Descubren un biomarcador clave para afinar el pronóstico en una grave insuficiencia cardiaca

Un nuevo biomarcador permite predecir mejor el riesgo en la amiloidosis cardiaca por transtiretina y abre la puerta a un manejo más individualizado.

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Un grupo de especialistas del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares Carlos III (CNIC) y del Hospital Puerta de Hierro de Madrid, junto con investigadores del Hospital Germans Trias i Pujol de Barcelona, ha identificado un biomarcador capaz de mejorar la predicción del riesgo en pacientes con amiloidosis cardiaca por transtiretina (ATTR-CM), una patología progresiva y con alta mortalidad.

El estudio, dirigido por el doctor Pablo García-Pavía, del CNIC, cardiólogo del Hospital Universitario Puerta de Hierro (Madrid) y miembro del CIBER de Enfermedades Cardiovasculares (CIBERCV), demuestra que las concentraciones elevadas de MR-proADM (mid-regional pro-adrenomedullin), ya conocido como marcador de gravedad en múltiples enfermedades como la sepsis, se relacionan con una mayor severidad y un peor desenlace clínico, lo que permite identificar con mayor precisión a los pacientes con más riesgo.

La amiloidosis cardiaca por transtiretina es una enfermedad en la que se acumula proteína amiloide en el corazón. Este depósito engrosa y endurece las paredes cardiacas y provoca retención de líquidos, cansancio intenso y arritmias, motivo por el que también se conoce como síndrome del corazón rígido. Cuando la afectación cardíaca progresa, deriva en insuficiencia cardiaca y, finalmente, en la muerte.

Los expertos recuerdan que puede deberse a una alteración genética o estar vinculada al envejecimiento. Su pronóstico es desfavorable, con una supervivencia media sin tratamiento de sólo 3 años. Pese a la aparición de nuevas terapias en los últimos años, anticipar la evolución individual de cada paciente continúa siendo uno de los grandes retos clínicos.

“Uno de los grandes desafíos en esta enfermedad es saber qué pacientes van a evolucionar peor. Nuestros resultados indican que este biomarcador puede ayudarnos a identificar a los pacientes con mayor riesgo de eventos y mortalidad”, explica Pablo García-Pavía, líder del grupo de Miocardiopatías Hereditarias del CNIC.

En el trabajo se incluyeron pacientes con diagnóstico de amiloidosis cardiaca por transtiretina atendidos en el Hospital Universitario Puerta de Hierro Majadahonda y en el Hospital Universitari Germans Trias i Pujol (Barcelona). Posteriormente, los hallazgos se corroboraron en dos cohortes externas independientes: una internacional con 210 pacientes de diversos centros de Estados Unidos y otra con 416 pacientes procedentes del ensayo clínico ATTR-ACT.

Los resultados muestran que MR-proADM ofrece información complementaria a la de los marcadores clínicos habituales, aumentando la capacidad para anticipar complicaciones. “Disponer de herramientas que nos permitan afinar el pronóstico es fundamental para adaptar el seguimiento y el tratamiento a cada paciente”, añade Belén Peiró, primera firmante del trabajo.

La posible incorporación de este biomarcador a la práctica clínica podría traducirse en una mejor detección de los pacientes de alto riesgo, un control más estrecho según la evolución de la enfermedad y decisiones terapéuticas más ajustadas.

El trabajo, concluye García-Pavía, refuerza el valor de los biomarcadores emergentes para optimizar el abordaje de enfermedades cardiovasculares complejas y avanzar hacia una medicina más personalizada.