Detectan inflamación en fases iniciales de la retinopatía diabética antes de que haya daños visibles en el ojo

Un estudio identifica firmas inflamatorias en el humor acuoso que anticipan la retinopatía diabética antes de que haya lesiones visibles en la retina.

4 minutos

Publicado

4 minutos

Un estudio reciente revela que la retinopatía diabética, una de las principales causas de pérdida de visión en personas con diabetes, muestra desde etapas muy tempranas claros indicios de inflamación y daño vascular, incluso cuando todavía no se observan alteraciones visibles en el fondo de ojo.

El trabajo, coordinado por especialistas de la Unidad de Investigación Oftalmológica “Santiago Grisolía” de FISABIO y respaldado por la Red de Enfermedades Inflamatorias (RICORS-REI), ha analizado el humor acuoso, el líquido transparente que se localiza en la parte anterior del globo ocular. En este fluido se ha comprobado que los pacientes con retinopatía diabética en fases iniciales presentan concentraciones más elevadas de moléculas vinculadas a inflamación crónica y disfunción de los vasos sanguíneos que los diabéticos sin retinopatía y los sujetos sanos de control.

Estos cambios a nivel molecular aparecen cuando aún no existe ningún signo clínico en la exploración del fondo de ojo, lo que sugiere que la patología comienza a evolucionar de forma silenciosa mucho antes de que se aprecien las lesiones retinianas propias de estadios más avanzados. Este hallazgo abre la posibilidad de que dichas moléculas se utilicen como biomarcadores con fines diagnósticos y de prevención.

La investigación se ha difundido recientemente en la revista “International Journal of Molecular Science” con el título “Exploring Molecular Signatures Associated with Inflammation and Angiogenesis in the Aqueous Humor of Patients with Non-Proliferative Diabetic Retinopathy”.

Entre los biomarcadores descritos destacan varias interleucinas (IL), como la IL-1B y la IL-6, proteínas que actúan como mediadores del sistema inmunitario y que se relacionan con procesos de inflamación de carácter crónico.

Asimismo, se han observado niveles incrementados de VEGF (vascular endothelial growth factor o factor de crecimiento del endotelio vascular), una molécula clave en la angiogénesis, es decir, en la formación anómala de nuevos vasos sanguíneos; de GM-CSF (granulocyte-macrophage colony-stimulating factor o factor de estimulación de colonias de granulocitos y macrófagos), que activa distintos tipos de células inmunes, y de varias quimiocinas que reclutan células inflamatorias, como MCP-1 o IP-10. La mayor presencia de estos mediadores indica que, incluso en las primeras fases, existe una respuesta inflamatoria localizada dentro del ojo.

Los datos obtenidos apuntan a que este patrón molecular, definido como firma inflamatoria y angiogénica, podría tener un valor elevado como herramienta de diagnóstico temprano y de estratificación del riesgo, al permitir identificar a los pacientes con mayor probabilidad de progresión antes de que se formen lesiones visibles en la retina. Además, abre la vía al diseño de nuevas terapias dirigidas de forma específica contra estas moléculas, con el fin de frenar el deterioro vascular y proteger la visión de las personas con diabetes.

Una de las autoras del trabajo, Maria Dolores Pinazo, catedrática de Oftalmología de la Universidad de Valencia, directora de la Unidad de Investigación en Oftalmología de FISABIO y miembro de la Red de Enfermedades Inflamatorias, de la que es investigadora principal por el nodo de Valencia, subraya que este avance resulta muy relevante porque permite progresar en el diagnóstico molecular de la retinopatía diabética e incluso adaptar las intervenciones terapéuticas para prevenir la pérdida de visión en pacientes diabéticos.

La retinopatía diabética, más que un problema vascular

La retinopatía diabética es una complicación ocular asociada fundamentalmente a la diabetes mellitus tipo 2, una patología metabólica crónica caracterizada por niveles elevados de glucosa en sangre. Aparece cuando el exceso de glucosa va dañando de forma progresiva los capilares de la retina, el tejido fotosensible situado en la parte posterior del ojo. En sus primeras fases, denominadas retinopatía diabética no proliferativa (NPDR), la enfermedad puede avanzar sin síntomas y pasar desapercibida.

Los resultados del estudio refuerzan la hipótesis de que la retinopatía diabética no es únicamente un trastorno vascular, sino un proceso complejo en el que la inflamación tiene un papel determinante desde los inicios. Este entorno inflamatorio favorece el daño progresivo de la retina y la aparición de complicaciones que pueden comprometer de forma irreversible la capacidad visual.

Un aspecto destacado es que el humor acuoso puede extraerse de manera segura durante cirugías habituales, como la intervención de cataratas o de glaucoma. Esto permite plantear su uso como fuente de información biológica para detectar precozmente cambios relacionados con la enfermedad, valorar el riesgo de progresión y, a medio plazo, personalizar el seguimiento y el abordaje terapéutico de los pacientes con diabetes.

Además, el trabajo sugiere que los tratamientos actuales, centrados sobre todo en las fases preproliferantes moderadas o graves y en la etapa proliferante, dirigidos a frenar el crecimiento de neovasos, podrían en el futuro complementarse con terapias específicas contra la inflamación, especialmente en las fases iniciales, cuando todavía es posible evitar un daño mayor.

En conjunto, estos hallazgos respaldan un enfoque más preventivo y personalizado de la retinopatía diabética, con el objetivo de intervenir antes de que la enfermedad provoque una pérdida visual importante y mejorar así la calidad de vida de las personas con diabetes.