La Red de Enfermedades Inflamatorias reclama un nuevo modelo que integre de forma efectiva a los pacientes en la investigación biomédica

La Red de Enfermedades Inflamatorias reclama un cambio de modelo para integrar de forma real a los pacientes en la investigación biomédica en España.

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Imagen de recurso de un ensayo. GVA

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La Red de Enfermedades Inflamatorias (RICORS-REI) apuesta por transformar el modelo actual de investigación biomédica en España para que la implicación de los pacientes sea auténtica y no meramente formal, con la finalidad de aumentar la relevancia y el impacto real de los estudios.

Según la Red, la presencia activa de los pacientes en la investigación biomédica ha ido ganando terreno dentro del sistema científico y sanitario español. Aunque su incorporación todavía es desigual entre centros y proyectos, considera que los cambios normativos y diversas iniciativas recientes evidencian una transición hacia un enfoque distinto.

En el ámbito regulatorio, la Red recuerda que el Real Decreto 1090/2015 incorporó la participación de representantes de pacientes en los Comités de Ética de la Investigación con Medicamentos. Esta figura forma parte hoy de la evaluación de los ensayos, si bien, a juicio de la Red, el grado de integración varía y no existen datos públicos consolidados que permitan medir con precisión su alcance.

“Los pacientes son el origen y el fin del proceso investigador, pero todavía no está claro cómo incorporarlos de manera real a la toma de decisiones”, ha señalado Luis Rodríguez, investigador principal del grupo de Patología Musculoesquelética del Instituto de Salud Hospital Clínico San Carlos de Madrid (IdISSC) y coordinador de la Red de Enfermedades Inflamatorias.

Entre las trabas más habituales, la Red cita la ausencia de formación específica para participar en investigación, el empleo de un lenguaje técnico poco comprensible, la falta de sistemas de compensación adecuados y la percepción, aún extendida en algunos entornos, de que la contribución de los pacientes puede resultar subjetiva si no se estructura correctamente.

Beneficios de incorporar a los pacientes desde el inicio

La literatura científica nacional e internacional coincide en que, cuando los pacientes se involucran desde las fases tempranas de un proyecto, la investigación gana en pertinencia, calidad y aplicabilidad práctica. Así lo expone Cristina Ramo, jefa del Servicio de Neurología del Hospital Universitario 12 de Octubre y miembro de la Red de Enfermedades Inflamatorias: “Un biomarcador no reemplaza lo que nota el paciente, lo complementa”.

La Red destaca que, en un trabajo reciente sobre esclerosis múltiple, la colaboración con pacientes permitió priorizar marcadores con utilidad clínica real, simplificar el diseño del estudio y hacer más clara la información y los consentimientos, disminuyendo la carga para los participantes y aumentando su adherencia. Ramo recuerda que, en una patología crónica y muy variable como la esclerosis múltiple, aspectos como la fatiga o el deterioro cognitivo pueden quedar fuera de los indicadores convencionales, pese a condicionar de forma notable la calidad de vida. Incorporar la experiencia directa de quienes conviven con la enfermedad ayuda a fijar prioridades y a entender que la ausencia de actividad inflamatoria no siempre se traduce en bienestar.

Aun así, Ramo alerta frente al riesgo de lo que denomina tokenismo: “Invitar a una única persona o paciente a formar parte de un comité o proyecto solo para cumplir un requisito formal, sin proporcionarle información comprensible ni margen real para intervenir en las decisiones”. A su juicio, para que la participación sea genuina debe arrancar desde el planteamiento del estudio, con reconocimiento explícito, posible coautoría y una compensación adecuada.

Formar y escuchar a los pacientes

En esta línea, OpenReuma, una sociedad científica que reúne a profesionales sanitarios interesados en la reumatología, ha puesto en marcha “Participacientes”, un curso de cinco horas dirigido tanto a pacientes como a investigadores para facilitar el trabajo conjunto en proyectos sobre biomarcadores. La Red de Enfermedades Inflamatorias respalda esta propuesta financiando dos ediciones del programa durante 2026.

El curso, basado en el modelo de pacientes colaboradores impulsado por la Alianza Europea de Asociaciones de Reumatología (EULAR, por sus siglas en inglés) y enriquecido con materiales de la Universidad de Stanford, permitió constituir en 2025 el primer grupo en España formado por 14 pacientes y 18 investigadores. Estas personas ya han intervenido en la elaboración de recomendaciones clínicas y en proyectos europeos, evidenciando que una participación planificada y estructurada es viable y aporta valor desde las primeras etapas de la investigación.

Victoria Romero, coordinadora del curso y representante de los pacientes en la Agencia Europea del Medicamento (EMA, por sus siglas en inglés) y en EULAR, insiste en que es esencial que los equipos científicos comprendan las cargas que asumen los pacientes. Ajustes como reducir desplazamientos innecesarios o simplificar la documentación pueden resultar decisivos. “Si no hay un paciente involucrado, a veces no se detectan ciertas cosas”, advierte.

Romero considera que la formación es otro elemento central para ayudar a los pacientes a “entender y hacerse entender” y para evitar que los investigadores den por supuestas nociones sobre cómo se organiza la investigación. “Muchos proyectos no fracasan por su diseño, sino por fallos de comunicación”, señala, remarcando que “empoderar” a los pacientes para que expresen dudas y límites es clave para lograr una colaboración efectiva.

El papel de las asociaciones de pacientes

Desde la perspectiva de las organizaciones de pacientes, David Sánchez, presidente de Retina Murcia, coincide en que las personas afectadas son “agentes clave a la hora de establecer prioridades”, porque nadie conoce mejor la enfermedad que quien la sufre en su día a día.

“El objetivo final de una investigación no es el laboratorio, es la vida real. Se debe escuchar y sobre todo comprender la voz del paciente. Hay mejoras que a veces son difíciles de cuantificar pero que en la vida diaria de una persona suponen un gran beneficio y ahí está la clave para nosotros”, afirma Sánchez, quien recalca la importancia de una coordinación estrecha entre pacientes, investigadores, administraciones e industria para conseguir avances tangibles.

“Los pacientes y las asociaciones que los representan pueden aportar un valor muy importante a la hora de decidir qué líneas de investigación deberían priorizarse”, explica Ángel Sánchez, presidente de la Asociación Española de Personas con Alergias a los Alimentos y al Látex (AEPNAA), que detalla que pueden implicarse en la elección de temas prioritarios, en la formulación de preguntas de investigación relevantes y en la definición de resultados clínicos que reflejen mejor el efecto real de las intervenciones.

Ángel Sánchez sostiene que, para que la participación de los pacientes sea verdaderamente útil y efectiva, “es necesario crear mecanismos estables de colaboración entre investigadores, instituciones y organizaciones de pacientes”. Además, propone minimizar las barreras prácticas que dificultan su implicación. Entre las medidas, cita compensar los gastos derivados de su participación, adaptar los procesos de trabajo a sus circunstancias, actuar con transparencia en las normas de colaboración y delimitar con claridad los roles y expectativas de todas las partes implicadas.