¿Escuchamos a nuestros mayores? CEOMA revela cómo deben ser los cuidados de larga duración en España

España, ante el desafío del envejecimiento: ¿Estamos preparados para cuidar a nuestros mayores como merecen?

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La soledad entre los mayores en España es inferior a la media europea. Pixabay.

La soledad entre los mayores en España es inferior a la media europea. Pixabay.

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El futuro de los cuidados de larga duración, aquellos que garantizan apoyo a las personas mayores cuando pierden autonomía, ha vuelto al primer plano del debate público. La reciente decisión del Consejo de Ministros de España de crear una comisión específica para abordar este reto ha sido recibida como un avance necesario por parte de la Confederación Española de Organizaciones de Mayores (CEOMA). Sin embargo, "el optimismo llega acompañado de una advertencia clara: no se puede diseñar el futuro de los cuidados sin escuchar a quienes más los necesitan", opina.

España afronta un proceso de envejecimiento acelerado y cada vez son más las personas que requieren ayuda continuada para actividades cotidianas. En este contexto, la creación de una Comisión Interministerial que impulse un modelo más justo, sostenible y centrado en la persona se interpreta como una oportunidad. Pero desde CEOMA lamentan que, en su planteamiento actual, las asociaciones de mayores no formen parte directa ni del pleno ni de los grupos de trabajo.

El presidente de la organización, José Luis Fernández Santillana, insiste a Demócrata en que la experiencia de quienes viven esta realidad resulta imprescindible. "No se trata solo de participar de forma puntual -señala-, sino de estar presentes de manera estable en los espacios donde se toman decisiones". A su juicio, "excluir esa voz puede alejar las políticas de las verdaderas necesidades y debilitar la legitimidad de las reformas".

En datos

El mejor país, el más retrasado

El cuidado de larga duración ofrecido por los sistemas sanitarios para personas mayores varía enormemente en el mundo. Mientras algunos países ofrecen servicios integrales y universales, otros dependen casi exclusivamente de la familia y los recursos privados.

En Noruega, el sistema de cuidados es un ejemplo mundial. Todos los ciudadanos tienen acceso a asistencia médica y social, ya sea en el hogar o en residencias, financiada por el Estado. Los cuidadores están altamente capacitados, y se prioriza la autonomía y el bienestar emocional de los mayores. El resultado es una alta satisfacción y una menor carga para las familias.

En contraste, India refleja los retos de los países con sistemas fragmentados. La mayoría de los cuidados recae en familiares sin apoyo institucional significativo. Los servicios profesionales son escasos y costosos, y la calidad de la atención varía enormemente. Esto genera sobrecarga familiar y desigualdad en el acceso a cuidados dignos.

El coste que recae sobre las familias

La cuestión cobra aún más relevancia si se observa cómo funciona el sistema de cuidados de larga duración en España. Hoy en día, buena parte de la atención recae en las familias, que asumen un papel fundamental en el cuidado diario. Aunque existen servicios como la ayuda a domicilio, los centros de día o las residencias, su desarrollo es desigual y, en muchos casos, insuficiente para cubrir la demanda creciente.

Además -subraya Fernández Santillana-, "el esfuerzo económico sigue siendo limitado en comparación con otros países europeos. España destina alrededor del uno por ciento de su riqueza a estos cuidados, una cifra claramente inferior a la media de la Unión Europea, donde la inversión prácticamente se duplica". En países del norte, con sistemas más consolidados, el gasto es aún mayor y permite ofrecer una red de servicios más amplia y profesionalizada.

José Luis Fernández Santillana: 

“Dar voz a las personas mayores no es solo una cuestión de participación, sino una condición necesaria para construir un sistema de cuidados que responda de verdad a sus expectativas”

El coste total de estos cuidados, tanto los prestados por profesionales como los que asumen las familias, alcanza cifras muy elevadas y no deja de crecer con el paso del tiempo. "Se trata de un desafío no solo social, sino también económico, que obligará a replantear el modelo en los próximos años si se quiere garantizar una atención digna y universal", indica el presidente de CEOMA.

En este escenario, la petición de Confederación Española de Organizaciones de Mayores (CEOMA) adquiere un peso especial: "Dar voz a las personas mayores no es solo una cuestión de participación, sino una condición necesaria para construir un sistema de cuidados que responda de verdad a sus expectativas. Porque, al final -añade CEOMA-, el debate no gira únicamente en torno a recursos o estructuras, sino a algo mucho más cercano: cómo queremos vivir y ser cuidados en una etapa decisiva de la vida".