La primera guía global sobre pruebas genéticas en talla baja infantil incorpora a la RANME

Una nueva guía internacional sobre talla baja infantil marca cuándo y cómo usar pruebas genéticas y puede cambiar el diagnóstico y tratamiento.

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Jesús Argente, académico de número de Pediatría de la Real Academia Nacional de Medicina de España (RANME) RANME

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La primera guía clínica internacional de consenso dedicada a las pruebas genéticas en menores con baja estatura, recientemente difundida en la revista 'European Journal of Endocrinology' y en la que participa el profesor Jesús Argente, académico de número de Pediatría de la Real Academia Nacional de Medicina de España (RANME), ofrece herramientas prácticas para ayudar a los pediatras a determinar en qué momento y de qué forma solicitar estos estudios.

La talla baja en la infancia constituye uno de los motivos de consulta más habituales en Pediatría. Hasta hace poco, numerosos pacientes se clasificaban como 'talla baja idiopática', es decir, sin una causa bien definida. No obstante, los progresos en genética de los últimos diez años han modificado de manera profunda esta concepción.

“Es una guía pionera y específica centrada en cuándo y cómo hacer estudios genéticos en niños con talla baja e introduce un algoritmo práctico que ayuda a los pediatras a decidir qué prueba genética usar según el caso”, afirma Argente, que también es catedrático de Pediatría de la Universidad Autónoma de Madrid y jefe de Servicio de Pediatría y Endocrinología del Hospital Infantil Universitario Niño Jesús de Madrid (HIUNJS).

Según detalla este especialista, el documento busca servir de apoyo y proponer recomendaciones ante situaciones clínicas concretas. “Los profesionales sanitarios que deseen valorar dichas recomendaciones podrán hacerlo en cualquier momento a partir de ahora”, afirma.

La guía se elabora a partir de una revisión sistemática de la evidencia disponible y sigue la metodología GRADE. Además, cuenta con el aval de ocho sociedades científicas internacionales: la Sociedad Europea de Endocrinología Pediátrica (ESPE), la Sociedad de Endocrinología Pediátrica (PES), la Sociedad Latinoamericana de Endocrinología Pediátrica (SLEP), la Sociedad China de Endocrinología y Metabolismo Pediátrico (CSPEM), la Sociedad Japonesa de Endocrinología Pediátrica (JSPE), la Sociedad Europea de Genética Humana (ESHG), la Sociedad Japonesa de Genética Humana (JSHG) y la Sociedad de Genética Humana de Australasia (HGSA).

La herencia genética en la estatura infantil

Según señala, la estatura es un rasgo con un componente hereditario muy elevado, ya que cerca del 80% viene determinado por factores genéticos. Puede verse condicionada por miles de variantes genéticas comunes de pequeño efecto, pero también por alteraciones poco frecuentes con una repercusión mucho mayor. En ciertos casos, la talla baja se explica por una única mutación; en otros, participan múltiples variantes.

“El estudio de los genes que regulan el crecimiento humano, tanto armónico como disarmónico, se ha incrementado sustancialmente en los últimos años, así como la metodología empleada y la interpretación de las variantes que se describen”, subraya este académico.

“Hablamos de talla a partir de los dos años de edad, cuando el niño puede mantenerse de pie, y hablamos de longitud por debajo de los dos años de edad, cuando medimos al paciente en decúbito supino. Por tanto, se define como patológica cuando su longitud o talla es inferior a -2 DE (desviación estándar) para la media de su población y sexo. Las características varían en función del diagnóstico. Si se trata de una deficiencia de hormona de crecimiento, cursan con un fenotipo peculiar: hipocrecimiento armónico, cara de muñeca, adiposidad tronco-abdominal. Si se trata de un hipocrecimiento disarmónico pueden apreciarse alteraciones displásicas. Si se trata de una entidad sindrómica, cursa con alteraciones propias de cada síndrome”, explica Argente.

El documento plantea un abordaje ordenado. En primer lugar, se recomienda una valoración clínica exhaustiva que incluya historia personal y familiar (con árbol genealógico de tres generaciones), exploración física minuciosa y estudios analíticos y radiológicos. Si tras este proceso no se identifica una causa clara, como una enfermedad celíaca o un hipotiroidismo, se considera entonces la indicación de pruebas genéticas.

De acuerdo con este experto, no todos los pacientes precisan el mismo tipo de estudio. La probabilidad de hallar una causa genética depende de la presentación clínica. “En casos de talla baja aislada, la rentabilidad diagnóstica del exoma ronda el 15%. Sin embargo, si existen malformaciones, trastornos del neurodesarrollo o sospecha de displasia ósea, puede superar el 50% e incluso el 70%”, indica.

Uno de los puntos centrales es que el diagnóstico genético no solo permite identificar el origen del cuadro, sino que puede modificar la estrategia terapéutica. “Por ejemplo, permite decidir si está indicado o contraindicado el uso de la hormona de crecimiento, anticipar complicaciones asociadas a ciertos síndromes o informar mejor a la familia sobre el riesgo en futuros hijos”, apunta.