Especialistas destacan que la Medicina Nuclear identifica de forma temprana alteraciones cerebrales vinculadas al Parkinson

La Medicina Nuclear mejora el diagnóstico temprano del Parkinson y otros trastornos neurológicos, afinando el tratamiento y el seguimiento de los pacientes.

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Las técnicas de Medicina Nuclear permiten detectar de manera temprana alteraciones cerebrales asociadas al Parkinson y confirmar el diagnóstico en situaciones de incertidumbre clínica, tal y como explica la jefa de servicio de Medicina Nuclear del Hospital Clínico San Carlos de Madrid y presidenta del grupo de trabajo de Neuroimagen de la Sociedad Española de Medicina Nuclear e Imagen Molecular (SEMNIM), María Nieves Cabrera Martín.

Coincidiendo con el Día Mundial del Parkinson, que se conmemora el 11 de abril, la doctora sénior del Servicio de Medicina Nuclear de Sant Pau, en Barcelona, María del Valle Camacho, subraya que, en el parkinsonismo, la Medicina Nuclear alcanza alrededor de un 90 por ciento de exactitud diagnóstica y modifica “el manejo clínico” en la mayoría de los pacientes, con un “impacto directo” en su calidad de vida.

La enfermedad de Parkinson se ha relacionado clásicamente con síntomas motores como el temblor en reposo, la bradicinesia o lentitud de movimientos, la rigidez muscular y la inestabilidad postural. Sin embargo, también puede manifestarse mediante signos no motores, entre ellos alteraciones del sueño, deterioro cognitivo o variaciones en el estado de ánimo, que en algunos casos pueden aparecer incluso antes de los síntomas motores.

Paralelamente, existen otras patologías que cursan con un cuadro clínico parecido. Trastornos como el temblor esencial, el temblor secundario a determinados fármacos o los llamados parkinsonismos atípicos (atrofia multisistémica, parálisis supranuclear progresiva o degeneración corticobasal) pueden mostrar una clínica que se solapa con la del Parkinson, sobre todo en los primeros estadios.

El diagnóstico se apoya principalmente en la valoración clínica, pero en fases iniciales los signos pueden ser sutiles o confundirse con otras enfermedades, lo que “retrasa el abordaje terapéutico y complica la toma de decisiones”.

El Parkinson es un trastorno neurodegenerativo progresivo caracterizado por la pérdida de neuronas dopaminérgicas en la sustancia negra, región cerebral clave para el control del movimiento. Esta pérdida origina un déficit de dopamina, neurotransmisor fundamental para la función motora, que constituye el rasgo distintivo de la patología.

Precisamente esta alteración puede ser identificada mediante estudios SPECT y PET de Medicina Nuclear, que permiten valorar de “forma objetiva” el funcionamiento del sistema dopaminérgico y el metabolismo cerebral, proporcionando un apoyo diagnóstico cuando la exploración clínica no es concluyente.

Distinguir el Parkinson de otros trastornos

En este contexto, María del Valle Camacho Martí, también expresidenta del GT de neuroimagen de la Sociedad Española de Medicina Nuclear e Imagen Molecular (SEMNIM) (2018-2023), detalla que la imagen funcional hace posible “distinguir la enfermedad de Parkinson de otros trastornos que pueden parecer similares, como el temblor esencial o farmacológico, que no presentan alteración dopaminérgica”.

“La Medicina Nuclear, especialmente la PET con 18F-FDG, permite diferenciar el Parkinson de otros parkinsonismos atípicos”, añade Cabrera.

Según las especialistas, esta capacidad diagnóstica contribuye a “afinar el diagnóstico, establecer un pronóstico más ajustado y orientar de forma más adecuada” el tratamiento, reduciendo demoras en el inicio de la terapia y evitando intervenciones innecesarias o poco efectivas.

La Medicina Nuclear cumple además un “papel clave” en el seguimiento del Parkinson, ya que facilita la evaluación de la progresión de la enfermedad, la monitorización de la respuesta a los tratamientos y la detección de cambios en el patrón clínico de cada paciente.

Estas herramientas de neuroimagen también se aplican a otras patologías neurológicas, como el Alzheimer, la demencia frontotemporal, la enfermedad cerebrovascular o la epilepsia, donde permiten “identificar patrones específicos de afectación cerebral que facilitan el diagnóstico y orientan la toma de decisiones clínicas”.

Diagnóstico molecular en neurología

En los últimos años, la incorporación de nuevos radiofármacos ha supuesto un “avance decisivo” hacia el diagnóstico molecular de las enfermedades neurológicas. Más allá del análisis del metabolismo cerebral o del sistema dopaminérgico, la PET permite actualmente visualizar procesos patológicos concretos, como la agregación de proteínas en el tejido cerebral.

Estos trazadores dirigidos frente a proteínas depositadas en el cerebro posibilitan una identificación “más precisa” de distintas enfermedades neurológicas y facilitan la estratificación de los pacientes según los mecanismos biológicos implicados en su cuadro clínico. Este enfoque representa “un cambio de paradigma” en Neurología, al favorecer no solo diagnósticos más certeros, sino también la selección de candidatos a terapias dirigidas, “avanzando hacia una medicina más personalizada”.

Gracias a estos progresos, la Medicina Nuclear se ha consolidado como una “herramienta estratégica” en el abordaje de las enfermedades neurológicas. En la actualidad, la neuroimagen permite profundizar en los mecanismos de la enfermedad más allá de los síntomas visibles, impulsando diagnósticos “más precisos y tratamientos cada vez más eficaces”.