La exposición continuada a concentraciones elevadas de partículas finas PM2,5 incrementa en un 11 por ciento la probabilidad de desarrollar cáncer frente a quienes residen en áreas con un aire menos contaminado. Así lo detalla el informe “Aire limpio en el control del cáncer: una visión general de la evidencia”, elaborado por la Unión Internacional contra el Cáncer (UICC) con el respaldo del Fondo para el Aire Limpio.
“Hemos logrado grandes avances en la reducción de la mortalidad por cáncer, pero la contaminación del aire está socavando silenciosamente ese progreso. Es un riesgo del que nadie puede escapar y que afecta de manera desproporcionada a las mujeres, los niños y las personas que viven en la pobreza”, ha alertado el director ejecutivo de la UICC, Cary Adams.
El documento, basado en 42 metaanálisis y revisiones sistemáticas publicados entre 2019 y 2024, concluye que la contaminación atmosférica elevada incrementa de forma clara el riesgo de cáncer de hígado, colorrectal, de riñón, de pulmón y de vejiga. En particular, los altos niveles de PM2,5 se relacionan con una incidencia un 32 por ciento superior de tumores hepáticos y con un 18 por ciento más de probabilidades de padecer cáncer colorrectal.
Los trabajos analizados apuntan igualmente a que la exposición prolongada a PM2,5 podría asociarse con un aumento del 12 por ciento en el riesgo de fallecer por cualquier tipo de cáncer. De forma específica, se detecta una mortalidad más elevada por cáncer de mama (20%), de hígado (14%) y de pulmón (13%).
Respecto a los contaminantes de mayor tamaño (PM10), la exposición sostenida se vincula con un incremento del 10 por ciento en la probabilidad de desarrollar cáncer, un 13 por ciento más de riesgo de muerte por cáncer de pulmón y un 11 por ciento adicional de mortalidad por cáncer de mama.
En conjunto, los hallazgos confirman que la polución del aire no solo es un factor clave en la aparición y mortalidad del cáncer de pulmón —se calcula que está detrás de unas 434.000 muertes asociadas a esta enfermedad—, sino que también contribuye de forma significativa al desarrollo de otros tumores y a un aumento de la mortalidad prematura.
Diferencias en el impacto sobre la población
El informe remarca que el efecto de estos riesgos no es homogéneo. Las mujeres y los niños que respiran humo procedente de combustibles sólidos utilizados para cocinar o calentar la vivienda, así como las mujeres expuestas a la contaminación del aire en el hogar, soportan un riesgo un 69 por ciento mayor de cáncer de pulmón, además de una mayor probabilidad de padecer cáncer de cuello uterino.
También se encuentran especialmente expuestos los trabajadores al aire libre y las poblaciones que viven cerca de instalaciones industriales, con frecuencia comunidades con menos recursos económicos, que soportan las concentraciones más elevadas de contaminantes.
En esta misma línea, el texto advierte de que los países de renta baja y media cargan con el mayor peso de la contaminación y disponen de menos medios para reducirla o para garantizar un acceso rápido a la atención oncológica, lo que amplía las brechas sanitarias y económicas. Son, además, los territorios con sistemas de salud menos preparados para el incremento previsto de diagnósticos de cáncer, que pasarán de 20 millones en 2022 a 35 millones en 2050.
El informe recalca que la solidez de la evidencia científica justifica que los gobiernos adopten políticas firmes para disminuir la contaminación del aire. Aunque más de 140 países han establecido normas de calidad del aire, apenas alrededor de un tercio las aplica de forma efectiva, dejando a la ciudadanía expuesta a riesgos de cáncer que podrían evitarse.
La UICC y el Fondo para el Aire Limpio reclaman desarrollar y hacer cumplir marcos legales de calidad del aire alineados con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y con el objetivo de reducir a la mitad la mortalidad atribuible a la contaminación atmosférica para 2040 respecto a 2015.
Asimismo, piden reforzar los sistemas de vigilancia de la calidad del aire, especialmente en países de ingresos bajos y medios y en comunidades altamente expuestas, de manera que los datos permitan orientar las decisiones políticas y exigir responsabilidades. También subrayan la necesidad de abandonar la quema de combustibles fósiles y biomasa y avanzar hacia fuentes de energía limpias y tecnologías de cocina no contaminantes.
En paralelo, instan a reformar las políticas de transporte y ordenación urbana para recortar las emisiones, e integrar objetivos de calidad del aire en los planes nacionales de control del cáncer, asegurando que las estrategias preventivas incluyan los factores ambientales.
“Se necesita urgentemente un aire más limpio para frenar el aumento previsto de casos de cáncer en las próximas décadas, especialmente en los países de ingresos bajos y medios. El aire limpio es esencial tanto para la prevención del cáncer como para mejorar la supervivencia. Sin él, décadas de inversión en investigación y tratamientos contra el cáncer se verán innecesariamente socavadas”, ha aseverado la directora de Salud del Fondo para el Aire Limpio, Nina Renshaw.