La Fundación Jiménez Díaz impulsa una neurorrehabilitación pionera con robótica avanzada

La Fundación Jiménez Díaz consolida un modelo de neurorrehabilitación robótica intensiva y personalizada que mejora la marcha, el equilibrio y la autonomía.

4 minutos

Imagen del modelo de neurorrehabilitación. HOSPITAL UNIVERSITARIO FUNDACIÓN JIMÉNEZ DÍAZ

Publicado

4 minutos

El Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz ha puesto en valor que, en los últimos años, ha consolidado un modelo de neurorrehabilitación en el que la tecnología robótica de última generación se integra en la práctica clínica cotidiana, lo que, según subraya el centro, ha supuesto una transformación profunda en la manera de tratar a los pacientes con patología neurológica.

“Supone un cambio real en la forma de abordar la rehabilitación neurológica”, ha señalado Raquel Cutillas, jefa asociada del Servicio de Medicina Física y Rehabilitación del hospital madrileño, quien incide en que este avance responde a una manera distinta de entender el tratamiento, más centrada en las necesidades reales del paciente.

Este modelo se basa en terapias de alta intensidad, con gran número de repeticiones y una elevada precisión, tres elementos esenciales para activar la neuroplasticidad, es decir, la capacidad del sistema nervioso de reorganizarse tras una lesión. Se dirige, en particular, a personas con daño cerebral adquirido, como ictus o traumatismo craneoencefálico, con lesión medular o con enfermedades neurodegenerativas como párkinson o esclerosis múltiple.

Entre los equipos más punteros destaca un exoesqueleto de marcha para adultos, un dispositivo que se adapta al cuerpo del paciente y le permite ponerse de pie y caminar desde fases muy tempranas del proceso rehabilitador. Tal y como detalla Cutillas, “este tipo de tecnología facilita la marcha y permite repetirla de forma controlada, segura y con una calidad biomecánica difícil de reproducir manualmente”, un aspecto clave en la recuperación neurológica.

Junto a este sistema se utilizan dispositivos robóticos para el miembro superior que permiten trabajar brazo y mano mediante tareas funcionales, además de plataformas de equilibrio que entrenan la estabilidad con ejercicios dinámicos. Estas herramientas se combinan con entornos de realidad virtual, tanto inmersivos como no inmersivos, que introducen objetivos concretos y retos durante la sesión. “El paciente repite movimientos al mismo tiempo que los integra en tareas con un sentido”, apostilla la especialista, lo que incrementa la motivación y favorece la adherencia al programa.

Un abordaje personalizado y multidisciplinar

Según explica el hospital, la utilización de estos recursos tecnológicos se enmarca en un enfoque global del paciente y parte siempre de una valoración individualizada, que permite ajustar la intensidad tolerada y seleccionar el tipo de terapia más adecuado. A partir de esta exploración se diseña un plan de neurorrehabilitación adaptado a la situación clínica, al momento evolutivo y al nivel funcional de cada persona, en el que el paciente mantiene un rol activo.

“La tecnología acompaña y facilita el trabajo, pero el esfuerzo sigue siendo del paciente”, indica Cutillas. Esta combinación hace posible incrementar el número de repeticiones de cada ejercicio, introducir modificaciones en tiempo real y realizar un seguimiento estrecho de la evolución. El modelo se sustenta en la coordinación de un equipo multidisciplinar integrado por fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales, logopedas y médicos rehabilitadores.

“Somos nosotros quienes definimos los objetivos funcionales junto con el paciente y decidimos qué herramientas utilizar en cada fase”, subraya. En la práctica, este planteamiento se traduce en sesiones combinadas y muy estructuradas. “Un mismo paciente puede trabajar la marcha con exoesqueleto, continuar con robótica de miembro superior y terminar con terapia orientada a actividades de la vida diaria”, explica.

Más intensidad, mejores resultados y un fuerte impacto emocional

El centro remarca que una de las principales ventajas de este modelo es la posibilidad de ofrecer tratamientos más intensivos y ajustados. “La tecnología permite ajustar el nivel de asistencia, la velocidad o la amplitud del movimiento en función de la evolución del paciente”, indica Cutillas, lo que facilita una adaptación continua del programa rehabilitador.

A ello se suma el componente motivacional: “El paciente deja de hacer ejercicios para pasar a alcanzar objetivos”, apunta, en referencia al uso de realidad virtual y dinámicas de gamificación que incrementan la implicación en el proceso. La experiencia acumulada por el hospital madrileño muestra mejoras en la marcha, el equilibrio, la función del miembro superior y la autonomía en actividades de la vida diaria, en consonancia con la evidencia científica disponible.

El uso del exoesqueleto resulta especialmente relevante en personas con alteraciones de la marcha de origen neurológico, ya que permite iniciar de forma precoz la bipedestación y el entrenamiento de la marcha con un patrón adecuado, con beneficios motores, sensoriales y propioceptivos. Además, contribuye a potenciar la fuerza, la resistencia, el control postural y la función cardiovascular, al tiempo que ayuda a prevenir complicaciones derivadas de la inmovilidad prolongada.

Más allá de los avances físicos, el hospital destaca el impacto emocional de estas terapias. “Poder ponerse de pie y dar pasos tiene un efecto muy potente en el paciente”, destaca Cutillas, que recalca la importancia de este aspecto en todo el proceso de recuperación. Con este modelo, la Fundación Jiménez Díaz prosigue en la senda de integrar tecnología y conocimiento clínico.

“Estamos incorporando herramientas que nos permiten ofrecer tratamientos cada vez más ajustados a cada paciente”, afirma. De cara a los próximos años, la especialista prevé una expansión de estos sistemas en la práctica asistencial, con dispositivos más accesibles y conectados. “La rehabilitación robótica estará cada vez más integrada”, en un escenario en el que la tecnología facilitará diseñar terapias aún más personalizadas y acompañar al paciente también fuera del hospital, concluye.