agradecer otra vez el empuje y el conocimiento de todas las organizaciones sociales que luchan cada día por los derechos de los más vulnerables. Construir un país más justo, más humano y más solidario es una tarea colectiva y estas jornadas son un paso importante en este camino”, ha indicado.

Reconocimiento de la discapacidad psicosocial

En este contexto, CONFAE ha reclamado que se reconozca formalmente la discapacidad psicosocial como un “paso crucial” para comprender y abordar las barreras que encuentran las personas dentro del espectro autista en su vida diaria.

“Este reconocimiento no solo visibiliza el sufrimiento y la ansiedad resultado de vivir en un entorno que no contempla la diversidad neurológica, sino que también promueve la empatía y la inclusión. Por ello, reconocer la discapacidad psicosocial no es una concesión, sino una condición imprescindible para garantizar igualdad de oportunidades y una ciudadanía plena”, ha afirmado Jorreto.

El presidente de la confederación ha explicado que el síndrome de Asperger no implica discapacidad intelectual ni del lenguaje, pero “su procesamiento neurodivergente impacta en la interacción social, la comunicación pragmática, la regulación emocional y la sensibilidad sensorial, creando unas barreras que derivan en un tipo específico de discapacidad”.

CONFAE ha advertido igualmente de que la exclusión no se limita a la etapa académica. Pese a contar con formación y competencias, el 84 por ciento de las personas Asperger se encuentra en situación de desempleo. Según Jorreto, “quienes acceden al empleo se enfrentan con frecuencia a entornos hostiles, falta de comprensión, ausencia de ajustes razonables y acoso laboral, con un grave impacto en su salud mental y su autonomía”.

En esta línea, la organización ha reclamado una norma de ámbito estatal que garantice derechos efectivos tanto en el sistema educativo como en el mercado laboral. “Exigimos una ley orgánica estatal que la garantice el derecho real y efectivo a adaptaciones razonables tanto en la educación como en el puesto de trabajo y el derecho a la asistencia personal en el trato con las administraciones para garantizar el pleno ejercicio de la ciudadanía de las personas Asperger”, ha pedido el presidente de CONFAE.

El 70% de las mujeres sigue sin diagnóstico

La psiquiatra Rafaela Caballero ha puesto el foco en la situación del alumnado con síndrome de Asperger a lo largo de su trayectoria escolar. Ha apuntado que, en Educación Primaria, la mayoría dispone de profesionales formados que facilitan su adaptación, pero este apoyo suele diluirse al llegar a la Educación Secundaria.

“La vida social, a partir de los 12 o 13 años, se convierte en una sucesión de malentendidos y agotamiento. Es un agotamiento autístico, porque no entienden el mundo social. En los varones, la capacidad de camuflaje suele ser menor; en cambio, en las mujeres con TEA, que tienen mayor deseo de relación social y mejor capacidad de imitación, ese camuflaje retrasa el diagnóstico”, ha manifestado Caballero.

La especialista ha incidido en que, debido a esta elevada capacidad de camuflaje, se estima que el 70 por ciento de las mujeres en el espectro no está diagnosticado. “El camuflaje agrava la infravaloración, porque cuanto mejor aparentan, menos apoyo reciben”, ha sostenido.

Caballero ha advertido de que la demora en la identificación del trastorno tiene consecuencias clínicas importantes, como la aparición de ansiedad, depresión, trastornos de la conducta alimentaria o trastorno límite de la personalidad. “Sin llegar al diagnóstico real hasta la edad adulta, cuando la capacidad de recuperación es menor”, ha añadido.