La pérdida de olfato, posible aviso precoz de dolencias neurodegenerativas

Una experta del CSIC destaca que cambios en el olfato pueden anticipar enfermedades neurodegenerativas y defiende educar este sentido desde la infancia.

2 minutos

La alteración olfativa puede ser una señal temprana de enfermedades neurodegenerativas FUNDACIÓN LILLY

Publicado

2 minutos

La alteración del olfato “puede ser una señal temprana de enfermedades neurodegenerativas”, según ha advertido Laura López-Mascaraque, profesora de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en el Centro de Neurociencias Cajal, durante su intervención en el III Ciclo ‘CIENCIA, MEDICINA Y HUMANISMO’.

En esta cita organizada por la Fundación Lilly y el Círculo de Bellas Artes, donde ha ofrecido la conferencia titulada ‘Los olores de nuestra vida’, López-Mascaraque ha recalcado que el olfato “está directamente conectado con las emociones, la memoria y la conducta”.

Esta experta ha subrayado que “el olfato es uno de los gimnasios más completos del cerebro”, resaltando su relevancia científica y clínica pese a ser un sentido tradicionalmente infravalorado. En este sentido, ha puesto el foco en el “volatiloma humano”, es decir, el conjunto de compuestos volátiles que emite el organismo y que puede modificarse en contextos de enfermedad.

En esta misma línea, López-Mascaraque ha indicado que “ya se están investigando sensores y sistemas basados en inteligencia artificial capaces de detectar patrones olfativos potencialmente asociados a distintos tipos de cáncer”.

Educación olfativa y entrenamiento cerebral

Por otro lado, la investigadora ha detallado que las neuronas olfativas “se renuevan cada 40-60 días, algo excepcional en el sistema nervioso”, lo que convierte a este sentido en un recurso privilegiado para el entrenamiento del cerebro. “Si entrenamos el olfato, podemos mantenerlo activo durante más tiempo, incluso a edades avanzadas”, ha señalado, defendiendo la importancia de promover la educación olfativa desde las primeras etapas de la vida como vía de estimulación cognitiva y sensorial.

López-Mascaraque ha recordado que “lo que percibimos como un olor es un patrón de actividad neuronal que se ve modulado por nuestra genética, el entorno y nuestra cultura”. Además, ha precisado que “tenemos alrededor de 396 genes dedicados exclusivamente al olfato, lo que representa entre el 2% y el 3% de nuestro genoma”.

La invitada de la Fundación Lilly y el Círculo de Bellas Artes ha añadido que, en la zona superior de la cavidad nasal, se concentran entre seis y 10 millones de neuronas olfativas y ha concluido remarcando que estas son “las únicas neuronas del cuerpo humano que están en contacto directo con el exterior”.