El diálogo abierto, la información contrastada y el acompañamiento continuo se sitúan entre los pilares fundamentales para construir un entorno educativo que permita prevenir el consumo de alcohol en menores, tal y como recuerda la Fundación Alcohol y Sociedad (FAS).
Aunque la última Encuesta sobre Uso de Drogas en Enseñanzas Secundarias (ESTUDES 2025), presentada por el Ministerio de Sanidad y la Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas, refleje una “disminución en el porcentaje de jóvenes que reportan haber consumido alcohol”, tanto a lo largo de su vida como en los últimos 12 meses y en el último mes, la entidad advierte de que la prevención del consumo de alcohol en menores continúa siendo “uno de los grandes desafíos en la sociedad española”.
En este escenario, la FAS recalca que la constancia, la cercanía y el compromiso de “todos los agentes implicados” resultan decisivos en las estrategias preventivas. Más allá de alertar sobre los peligros, la Fundación insiste en la necesidad de crear un contexto educativo y social donde los menores puedan “desarrollar criterios propios, aprender a gestionar la presión del grupo y contar con adultos de referencia que los acompañen de manera coherente”.
Los especialistas consultados subrayan, asimismo, que mantener conversaciones naturales con los menores, resolver sus preguntas y escuchar sin emitir juicios facilita que los adolescentes dispongan de “información clara” y afronten determinadas situaciones con “más seguridad”.
A la hora de fijar límites “claros y coherentes”, la FAS remarca que es clave explicar el porqué de cada norma y utilizarla como una herramienta educativa “útil y comprensible”.
La influencia del ejemplo adulto
En paralelo, la Fundación recuerda que la manera en que los adultos (padres, madres, profesorado u otras figuras de referencia) se relacionan con el alcohol es “determinante”, ya que sus conductas condicionan de “forma directa” la imagen que los jóvenes construyen sobre esta sustancia y sobre los comportamientos ligados a su consumo. En esta línea, los expertos apuntan que la prevención también se transmite a través de actitudes, rutinas y mensajes del día a día, y que la responsabilidad mostrada por los adultos refuerza “cualquier acción educativa”.
La FAS aconseja, además, trabajar de forma específica la educación emocional y las habilidades sociales dentro de la prevención. Competencias como aprender a decir no o manejar la presión del grupo contribuyen a reforzar la autonomía de los adolescentes y a que se muevan con mayor seguridad en su entorno habitual.
Del mismo modo, la entidad propone impulsar opciones de ocio saludable que permitan a los jóvenes relacionarse, compartir tiempo y disfrutar de espacios de convivencia en los que el alcohol “no ocupe un lugar central”.
Un esfuerzo compartido de toda la sociedad
La Fundación subraya que retrasar la edad de inicio en el consumo de alcohol y disminuir su presencia entre los menores implica “un trabajo continuado” que logre involucrar a las familias, a los centros educativos y al conjunto de la sociedad.
La directora de Relaciones Institucionales de la Fundación Alcohol y Sociedad, Silvia Jato, incide en que, pese a que los indicadores muestren una evolución favorable, la prevención “sigue siendo prioritaria” y demanda “constancia, cercanía y un compromiso compartido entre familias, docentes, administraciones y entidades sociales”.
Mediante sus programas educativos de prevención en colegios e institutos, como “Menores ni una Gota”, sus acciones de sensibilización dirigidas a familias y comunidad educativa y propuestas recientes como el documental “Una Conversación Pendiente. Menores y Alcohol”, la Fundación Alcohol y Sociedad reafirma su apuesta por una “prevención basada en la evidencia, la educación y la concienciación”, consolidando su papel como uno de los “principales referentes en prevención del consumo de alcohol en menores en España”.