Expertos convocados en la Fundación Ramón Areces para debatir sobre el “Uso y abuso de antidepresivos” han remarcado la importancia de trasladar a la población un mensaje claro sobre el uso responsable de estos fármacos, reforzar la coordinación entre Atención Primaria y la atención especializada, impulsar la psicoterapia y favorecer tanto la adherencia como la personalización de los tratamientos.
Apoyándose en datos recientes, en la práctica clínica diaria y en una visión histórica, los especialistas han coincidido en que el reto actual consiste en afinar el diagnóstico, prescribir con mayor criterio y acompañar de forma continuada a los pacientes, con el objetivo de lograr remisiones duraderas y disminuir la carga que supone la depresión en España.
“Sin salud mental no hay felicidad”, ha resumido el jefe del Servicio de Psiquiatría y Psicología en el Hospital Clínic de Barcelona, Eduard Vieta, quien ha llamado a transformar la preocupación social en medidas concretas y a “promover políticas de salud pública en salud mental”, ampliar el acceso a la psicoterapia y reforzar las plantillas, en un contexto de elevada demanda asistencial y con ratios de especialistas por debajo de la media europea.
El psiquiatra ha defendido la necesidad de separar claramente el malestar cotidiano de un trastorno mental y avanzar hacia una psiquiatría de precisión, reconociendo que “todavía no tenemos biomarcadores plenamente validados, si bien la investigación en ómicas y neuroimagen avanza”.
En relación con los antidepresivos, ha señalado la expansión de sus indicaciones al tratamiento de la ansiedad, el estrés, la somatización, la bulimia, el dolor crónico y otros usos fuera de ficha técnica. Sobre el posible abuso de estos medicamentos, ha advertido de que “se produce una cierta inadecuación y dos fenómenos simultáneos: infratratamiento de casos graves y medicalización de problemas leves”.
Por su lado, la miembro del Consejo Científico de la Fundación Ramón Areces, Maria Vallet, ha descrito la depresión como una patología mental de origen multifactorial —genético, biológico, ambiental, social y psicológico—, “caracterizada por tristeza persistente, pérdida de interés y dificultad para realizar actividades cotidianas, con gravedad variable y duración que puede extenderse desde semanas hasta años”.
Mientras, el catedrático Emérito de Farmacología de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid, Juan Tamargo, que ha ejercido de moderador, ha recalcado la obligación de “verificar una prescripción racional -indicaciones correctas, selección del fármaco, dosis, ajustes y duración del tratamiento- y de vigilar riesgos asociados al uso crónico, incluyendo reacciones adversas, síndrome de discontinuación, episodios de manía y pensamientos suicidas”.
Ha subrayado que “entre el 10 y el 30 por ciento de los pacientes con depresión no responde a los tratamientos habituales”. También ha puesto el foco en la adherencia terapéutica, destacando que un número relevante de pacientes abandona la medicación tras el primer mes y que “incluso hay un 15% de pacientes que nunca la toman”, resumiendo de forma tajante que “los fármacos no funcionan si el paciente no los toma”.