La factura sanitaria global de cuatro tóxicos ligados a la alimentación se dispara hasta 1,9 billones de euros

Un informe internacional cifra en hasta 1,9 billones de euros el coste sanitario global de pesticidas, PFAS, ftalatos y bisfenoles ligados a la alimentación.

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El impacto sanitario mundial derivado de la exposición a pesticidas, compuestos perfluorados y polifluorados (PFAS), ftalatos y bisfenoles, cuatro grupos de sustancias tóxicas estrechamente relacionadas con la cadena alimentaria, se sitúa entre 1,2 y 1,9 billones de euros (de 1,4 a 2,2 trillones de dólares estadounidenses). Así lo detalla el informe “Ingredientes invisibles. Combatir las sustancias químicas tóxicas en el sistema alimentario”, elaborado por especialistas internacionales y difundido por Systemiq.

“Los productos químicos sintéticos están profundamente arraigados en los sistemas alimentarios modernos. Se utilizan de forma intencionada en fertilizantes y pesticidas, en coadyuvantes y equipos de procesamiento, y en envases y recubrimientos. También entran en el sistema alimentario de forma involuntaria debido a reacciones químicas o productos de degradación, o como contaminación procedente del suelo, el agua o el aire”, explica el documento.

La exposición continuada a estos compuestos conlleva riesgos probados para la salud humana. Entre las consecuencias descritas figuran alteraciones del desarrollo, mortalidad prematura por cualquier causa, cáncer de mama, testículo y riñón, patologías metabólicas como hipotiroidismo, diabetes u obesidad, hipertensión y enfermedades cardiovasculares, además de trastornos vinculados a la fertilidad.

El estudio calcula que el coste económico sanitario a escala global equivale aproximadamente a entre el dos y el tres por ciento del producto interior bruto (PIB) mundial, o a un volumen similar a los beneficios conjuntos de las 100 mayores compañías cotizadas del planeta. Solo en Europa, la carga económica se cifra en más de 424 millones de euros (496.000 millones de dólares).

Si junto a los gastos sanitarios se incorporan los daños ambientales causados por estos cuatro tipos de contaminantes, la factura total ascendería a unos 2,5 billones de euros (3 trillones de dólares estadounidenses).

Coste por tipo de sustancia tóxica

En el desglose por familias químicas, los pesticidas concentran un coste sanitario anual estimado de unos 698 mil millones de euros (816.000 millones de dólares), principalmente por los daños al desarrollo neurológico que merman el potencial cognitivo y la productividad futura.

En el caso de los PFAS, se les asigna un impacto económico de alrededor de 521 mil millones de euros (609.000 millones de dólares), asociado sobre todo a trastornos metabólicos, alteraciones del sistema inmunitario y determinados cánceres. Los ftalatos suponen unos 456 mil millones de euros (533.000 millones de dólares), vinculados en gran medida a problemas reproductivos que pueden requerir tratamientos de fertilidad, enfermedades metabólicas y muertes prematuras. Por último, los bisfenoles generan un coste estimado de 194 mil millones de euros (227.000 millones de dólares), ligado a patologías como enfermedades circulatorias y obesidad infantil.

El informe, financiado por la Grantham Foundation, ha sido elaborado por un amplio equipo de especialistas de distintos países y disciplinas. Entre los firmantes figuran científicas y científicos como Linda Birnbaum, microbióloga estadounidense del National Institute for Environmental Health Sciences; el epidemiólogo Philip J. Landrigan del Global Observatory on Planetary Health at Boston College; Shanna Swan, epidemióloga ambiental y reproductiva de Action Science Initiative, School of Medicine at Mount Sinai; o Tracey Woodruff, investigadora del departamento de obstetricia y ginecología de la Universidad de California, entre otros.

Riesgos para la fertilidad y nacimientos futuros

El documento pone un foco especial en el efecto de estos contaminantes sobre la fertilidad. Según sus cálculos, si se mantiene la exposición actual, entre 2025 y 2100 podrían producirse entre 200 y 700 millones de nacimientos menos en el mundo, una cifra máxima equiparable a toda la población del Sudeste Asiático.

El texto apunta que esta pérdida potencial podría reducirse entre un 40 y un 60 por ciento si hubiera acceso universal a tratamientos de fertilidad, aunque el coste anual de estas terapias se situaría entre 22 mil y 68 mil millones de euros (entre 26.000 y 79.000 millones de dólares).

Pese a las cantidades ya de por sí elevadas, los autores advierten de que su estimación probablemente infravalora el impacto real, dado que los cálculos solo abarcan un conjunto limitado de efectos sanitarios con evidencia científica más consolidada y, dentro de cada grupo de tóxicos, únicamente se han considerado una o dos subclases. Por ello alertan de que la carga auténtica de la exposición a todas las sustancias químicas peligrosas y sus mezclas sería “sustancialmente mayor”.

El informe reprocha además la inacción frente a estos daños cuando, a escala global, aproximadamente un 70 por ciento de los costes asociados al impacto negativo de los tóxicos químicos podría evitarse mediante un paquete de medidas factibles y ya disponibles. En esta línea, subraya que romper la “trampa de la toxicidad” derivada de la dependencia de estas sustancias peligrosas aportaría “enormes beneficios económicos” y reclama fijar calendarios de eliminación progresiva claros y jurídicamente vinculantes para estos compuestos.

En relación con la Unión Europea, el documento sostiene que reducir en un 80 por ciento el uso de plaguicidas sintéticos para 2040 es “realista” con las herramientas actuales, siempre que se articulen incentivos adecuados, sistemas de asesoramiento eficaces y marcos regulatorios sólidos. Si el coste sanitario y ambiental de no disminuir el empleo de pesticidas se fija en 100, el coste de reducirlos se situaría en torno a 3,5, remarca el informe, resaltando que, frente a la factura de la inacción, el coste de actuar es mínimo.

El responsable de la iniciativa Hogar sin tóxicos, Carlos de Prada, ha instado a las instituciones españolas y europeas a reaccionar ante las conclusiones del estudio. “El coste de este modelo es enorme en todos los sentidos. Este informe viene a demostrar que, lejos de ser beneficioso para la economía, el uso de esos productos químicos sintéticos genera una enorme factura que es urgente comenzar a reducir”, ha aseverado.