El 69% de mujeres con problemas de salud mental ve el estigma como una barrera clave en su vida, según un estudio

Un estudio revela que el estigma y el autoestigma condicionan la vida de muchas mujeres con problemas de salud mental y limitan su acceso a recursos.

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El 69 por ciento de las mujeres con problemas de salud mental señala el estigma como uno de los principales frenos para poder cubrir sus necesidades, una percepción que comparte el 83 por ciento de los profesionales consultados. Así se desprende del Estudio GEA, una investigación centrada en la gestión del empoderamiento y la accesibilidad a los derechos de mujeres y niñas con problemas de salud mental en España.

Coincidiendo con el Día Internacional de la Mujer, la Confederación Salud Mental España ha puesto en marcha una nueva edición de la campaña “#SaludMentalFeminista”. En esta ocasión, la iniciativa se centra en el estigma y el autoestigma que soportan las mujeres con problemas de salud mental, y reclama políticas públicas con enfoque de género, formación específica para el personal profesional y entornos institucionales libres de discriminación.

“El estigma se puede percibir en la desinformación, el miedo a lo desconocido, el rechazo cuando crees que a ti no te va a suceder nunca el pasar por un problema de salud mental”, afirma María Isabel García, representante de la Red Estatal de Mujeres de SALUD MENTAL ESPAÑA y socia de Salud Mental Euskadi.

El informe detalla que este estigma también se hace visible en el entorno más cercano, generando dinámicas de aislamiento social. Muchas mujeres sienten que no se las ve como figuras de apoyo debido a un supuesto “riesgo de inestabilidad”, lo que intensifica su sensación de exclusión.

El problema no se limita al ámbito social, sino que se reproduce en espacios institucionales. El Estudio GEA documenta conductas de infantilización, actitudes paternalistas, cuestionamiento del relato de las mujeres y diagnósticos condicionados por estereotipos de género, reforzando así la “doble estigmatización”: por ser mujeres y por tener un problema de salud mental.

Las mujeres con experiencia propia describen cómo se generan dinámicas que ponen en duda, desacreditan y trivializan sus malestares. También relatan situaciones en las que se cuestionan sus vivencias y se atribuye cualquier emoción, conducta o reacción a su “locura”.

Entre las consecuencias de este contexto, el informe recoge que el 31 por ciento de las mujeres con problemas de salud mental no utiliza recursos especializados por miedo al estigma o por haber sufrido discriminación previamente.

El cuestionamiento de la capacidad para ejercer la maternidad es una de las manifestaciones más habituales del estigma de género. Elisabet Lemos, representante de la Red Estatal de Mujeres de Salud Mental España y socia de la Federación Salud Mental Canarias, relata: “He sufrido estigma en varias etapas de mi vida, pero sobre todo en la parte de mujer y maternidad con un problema de salud mental, donde muchas veces nos juzgan como que no seremos capaces de ser buenas madres por tener un problema de salud mental”.

Por otro lado, Simonetta Rivolini, representante de la Red Estatal de Mujeres de Salud Mental España y socia de ATELSAM, denuncia que: “Los estigmas y autoestigmas en la justicia, la sanidad, las instituciones, actúan como una maquina trituradora, una apisonadora sobre las mujeres con problemas de salud mental. Revindicamos el derecho a espacios respetuosos”.

Cuando la presión externa se transforma en autoestigma

En este escenario, el Estudio GEA describe cómo surge el autocuestionamiento de la propia subjetividad. Según se detalla en la investigación, “escuchar a tu entorno, poner en duda el propio malestar, hace que una misma empiece a desconfiar de sus propias percepciones. Esto, lógicamente, impacta en su salud mental, reforzando este autoconcepto y autopercepción de 'locura'”.

El estudio indica que alrededor del 70 por ciento de las mujeres encuestadas se preocupa por la opinión que otras personas puedan tener sobre ellas. Además, un 60 por ciento se siente descontenta con su aspecto físico y un 55 por ciento se compara de forma constante con otras personas y se percibe como insuficiente. Casi la totalidad de los equipos profesionales participantes (96%) valora como baja o muy baja el área de autoestima y/o autoconcepto de las mujeres con las que trabajan.

Adela María Montaño, representante de la Red Estatal de Mujeres de Salud Mental España y socia de FEAFES Salud Mental Extremadura, resume el impacto diario de esta realidad: “En mi caso, el autoestigma está presente y de forma muy fuerte en mi día a día. No creo en mí, con lo cual es muy difícil vivir con calidad, ya que te niegas el derecho a disfrutar, simplemente porque no crees que te merezcas las cosas buenas que te pasan. Te niegas la alegría”.

Pese a todo, el informe también detecta fortalezas significativas. Alrededor del 55 por ciento de las mujeres dice apreciarse a sí misma, casi el 60 por ciento se siente preparada para afrontar nuevos retos, otro 60 por ciento tiene claros sus objetivos vitales y cerca del 80 por ciento considera que puede tomar decisiones por sí misma. Estos datos muestran el potencial de empoderamiento cuando cuentan con apoyos adecuados.