La coordinadora del grupo de trabajo de obesidad y sarcopenia de la Sociedad Española de Rehabilitación y Medicina Física (SERMEF), Marta Supervía, subraya que el éxito terapéutico en la obesidad implica mucho más que la reducción de kilos, un objetivo “relevante”, pero no “exclusivo” ni “prioritario”, ya que deben valorarse también la capacidad física, el dolor, la autonomía, la calidad de vida y el riesgo de complicaciones.
“El abordaje del paciente con obesidad en Medicina Física y Rehabilitación trasciende la simple reducción ponderal. Aunque la pérdida de peso puede formar parte del plan terapéutico, el foco prioritario es la mejora de la función, la salud global y la prevención de discapacidad”, ha señalado con motivo del Día Mundial de la Obesidad, que se celebra este miércoles.
Para Supervía, la obesidad debe entenderse como una “enfermedad crónica, compleja y multifactorial” que precisa una respuesta sanitaria global como “condición médica”. Este enfoque contribuye a disminuir el estigma, favorece la alianza terapéutica y sitúa en primer plano la mejora funcional, la calidad de vida y la prevención de la discapacidad “más allá del peso en la báscula”.
En este marco, la especialista destaca la aportación de la medicina rehabilitadora, disciplina orientada a potenciar la capacidad funcional, disminuir el dolor y la sobrecarga mecánica, mejorar la movilidad y la autonomía, conservar y aumentar la masa y función muscular para evitar fragilidad y sarcopenia, prevenir discapacidad y dependencia, optimizar los resultados de la cirugía y facilitar la adherencia al tratamiento a largo plazo.
Impacto funcional de la obesidad
La médico adjunto del Servicio de Rehabilitación del Hospital General Universitario Gregorio Marañón detalla que la obesidad condiciona la movilidad y la marcha, con menor velocidad y resistencia y mayor coste energético; y afecta a la resistencia cardiorrespiratoria, con peor capacidad aeróbica, más sensación de esfuerzo y aparición precoz de disnea.
Además, apunta que esta patología influye en el equilibrio y el riesgo de caídas, asociado a alteraciones posturales y obesidad sarcopénica; en el dolor y la sobrecarga musculoesquelética, favoreciendo artrosis, lumbalgia crónica y tendinopatías; en la fatiga temprana durante las actividades cotidianas; y en la autonomía funcional, restringiendo actividades básicas e instrumentales y repercutiendo en la participación social y laboral.
La obesidad también empeora la evolución de problemas frecuentes en las consultas de rehabilitación, como la artrosis de rodilla y cadera, la lumbalgia, las tendinopatías, la cirugía ortopédica y diversas enfermedades neurológicas, entre ellas el ictus, la lesión medular o el traumatismo craneoencefálico.
“Todo ello se traduce en mayor discapacidad asociada, menor eficacia de las intervenciones si no se aborda de forma específica, más complicaciones, recuperación más lenta e impacto negativo en la calidad de vida. Integrar su abordaje en el proceso rehabilitador es estratégicamente necesario”, ha recalcado.
En las consultas de Medicina Física y Rehabilitación, el abordaje de la obesidad se basa en la “prescripción” de ejercicio terapéutico mediante un programa individualizado que contempla una valoración funcional previa, la personalización del tipo de ejercicio, la intensidad, el volumen y la progresión, la adaptación a las comorbilidades, la seguridad clínica y un seguimiento continuado.
“En obesidad es especialmente relevante por el mayor riesgo de lesión si no se adapta, el mayor coste metabólico y la necesidad de estrategias progresivas para mejorar la adherencia. El ejercicio correctamente prescrito mejora capacidad funcional, reduce dolor y fatiga, preserva o aumenta la masa muscular, optimiza la pérdida de grasa corporal, mejora comorbilidades e incrementa la autonomía”, ha insistido.
Carencias y retos en el abordaje
El Grupo de Trabajo de Obesidad y Sarcopenia dio a conocer en el Congreso de la SERMEF 2025 una encuesta nacional que pone de manifiesto diversas deficiencias en el manejo de la obesidad: variabilidad clínica en la evaluación y el tratamiento, infravaloración del impacto funcional, falta de formación específica en obesidad clínica, ejercicio terapéutico y composición corporal, ausencia de protocolos estructurados y alto interés en herramientas de valoración funcional.
Según Supervía, existe un “gran potencial aún no plenamente desarrollado, ya que la obesidad como diagnóstico principal no siempre se aborda de forma sistemática”.
Paralelamente, el sondeo detecta problemas organizativos, como la falta de circuitos asistenciales definidos, escasa coordinación multidisciplinar, necesidad de mayor capacitación específica, acceso desigual a tecnologías de análisis de composición corporal, infrarreconocimiento del impacto funcional y poca visibilidad institucional.
Estas carencias repercuten directamente en los pacientes, generando demoras en intervenciones eficaces, mayor deterioro funcional, peor adherencia a los tratamientos y aumento de discapacidad que podría evitarse.
Como respuesta, el Grupo de Trabajo de obesidad y sarcopenia elabora una guía clínica específica con recomendaciones de valoración morfofuncional, pautas de prescripción de ejercicio terapéutico y material formativo. En el campo de la Medicina Física y la Rehabilitación también se están impulsando iniciativas formativas 'online' con cursos acreditados sobre obesidad.
“La obesidad es tratable y la mejora funcional es posible. Integrar la Rehabilitación en las estrategias asistenciales no es complementario, sino clave para optimizar resultados clínicos, reducir discapacidad y mejorar calidad de vida”, ha concluido la especialista de la SERMEF.