La Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL-CCC) reclama acortar al máximo el retraso en el diagnóstico de la enfermedad de Ménière y evitar los largos “peregrinajes asistenciales” mediante una derivación rápida y una valoración especializada que reduzcan sus consecuencias clínicas, sociales y laborales.
Coincidiendo con el Día Internacional de Concienciación sobre la enfermedad de Meniere, que tiene lugar este sábado 7 de febrero, la entidad recuerda que esta patología afecta en España a unas 75 personas por cada 100.000 habitantes. Asimismo, constituye una de las causas más habituales de vértigo atendidas en los servicios de otorrinolaringología y un motivo frecuente de consulta en unidades específicas de vértigo, sobre todo en pacientes de entre 40 y 60 años, en plena etapa laboral y vital activa.
Desde la SEORL-CCC alertan de que uno de los principales obstáculos para estos enfermos es el retraso en alcanzar un diagnóstico. La identificación de la enfermedad de Menière se apoya sobre todo en la clínica y en la constatación de la pérdida auditiva; sin embargo, no todos los afectados muestran desde el principio el cuadro completo, lo que favorece la confusión y las demoras.
Por este motivo, consideran prioritario realizar un diagnóstico diferencial frente a otras patologías que pueden simularla. En este sentido, subrayan que el otorrinolaringólogo es el profesional más adecuado para integrar la información clínica con las pruebas auditivas y vestibulares necesarias para sustentar el diagnóstico y planificar el seguimiento. “La enfermedad de Meniere es una patología crónica y de curso fluctuante, por lo que requiere un seguimiento a largo plazo por un especialista”, añaden.
Los especialistas destacan que acortar el retraso diagnóstico permite orientar mejor al paciente, evitar consultas sucesivas en distintas especialidades y elegir un abordaje escalonado que ayude a controlar las crisis y a reducir la discapacidad asociada. Al mismo tiempo, facilita diferenciar la enfermedad de Meniere de cuadros más frecuentes que pueden parecerse, como la migraña vestibular, lo que contribuye a optimizar el manejo clínico.
Mejorar la formación y los circuitos de derivación
La audiometría se considera la prueba básica e imprescindible. Cuando el diagnóstico no es concluyente, se recurre a pruebas vestibulares funcionales que analizan el sistema del equilibrio del oído interno y permiten objetivar el grado de afectación. Estas exploraciones específicas, sumadas a una evaluación clínica detallada, resultan esenciales para orientar de forma adecuada tanto el diagnóstico como el seguimiento.
Por ello, la sociedad científica insiste en la importancia de reforzar la formación clínica, en especial en los primeros niveles asistenciales, y en perfeccionar los circuitos de derivación, de modo que las personas con episodios reiterados de vértigo y síntomas auditivos asociados puedan ser valoradas de manera precoz por un especialista en otorrinolaringología. Un enfoque más homogéneo en todo el sistema sanitario ayudaría, según señalan, a disminuir las diferencias entre territorios y a reducir el tiempo hasta obtener un diagnóstico.
En los últimos años se han afianzado criterios clínicos consensuados a escala internacional. No obstante, el diagnóstico continúa basándose principalmente en la historia clínica y la audiometría.
“La estandarización de criterios y un seguimiento estructurado, apoyados por herramientas complementarias cuando están indicadas, pueden mejorar de forma notable el diagnóstico de la enfermedad”, ha explicado el presidente de la Comisión de Otoneurología de SEORL-CCC, Juan Manuel Espinosa.
La Sociedad recalca que, aunque por el momento no se dispone de una cura definitiva para la enfermedad de Meniere, sí hay opciones terapéuticas eficaces para apoyar a estos pacientes. Durante las crisis agudas, el tratamiento se orienta a aliviar los síntomas, mientras que en los periodos intercrisis se aplican medidas de mantenimiento dirigidas a disminuir la frecuencia e intensidad de los episodios.
En los casos en que la enfermedad no responde a los tratamientos convencionales, pueden utilizarse terapias intratimpánicas y, en situaciones más severas, valorar alternativas quirúrgicas. Además, la rehabilitación del equilibrio adquiere un papel relevante en aquellos pacientes que, aun sin crisis activas, mantienen una inestabilidad persistente que condiciona su día a día.
En conclusión, los expertos de la SEORL-CCC recalcan que la mejora del pronóstico pasa por llegar antes, establecer un diagnóstico preciso y ajustar el tratamiento a cada fase de la enfermedad.