Una investigación de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en la que participa el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), centrada en el abordaje del melanoma acral, pone el foco en la carencia de estudios de genética del cáncer en poblaciones no europeas, especialmente de América Latina, África y Asia.
El melanoma, el tumor cutáneo más agresivo, no siempre está vinculado a la radiación solar. De hecho, en numerosos países de África, Asia y América Latina, el tipo más habitual es el melanoma acral, que no guarda relación con el sol. Sin embargo, este subtipo ha recibido poca atención científica porque supone una fracción muy reducida de los melanomas diagnosticados en personas de ascendencia europea.
Los autores calculan que apenas el 1 por ciento de las muestras incluidas en las grandes bases de datos internacionales, esenciales para desentrañar los genes implicados en el cáncer, su interacción con el entorno y el desarrollo de nuevos tratamientos, procede de individuos de origen latinoamericano.
“Más del 80% de las muestras en The Cancer Genome Atlas [un proyecto internacional de estudio genómico de 30 tipos de cáncer] se clasificaron como de ascendencia europea”, señalaba en un estudio anterior Carla Daniela Robles-Espinoza, autora principal del trabajo ahora publicado en “Nature”. El Pan-Cancer Analysis of Whole Genomes, otra colaboración internacional, contiene solo un 5 por ciento de muestras de ascendencia africana.
Según explicaba Robles-Espinoza el mencionado estudio del 2023, el 70 por ciento de las líneas celulares comúnmente utilizadas en investigación de cáncer son de ascendencia europea, “aunque esto va mejorando”, afirma la investigadora.
“Para aprender a tratar el cáncer en distintas poblaciones necesitamos estudiar genómicamente pacientes de ancestría y procedencia geográfica distintas”, explica Robles-Espinoza.
El cáncer surge y progresa por la combinación de factores genéticos, que difieren entre poblaciones, y de exposiciones ambientales, que también cambian según la región geográfica; por ello resulta clave que las bases de datos incluyan pacientes de orígenes diversos.
Su trabajo, igualmente difundido en “Nature”, subraya la escasa diversidad genética de los repositorios globales de muestras y “la relativa falta de estudios sobre melanoma acral”, el subtipo de melanoma más notificado en varios países de renta baja y media.
¿Qué han descubierto sobre el melanoma acral?
El melanoma acral, como el resto de melanomas, es un tumor de los melanocitos, las células responsables del pigmento que colorea la piel, los ojos y el cabello. No obstante, mientras el melanoma más común en Europa aparece en áreas expuestas al sol, como brazos y piernas, el acral se localiza en la planta de los pies, la palma de las manos y bajo las uñas, y no se relaciona con la radiación ultravioleta.
El estudio ha identificado alteraciones genéticas propias del melanoma acral. El equipo analizó melanomas de casi un centenar de pacientes mexicanos y determinó “los genes que estaban más frecuentemente mutados, y las regiones del genoma que presentaban alteraciones”, explica Robles-Espinoza.
Los resultados apuntan a que el melanoma acral podría originarse en distintos tipos de melanocitos y que, según ese origen, presentaría perfiles genéticos diferenciados. Observaron que los pacientes con ascendencia europea mostraban una mayor probabilidad de tener mutado el gen BRAF, un hallazgo relevante porque existen terapias dirigidas específicamente contra este gen. “Los demás pacientes tienen otras mutaciones, no se verían beneficiados de estas terapias, necesitarían de otras estrategias”, señala Robles-Espinoza.
En el trabajo participó también el Grupo de Genómica Digital del CNIO, que estudia los patrones de mutaciones que se generan en el ADN por determinados procesos moleculares y por exposiciones ambientales. En términos sencillos, cada agente carcinógeno —como el tabaco o la radiación solar— deja un conjunto característico de mutaciones, una especie de huella en el genoma del tumor.
Al examinar estas firmas mutacionales en las muestras mexicanas de melanoma acral, el equipo confirmó “que no tenían en su genoma rastros de exposición a luz solar. Las firmas mutacionales asociadas a luz solar son muy evidentes en melanomas cutáneos y en otros tumores en partes expuestas al sol, como el cáncer de labio”, explica Marcos Díaz Gay, jefe del grupo del CNIO.