Un equipo de la Facultad de Medicina de la Universidad de Cincinnati ha identificado un "vínculo claro" entre la enfermedad renal crónica (ERC) y la enfermedad periodontal, al comprobar que ambas comparten vías inflamatorias que pueden favorecer el avance de la patología.
El trabajo, que revisa 150 estudios observacionales, metaanálisis y ensayos clínicos, concluye que esta conexión está mediada por la desregulación del sistema inmunitario, la disfunción endotelial (estrechamiento de los vasos sanguíneos), la disbiosis microbiana (alteración de la microbiota oral) y una inflamación sistémica persistente.
La enfermedad renal crónica se ha consolidado como una causa de mortalidad y discapacidad en rápido aumento a escala global y se estima que será una de las principales responsables de años de vida perdidos en 2040. Los autores subrayan que la periodontitis y la caries representan factores muy frecuentes, pero infraestimados, que incrementan la carga inflamatoria en la ERC, sobre todo en contextos con "recursos limitados donde la atención bucal y renal permanece fragmentada".
A medida que la ERC se agrava, también lo hace la patología bucodental, y la "literatura científica respalda una relación biológicamente plausible", destaca la primera firmante del trabajo y profesora del Departamento de Ciencias Ambientales y de Salud Pública de la Universidad de Cincinnati, Priyanka Gudsoorkar.
En este escenario, unos índices dentales elevados —como el número de dientes cariados, perdidos y obturados (CPOD), el índice de placa, el índice gingival y la pérdida de inserción clínica— se asocian con una menor tasa de filtración glomerular y con niveles más altos de marcadores inflamatorios.
La salud oral se configura así como un determinante "medible y modificable" en la evolución de la ERC, y la incorporación de revisiones odontológicas en la práctica nefrológica podría facilitar un control más estrecho de la inflamación sistémica y repercutir positivamente en la calidad de vida de los pacientes.
Pese a ello, el análisis pone de manifiesto que numerosos profesionales continúan abordando la salud de la boca de "forma aislada" respecto a la enfermedad crónica, sin integrarla en "una estrategia de tratamiento más amplia que permita una identificación más temprana y una mejor evaluación del riesgo".
En pacientes en diálisis y en lista de espera para un trasplante renal, los investigadores recuerdan que la autorización odontológica previa "suele ser un requisito antes de la cirugía".
En este punto, las infecciones orales no tratadas pueden demorar la intervención y transformarse en un "obstáculo evitable" para la preparación del trasplante y "pueden complicar la continuidad de la atención".
DERIVACIÓN AL ODONTÓLOGO
"Para muchos pacientes, la evaluación para trasplante es el primer paso en su tratamiento renal en el que la derivación al odontólogo se convierte en un requisito habitual", ha afirmado Gudsoorkar.
Por este motivo, los autores consideran imprescindible un control "más exhaustivo" de la salud bucodental en personas en diálisis, junto con un abordaje más riguroso de la inflamación periodontal. En esta línea, exhortan a los clínicos a articular la atención bucal y la nefrológica de "forma más directa" dentro de los circuitos asistenciales.
"Necesitamos crear un marco que respalde la integración de la atención bucal y renal a lo largo de todo el proceso de la enfermedad renal crónica", ha asegurado el autor principal del trabajo y profesor asociado de la División de Nefrología del Departamento de Medicina Interna, Prakash Gudsoorkar.
Según detalla, un modelo organizativo mejorado, con protocolos asistenciales estandarizados y un intercambio más fluido de la información clínica entre especialidades, también "podría permitir una intervención más temprana y aliviar la carga económica para los pacientes".
Además, Prakash Gudsoorkar recuerda que las personas con enfermedad renal, en cualquiera de sus fases, presentan "un mayor riesgo" de desarrollar patologías como la diabetes mellitus, la enfermedad cardiovascular y la hipertensión.