El acondicionamiento isquémico remoto (RIC, por sus siglas en inglés) es un procedimiento sencillo y no farmacológico que ha probado su utilidad en modelos experimentales para resguardar el corazón durante el tratamiento oncológico con antraciclinas, sin mermar su eficacia, según detalla un estudio en el que participa el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC).
Los progresos en las terapias contra el cáncer han permitido que un número creciente de pacientes logre superar la enfermedad. No obstante, algunos de los fármacos más efectivos, como las antraciclinas, pueden ocasionar importantes efectos adversos sobre el corazón, que a menudo aparecen meses o incluso años después de finalizar la quimioterapia y repercuten de forma notable en la calidad de vida.
El trabajo, difundido en la revista 'Basic Research in Cardiology', aporta nueva evidencia para abordar este desafío, profundizando en el potencial del acondicionamiento isquémico remoto, que ya ha mostrado un “sólido potencial” cardioprotector en estudios preclínicos y se encuentra en fase de evaluación en ensayos clínicos.
La técnica consiste en provocar, de forma controlada, breves periodos de interrupción del flujo sanguíneo en una extremidad, habitualmente mediante un manguito de presión similar al que se utiliza para medir la tensión arterial. Este estímulo desencadena mecanismos de defensa en el organismo que permiten al corazón soportar mejor agresiones posteriores, como las derivadas de determinados tratamientos oncológicos.
En el estudio, los científicos trabajaron con ratones portadores de tumores tratados con antraciclinas, recreando así una situación equiparable a la de los pacientes oncológicos. Los datos obtenidos indican que los animales sometidos al acondicionamiento isquémico remoto preservaron una función cardíaca más favorable durante la administración de la quimioterapia.
Además, y de forma especialmente relevante, este beneficio cardioprotector no se relacionó con un incremento del crecimiento tumoral ni con una pérdida de la eficacia antineoplásica del tratamiento.
Hacia tratamientos oncológicos más seguros
La primera autora del estudio, Anabel Díaz-Guerra, investigadora predoctoral del CNIC financiada por la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC), ha destacado la importancia de estos hallazgos para avanzar hacia terapias oncológicas más seguras.
En la misma línea, la codirectora de la tesis de Díaz-Guerra y miembro sénior del equipo investigador del CNIC, Laura Cádiz, ha remarcado que se abren “nuevas vías” para mejorar la calidad de vida de los pacientes durante y después del tratamiento.
Estos resultados encajan con la orientación traslacional del grupo que dirige el director científico del CNIC, Borja Ibáñez, quien coordina actualmente el ensayo clínico europeo 'Resilience'. Este estudio analiza si el acondicionamiento isquémico remoto es capaz de proteger el corazón de pacientes con cáncer tratados con antraciclinas, con la finalidad de disminuir las complicaciones cardiovasculares a largo plazo.
A través del Programa de Homeostasis Miocárdica y Daño Cardiaco, el CNIC investiga la toxicidad cardiovascular asociada a los tratamientos contra el cáncer, en especial el daño inducido por antraciclinas, con el objetivo de impulsar terapias eficaces y, al mismo tiempo, seguras.
El grupo de Ibáñez lidera iniciativas europeas como ERC-Consolidator 'Matrix' y Horizon2020-HEALTH “Resilience”, en colaboración con el Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz y el área de Enfermedades Cardiovasculares del Centro de Investigación Biomédica en Red (CIBERCV), con la meta de reducir la insuficiencia cardíaca en personas que han sobrevivido a un cáncer.