El eje microbiota-intestino-cerebro explica la distinta respuesta a los agonistas GLP-1

El estado de la microbiota intestinal puede determinar la eficacia y los efectos secundarios de los agonistas GLP-1 en diabetes tipo 2 y obesidad.

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Los agonistas del receptor GLP-1 se han consolidado como uno de los tratamientos más eficaces frente a la diabetes tipo 2 y la obesidad. No obstante, su respuesta clínica y su tolerancia no son iguales en todos los pacientes, algo que podría estar muy condicionado por el eje microbiota-intestino-cerebro, tal y como detalla la doctora Mar Sánchez Somolinos, jefa de la Unidad de Microbiota de Neogenia.

En España, la prescripción de estos fármacos ha aumentado de forma muy notable en los últimos años. Una microbiota intestinal en equilibrio favorece la síntesis de ácidos grasos de cadena corta, que estimulan la secreción endógena de GLP-1 y refuerzan la acción del medicamento. Por el contrario, “una microbiota alterada puede incrementar la inflamación sistémica y empeorar los efectos adversos digestivos”, señala la experta.

Los trabajos científicos más recientes apuntan a que la composición de la flora bacteriana no solo condiciona la eficacia del tratamiento, sino que también participa en la aparición de los conocidos efectos secundarios digestivos: náuseas, vómitos, diarrea, estreñimiento o mal aliento, que se presentan en entre el 40% y el 70% de las personas tratadas.

Por este motivo, la especialista subraya la conveniencia de estudiar la microbiota antes de pautar un agonista GLP-1. “Antes de iniciar la medicación, sería recomendable analizar el estado de la microbiota intestinal. Si se detecta una disbiosis, podemos actuar sobre ella con probióticos específicos para equilibrarla. Esto no solo puede mejorar la respuesta al fármaco, sino que también prepara al intestino para tolerar mejor el tratamiento, reduciendo la probabilidad de sufrir efectos secundarios graves desde el principio”, señala Sánchez Somolinos.

La experta advierte que “en pacientes con disbiosis previa, estos fármacos podrían incluso favorecer el aumento de bacterias potencialmente patógenas, lo que refuerza la necesidad de abordar el estado de la microbiota antes y durante el tratamiento. No todos los pacientes parten del mismo punto, y la microbiota puede marcar la diferencia entre el éxito y el abandono terapéutico”.

Además de su papel preventivo, los probióticos también pueden resultar útiles una vez que la medicación ya se ha iniciado, sobre todo en quienes sufren efectos secundarios digestivos intensos. En pacientes que presentan náuseas continuadas, diarrea o estreñimiento importante vinculados al uso de GLP-1, la introducción de probióticos, como formulaciones multicepa con lactobacilos y bifidobacterias, puede contribuir a restablecer el equilibrio de la flora, disminuir la inflamación intestinal y aliviar estas molestias.

La especialista de Neogenia concluye que “en los próximos años, la medicina personalizada basada en el estudio del microbioma será un pilar fundamental para optimizar los resultados de los tratamientos contra la obesidad”.

¿Por qué algunos pacientes toleran peor los agonistas GLP-1?

Según la experta, existen varios factores que explican por qué determinados pacientes que comienzan con agonistas GLP-1 sufren efectos secundarios más intensos o perciben menos beneficio terapéutico.

Entre ellos destaca una baja diversidad microbiana o la presencia de una disbiosis previa, que puede traducirse en peor respuesta al medicamento y en una mayor frecuencia de problemas digestivos. También influye el estilo de alimentación durante el tratamiento: el abuso de comidas grasas, fritos, picantes, ultraprocesados o refrescos con gas tiende a agravar las molestias gastrointestinales.

“Los pacientes deben ser conscientes de que lo que comen influye directamente en cómo toleran la medicación”, matiza especialista en microbiota de Neogenia. Además, lamenta que un alto porcentaje de la población desconoce que la salud intestinal puede condicionar la eficacia de los tratamientos.

“Una muestra más de que se debe educar a la población en el cuidado de la microbiota como parte fundamental de la salud general, no solo en procesos digestivos”, añade, recordando la importancia de realizar estrategias complementarias, por ejemplo la suplementación con probióticos específicos podría ayudar a restaurar el equilibrio microbiano y mejorar la tolerancia, “pero aún es una opción poco conocida entre los pacientes”.