El miedo se sitúa como la causa principal por la que el 43 por ciento de las mujeres españolas que no participan en su cribado de cáncer de cérvix deciden no acudir. A esta barrera emocional se suman obstáculos logísticos y sociales que complican la asistencia. Además, el 25 por ciento de las encuestadas alude a los compromisos laborales como freno para ir a la consulta, mientras que un 15 por ciento indica que la responsabilidad de cuidar de terceros (hijos o personas dependientes) les impide priorizar su propia salud.
Estos resultados proceden de un estudio elaborado por GWI para Roche en seis países —España, Bélgica, Italia, Países Bajos, Polonia y Portugal—, en el que han participado 5.518 personas usuarias de Internet de entre 16 y 64 años. El informe evidencia que, pese a la amplia implantación de los programas de cribado de cérvix, las dificultades emocionales, laborales y de cuidados continúan alejando a muchas mujeres de una prueba que puede resultar decisiva para salvar vidas.
“Es una paradoja que, siendo el cáncer de cérvix uno de los más prevenibles, el miedo sea la causa detrás del 43% de los casos en los que no se acude al cribado en España. Estos datos nos indican que no basta con tener la tecnología disponible; debemos derribar las barreras emocionales que frenan la prevención”, afirma Patricia Doliwa, Marketing Team Lead Patología y Molecular de Roche Diagnostics España.
Pese a estas trabas, el informe también detecta elementos que pueden favorecer un cambio, como el acompañamiento. Para una de cada cuatro españolas, acudir con alguien de confianza resulta determinante para no faltar a la revisión. En esta línea, la encuesta refleja que el 25 por ciento de las mujeres en España ya ha acompañado a otra mujer a su prueba de cribado de cáncer de cérvix.
Otro aspecto relevante es la implicación de la pareja y del entorno cercano. El 27 por ciento de las españolas comenta su experiencia con su pareja, y el 35 por ciento con sus amistades, lo que evidencia una mayor disposición a hablar del tema si se compara con la media global.
Las redes de apoyo también destacan en el caso español, más activas que en otros países analizados. Un 65 por ciento de las participantes afirma desempeñar un papel activo ofreciendo apoyo emocional a otras mujeres; un 36 por ciento asegura brindar apoyo práctico, mientras que un 14 por ciento declara no ejercer ningún rol de apoyo hacia las demás.
“Afortunadamente, contamos con una red de solidaridad excepcional: una de cada cuatro mujeres ya acompaña a otras a su revisión, demostrando que el apoyo mutuo es una herramienta de salud clave. Es imprescindible normalizar esta conversación y ofrecer soluciones más flexibles para eliminar este cáncer hacia 2030”, continúa Doliwa.
El documento pone además el foco en una tendencia inquietante a escala europea: las mujeres millennials (entre 29 y 42 años) son las que más tienden a ausentarse de sus citas de cribado. Los datos europeos revelan que las mujeres de entre 30 y 40 años registran las tasas más elevadas de inasistencia, situándose un 27 por ciento por encima de la media del conjunto de grupos de edad.
Al desglosar la información por cohortes en los países incluidos en el estudio, el 31 por ciento de las Millennials (29-42 años) ha aplazado o faltado a sus revisiones; en la Generación X (43-61 años), el 25 por ciento presenta retrasos en el cribado; y solo el 16 por ciento de la Generación Z (16-28 años) y de los Baby Boomers (62-64 años) ha pospuesto o cancelado sus citas.