El 'think tank' ConCiencia, promovido por Johnson & Johnson, ha dado a conocer este martes en el Senado el documento de consenso “Innovación biomédica: un legado para la humanidad”, en el que expertos universitarios de diversas áreas insisten en que la innovación biomédica va mucho más allá de un simple logro científico y se afianza como un auténtico motor de progreso humano.
Este planteamiento ha sido compartido por profesionales sanitarios, directivos del sistema de salud, representantes institucionales y políticos, catedráticos y asociaciones de pacientes presentes en la jornada, donde se ha remarcado que la innovación biomédica adquiere “pleno sentido” cuando sus avances se incorporan a la práctica clínica y dejan de ser una novedad para convertise “en un legado compartido entre generaciones”.
El consenso pretende funcionar como referencia para pacientes, personal sanitario y responsables de políticas públicas, con el fin de entender y poner en valor su impacto, además de impulsar estrategias que refuercen la salud, el bienestar y el desarrollo sostenible del conjunto de la población.
Los pacientes han tenido también un papel activo en su elaboración, a través de la participación del Foro Español de Pacientes, del Grupo Español de Pacientes con Cáncer (GEPAC) y de la Plataforma de Organizaciones de Pacientes (POP) como comité consultivo, cuyas contribuciones han permitido enriquecer el documento con la vivencia directa y las necesidades reales de quienes conviven con una enfermedad, así como de sus familias y cuidadores.
En su intervención, el director del Aula de Farmacología de la Universidad del País Vasco, Javier Meana, ha recalcado que la innovación biomédica desborda el ámbito estrictamente clínico, ya que cada nuevo avance tiene implicaciones para la humanidad desde múltiples dimensiones.
En la misma línea, el director de Asuntos Corporativos y Acceso al Mercado de Johnson & Johnson Innovative Medicine en España, David Beas, ha incidido en que la innovación no solo repercute en las personas que pueden recibir un tratamiento, sino que “transforma la sociedad en su conjunto”.
“Cuando analizamos qué factores han permitido el aumento de la esperanza de vida, observamos que la incorporación de innovaciones terapéuticas explica en torno al 73 por ciento de ese incremento”, ha señalado, para añadir después que, según Analistas Financieros Internacionales (AFI), cada euro destinado a investigación sanitaria genera 1,6 euros de valor añadido, tanto directo como indirecto e inducido.
Beas ha enfatizado que la innovación en salud “no debe ser considerada un coste”, sino “una inversión, una palanca de crecimiento, competitividad y cohesión social”. Al mismo tiempo, ha remarcado la necesidad de asegurar recursos suficientes y marcos regulatorios claros y predecibles para que España pueda situarse a la vanguardia en salud y cohesión social.
La vertiente económica también se analiza en el informe, donde se subraya que “la salud no puede entenderse únicamente como un gasto, sino como una inversión que fortalece el capital humano, impulsa la productividad y contribuye al crecimiento económico sostenible”, especialmente cuando las innovaciones permiten prevenir la enfermedad, disminuir la discapacidad y elevar la calidad de vida.
Decisiones políticas y papel de los pacientes
Desde el ámbito de la gestión sanitaria, se ha puesto de relieve que las decisiones de las administraciones son clave para que este legado se materialice en beneficios concretos para la ciudadanía. El director del Aula de Innovación en Política Sanitaria de la Universidad Internacional de Cataluña, Boi Ruiz, ha destacado que “las políticas de salud deben concebirse como políticas de Estado, orientadas al progreso continuo y a la incorporación responsable de la innovación en condiciones de equidad y sostenibilidad”.
Por otro lado, el director del Aula de Humanización en la Salud de la Universidad de La Rioja, Raúl Juárez, ha remarcado que los valores éticos y sociales han de tener un rol central, ya que sin ellos la innovación “corre el riesgo de perder su sentido humano y su legitimidad social”. En esta línea, ha reclamado una implicación más intensa de los pacientes en todas las fases del proceso innovador.
A lo largo de la jornada se ha insistido en la necesidad de incorporar de forma sistemática la experiencia de los pacientes en el diseño, la evaluación y el acceso a la innovación biomédica, de manera que los avances científicos se dirijan a necesidades aún no cubiertas y se conviertan en mejoras palpables en la calidad de vida.
El encuentro ha concluido con la ponencia del director de la Cátedra de Economía de la Salud y Uso Racional del Medicamento de la Universidad de Málaga, Antonio J. García, quien sostiene que la innovación biomédica va más allá del campo sanitario para erigirse en un factor esencial del desarrollo económico y social, ayudando a reducir desigualdades, reforzando el capital humano y generando un impacto positivo y duradero en el conjunto de la sociedad.