Un grupo de científicos del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII) ha difundido un trabajo en el que plantea un giro de enfoque para aumentar la utilidad práctica de las pruebas diagnósticas del dengue y de otras enfermedades desatendidas. En lugar de priorizar el hallazgo de nuevos materiales, el artículo apuesta por concentrar los esfuerzos en perfeccionar la ingeniería de producto de estas herramientas.
“De nada sirve un sensor capaz de detectar una molécula entre 1.000 millones, o de detectar cantidades infinitesimales del virus, si deja de funcionar cuando se expone a la temperatura ambiente de un país tropical o se bloquea al contacto con una gota de sangre real”, ha indicado el miembro del Centro Nacional de Microbiología (CNM) de esta institución, Daniel Sepúlveda.
Sepúlveda, que también forma parte del Área de Infecciosas del Centro de Investigación Biomédica en Red (CIBERINFECT), firma el estudio junto a Salvador Resino e Isidoro Martínez. Las autoras principales son Marta Quero y Helena Codina, pertenecientes igualmente tanto al ISCIII como al CIBERINFECT.
El trabajo, elaborado en colaboración con la Universidad de Alcalá de Henares (UAH) y aparecido en la revista especializada ‘Trends in Biotechnology’, propone una nueva hoja de ruta que pone el acento en la robustez y el rendimiento real de los test diagnósticos, por delante de la mera obtención de sensibilidades extremas en la detección del virus.
La brecha entre los nanosensores y su uso real en clínica
La investigación recuerda que en los últimos años se han destinado importantes recursos al diseño en laboratorio de dispositivos nanotecnológicos con capacidades de detección cada vez más elevadas. No obstante, la mayoría de esos nanosensores, pese a presentarse como herramientas potencialmente disruptivas, no llegan a incorporarse a la práctica clínica cotidiana.
Ante esta situación, los autores sostienen que es preciso dejar de considerar los nanosensores únicamente como un campo de descubrimiento de nuevos materiales y abordarlos como un desafío de ingeniería de producto. Para ello, ven esencial asegurar la calidad, desarrollar procesos industriales que permitan una fabricación masiva y comprobar su funcionamiento con muestras biológicas complejas de “vida real” en lugar de limitarse a soluciones “limpias” de laboratorio.
En el caso concreto del dengue, una enfermedad infecciosa causada por un flavivirus transmitido habitualmente por la picadura de mosquitos y que impacta sobre todo en zonas tropicales, el artículo subraya que las pruebas diagnósticas deben ser asequibles, fáciles de utilizar, fiables, duraderas y aptas para su uso directo en el punto de atención al paciente.