GSK impulsa una campaña para concienciar sobre el herpes zóster, una infección que amenaza al 90% de los españoles

GSK lanza “La espina invisible” para alertar del herpes zóster, una infección dolorosa que amenaza a la mayoría de la población adulta en España.

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Imagen de la campaña. GSK

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La farmacéutica GSK ha puesto en marcha “La espina invisible”, una iniciativa destinada a incrementar el conocimiento sobre el herpes zóster, una infección que permanece dormida en el cuerpo y que, al reactivarse, puede desencadenar un dolor muy intenso, en ocasiones prolongado e incapacitante, especialmente en mayores de 50 años y en personas con el sistema inmunitario debilitado.

Coincidiendo con la Semana de Concienciación sobre el Herpes Zóster, GSK difundirá información sobre este virus en tres ciudades españolas: Valencia (24 de febrero), Madrid (25 de febrero) y Sevilla (26 de febrero).

Los especialistas recuerdan que el virus varicela-zóster, responsable de la varicela, permanece latente en el organismo y puede reaparecer años después en forma de herpes zóster. Por ello, todas las personas que han padecido varicela –más del 90 por ciento de la población adulta en España– se encuentran en riesgo de desarrollar esta patología.

Se calcula que una de cada tres personas de entre 50 y 90 años sufrirá herpes zóster a lo largo de su vida. A los 85 años, la probabilidad aumenta a una de cada dos. El motivo es que el virus puede mantenerse inactivo durante largos periodos y activarse en cualquier momento, sobre todo cuando el sistema inmunitario se debilita por la edad, por tratamientos inmunosupresores o por enfermedades crónicas.

Cuando el herpes zóster se reactiva, los primeros síntomas habituales son picor, dolor localizado con sensación de quemazón o descargas eléctricas, generalmente en tórax, abdomen o cara en un solo lado del cuerpo, junto a dolor de cabeza y malestar general, que suelen prolongarse entre uno y cinco días. Después comienza la fase aguda, en la que surgen áreas enrojecidas y pequeñas ampollas llenas de líquido que se agrupan en racimos y se acompañan de un dolor punzante. Esta disposición de las vesículas es la que origina el nombre popular de “culebrilla”.

Pasados unos diez días, las ampollas se transforman en costras que, por lo general, se mantienen entre dos y cuatro semanas, desapareciendo con ellas los signos visibles del cuadro. No obstante, en algunos pacientes el herpes zóster se complica con neuralgia postherpética, un dolor persistente tras la curación de la erupción que puede mantenerse durante meses o incluso años.

El dolor asociado a la neuralgia postherpética puede ser continuo, quemante, y empeorar con estímulos leves como el roce de la ropa o una corriente de aire. Esta situación repercute de forma importante en la calidad de vida, ya que puede alterar el sueño, el estado de ánimo y las relaciones personales. En torno al 20 por ciento de los casos de neuralgia postherpética se diagnostican entre los 60 y 65 años, y el 30 por ciento en mayores de 80 años.

En esta línea, la presidenta de la Sociedad Española del Dolor, María Madariaga, subraya que este virus puede originar un cuadro muy doloroso en el corto plazo, durante los tres primeros meses del herpes agudo o “culebrilla”. “El problema es la alta probabilidad de persistencia y mantenimiento a lo largo de meses o años de dolor en la zona, de características neuropáticas, incluso neuralgia postherpética. Este dolor que, en algunos casos puede persistir tras la curación de las ampollas, se trata de una complicación muy incapacitante, especialmente en adultos mayores, y es uno de los cuadros de dolor más refractarios y complejos de tratar que vemos en consultas de las unidades de dolor”, afirma.

Entre las complicaciones menos habituales del herpes zóster se incluyen afectaciones oftálmicas, que pueden desembocar en pérdida de visión o ceguera; complicaciones óticas, como el Síndrome de Ramsay-Hunt; problemas cardiovasculares; infecciones pulmonares y sobreinfecciones bacterianas de la piel.

Preocupación entre adultos con enfermedades crónicas

Las personas mayores de 50 años con patologías crónicas presentan un riesgo más elevado de sufrir complicaciones por herpes zóster. GSK ha llevado a cabo una encuesta en más de 6.000 adultos de este grupo de edad en diez países (Australia, Austria, Canadá, China, Francia, Alemania, India, Japón, Polonia y Emiratos Árabes Unidos), con enfermedades como diabetes, patología cardiovascular, enfermedad renal, asma o enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC).

Los datos muestran que la infección y su repercusión en la calidad de vida generan inquietud en este colectivo, en el que también se aprecia margen de mejora en cuanto al grado de información sobre la enfermedad y su abordaje.

En concreto, el 78 por ciento de los participantes manifiesta preocupación por el impacto que el herpes zóster podría tener en su día a día. Sin embargo, más de la mitad (54%) reconoce no haber hablado nunca de esta patología con un profesional sanitario. Además, en relación con sus enfermedades crónicas, uno de cada cuatro (25%) considera, de forma errónea, que no influyen en su sistema inmunitario ni en el riesgo de padecer herpes zóster.

Entre quienes ya han sufrido herpes zóster, el 42 por ciento asegura que el dolor fue severo y alteró de forma notable su vida cotidiana, y hasta un tercio indica que ese dolor les impidió trabajar o realizar actividades habituales, como acudir a reuniones o eventos sociales.

“Nuestro compromiso en esta Semana de Concienciación es dar visibilidad a una enfermedad que no siempre es bien conocida por la población, pero que puede causar mucho dolor a quienes la padecen, simbólicamente, como la espina de una rosa. De esta manera reforzamos nuestro compromiso con la divulgación en salud, y trabajamos de la mano de los profesionales sanitarios para seguir acercando el conocimiento y la concienciación sobre patologías como esta, que pueden afectar a una parte importante de la población”, ha finalizado la directora médica de GSK España, María José Muñoz.