Descubren un papel clave de un gen en la formación de la placenta que ayudaría a explicar una grave complicación del embarazo

Un estudio internacional revela el papel del gen BAP1 en la formación de la placenta y su relación con la preeclampsia precoz, una grave complicación del embarazo.

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Imagen de recurso de una mujer embarazada. David Zorrakino - Europa Press

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Un consorcio internacional de científicos ha descrito un mecanismo molecular implicado en la preeclampsia precoz, una seria complicación del embarazo que pone en peligro la salud de la madre y del feto y que, en los cuadros más graves, obliga a interrumpir la gestación antes de la semana 34.

El estudio, difundido en la revista “Cell Death and Disease”, ha sido coordinado desde el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa, dependiente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Universidad Autónoma de Madrid (UAM). En el trabajo también han participado especialistas de la University of Melbourne (Australia) y del Hospital Clínic-Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona (BCNatal).

Tal y como recuerdan los investigadores, la placenta es el órgano que une a la madre con el feto durante la gestación y hace posible el intercambio de oxígeno, nutrientes y hormonas imprescindibles para el desarrollo del bebé. Cuando este órgano no se forma de manera adecuada, pueden desencadenarse complicaciones severas como la preeclampsia, que compromete tanto la salud materna como la fetal. Se calcula que afecta aproximadamente al 5-10 por ciento de los embarazos y, pese a su impacto, los procesos biológicos que la originan siguen sin estar completamente esclarecidos.

En este escenario se sitúa el trabajo dirigido por el doctor Vicente Pérez, del CBM-CSIC-UAM y del Centro de Investigación Príncipe Felipe. A partir de modelos celulares y organoides que recrean las primeras fases del desarrollo placentario, el equipo ha detectado un incremento anómalo de la proteína BAP1, necesaria al inicio de la formación de la placenta, que altera la construcción normal de la interfaz materno-fetal esencial para un desarrollo embrionario adecuado. Esta disfunción observada “in vitro” reproduce rasgos moleculares de casos de preeclampsia precoz y aporta nuevas pistas sobre los procesos que dan lugar a esta patología.

Los resultados confirman que el gen BAP1, que regula la actividad de otros genes, tiene un papel decisivo en la maduración de las células embrionarias que originarán la placenta. Su misión es facilitar la transición desde un estado inicial poco maduro hasta un estado especializado capaz de asumir las funciones clave de este órgano.

“BAP1 mantiene a las células de la placenta en un estado poco diferenciado. Para que puedan especializarse y formar correctamente la placenta, sus niveles deben disminuir. Cuando este proceso falla y BAP1 se mantiene en niveles elevados, las células no completan su programa normal de desarrollo”, ha explicado el investigador del CBM-CSIC-UAM Vicente Pérez, autor principal del estudio.

Es clave mantener a raya los niveles de BAP1

Para profundizar en este fenómeno, el grupo utilizó modelos basados en células madre humanas y organoides tridimensionales que reproducen etapas muy tempranas de la formación de la placenta. Los ensayos evidenciaron que un exceso de BAP1 bloquea la correcta especialización de las células y provoca alteraciones vinculadas a procesos inflamatorios y de respuesta inmune, rasgos que también se identifican en placentas de mujeres con preeclampsia precoz.

“Estos cambios son parecidos a los que vemos en mujeres con preeclampsia precoz, como la menor capacidad de la placenta para invadir el útero o problemas en la capa encargada del intercambio materno-fetal”, señala la investigadora del CIPF Paula Doria-Borrell, primera autora del trabajo.

“Nuestros resultados indican que un control preciso de BAP1 es esencial para que las células de la placenta puedan especializarse correctamente. Cuando ese equilibrio se pierde, el desarrollo placentario se ve comprometido”, ha añadido.

El equipo también identificó una firma genética cuya actividad se modifica cuando BAP1 está desregulado. Esta combinación de marcadores permite discriminar con precisión muestras de preeclampsia precoz en distintos análisis y podría servir en el futuro para profundizar en el origen de la enfermedad.

Aunque la investigación se encuentra todavía en una fase básica, los autores destacan la importancia del avance. “Comprender cómo se regulan los procesos de especialización celular en la placenta es clave para entender el origen de muchas de sus enfermedades”, resalta Pérez. “Nuestros resultados indican que BAP1 desempeña un papel importante y que su desajuste podría contribuir a la preeclampsia precoz” concluye.