El empleo continuado de corticoides, la presencia de patologías inflamatorias crónicas y el antecedente de fracturas por fragilidad son factores "determinantes" para que se desarrolle la osteoporosis, tal y como explica la reumatóloga del Hospital Universitario de La Plana (Castellón), Montserrat Robustillo.
Esta patología, que durante años se ha vinculado sobre todo a mayores de 65 años, empieza a abordarse "de forma cada vez más temprana" gracias a la detección precoz de los factores de riesgo y a una mayor sensibilización entre los profesionales. Aunque no se observa un incremento "significativo" de diagnósticos en edades jóvenes, sí se está identificando mejor la enfermedad en pacientes más jóvenes con riesgo elevado.
"Más que aparecer antes, se está detectando mejor la osteoporosis en quienes lo necesitan. Una persona que ya ha sufrido una fractura por fragilidad se considera de alto o muy alto riesgo osteoporótico", ha detallado la especialista.
Robustillo, que ha intervenido en el XXV Curso de la Sociedad Española de Reumatología (SER) de Tutores y Residentes, celebrado en Alicante los días 10 y 11 de abril con la colaboración de la biofarmacéutica UCB y la biotecnológica Amgen, ha resaltado que en los últimos años el diagnóstico de la osteoporosis ha dado un giro importante, "pasando de un enfoque reactivo a uno claramente preventivo".
Si antes se asumía la fractura como punto de partida para actuar, en la actualidad los reumatólogos intentan "adelantarse" poniendo el foco en los factores de riesgo osteoporótico. Las guías clínicas vigentes permiten combinar los datos clínicos del paciente con pruebas como la densitometría ósea para estimar el riesgo de forma más temprana.
En presencia de factores de riesgo asociados a la osteoporosis, se aconseja solicitar una densitometría. Robustillo incide en que la edad no constituye el "único criterio determinante" y que es necesario "individualizar" cada situación.
A pesar de ello, la estratificación del riesgo osteoporótico se apoya en un abordaje "integral" que supera la mera realización de una prueba diagnóstica. "No nos basamos en una sola herramienta. Integramos los factores clínicos del paciente, utilizamos herramientas como la calculadora FRAX y recurrimos a pruebas de imagen como la densitometría ósea. Además, se tiene en cuenta si ya se ha tenido una fractura previa", ha sostenido.
Con este modelo, se puede situar a cada paciente en diferentes escalones de riesgo —moderado, alto o muy alto— y ajustar las opciones terapéuticas con la finalidad de "prevenir fracturas y manejar mejor" una patología que sigue siendo "una de las principales causas de discapacidad en la población envejecida".
INTERVENIR DE FORMA MÁS RÁPIDA Y EFICAZ
Dentro de los progresos recientes en el manejo de la osteoporosis, la especialista destaca la capacidad para afinar la identificación del riesgo más allá de la densitometría, el impulso de las unidades de coordinación de fracturas (FLS), que facilitan actuar de manera más ágil y efectiva tras una fractura, y la llegada de terapias más potentes junto con propuestas terapéuticas cada vez más personalizadas.
Durante el curso, también se ha puesto el foco en la evolución de la formación de los residentes. La reumatóloga del Hospital Universitari de la Santa Creu i Sant Pau (Barcelona), Ana Laiz, ha subrayado que este avance está "directamente relacionado" con la expansión constante de la especialidad, favorecida por el desarrollo de nuevas pruebas complementarias, la actualización continua derivada de la aparición de nuevos fármacos y la incorporación de técnicas innovadoras.
Laiz ha apuntado, además, que las nuevas herramientas de inteligencia artificial, tanto las ya disponibles como las que están por venir, generan cierta incertidumbre social y tienen un "impacto en la práctica clínica y en los procesos formativos".
En esta línea, la reumatóloga del Complejo Asistencial Universitario de León, Clara Moriano Moriano, ha recalcado que los reumatólogos "deben formarse en una especialidad amplia y compleja" y que necesitan una actualización permanente debido a la rapidez con la que avanza el conocimiento científico y las opciones terapéuticas.
Por otro lado, ambas especialistas han remarcado la transformación del rol del tutor o tutora en un escenario marcado por el relevo generacional y por la diversidad de expectativas y valores entre los residentes.
"Actualmente, el tutor actúa como mentor, guía profesional y apoyo emocional del residente. También debe fomentar el pensamiento crítico, la investigación y el desarrollo de competencias transversales", ha concluido Moriano.