La SERVEI resalta cómo la radiología intervencionista permite conservar el útero tras una hemorragia posparto

La SERVEI subraya que la radiología intervencionista es decisiva para frenar la hemorragia posparto y conservar el útero y la fertilidad en la mayoría de mujeres.

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La Sociedad Española de Radiología Vascular e Intervencionista (SERVEI) ha alertado de que aproximadamente uno de cada veinte partos termina en una hemorragia posparto y ha puesto de relieve la importancia de las técnicas de radiología intervencionista para preservar el útero y la capacidad reproductiva en la mayoría de las pacientes.

La hemorragia postparto (HPP) es una complicación que aparece tras el nacimiento, tanto en las primeras 24 horas como hasta las 6 semanas posteriores al alumbramiento, y se considera una auténtica urgencia médica, ya que en sus formas más graves puede comprometer la vida de la madre. Se calcula que la HPP afecta en torno al 5 por ciento de los partos, es decir, se presenta tras uno de cada veinte nacimientos.

“La hemorragia posparto requiere de una intervención rápida para proteger la vida de la madre, por eso es primordial su manejo multidisciplinar (ginecólogos, obstetras, radiólogos intervencionistas, radiólogos, anestesistas, intensivistas), lo que permite no sólo tratarla de forma rápida y eficaz, sino también anticiparse a ella y planificar su manejo incluso antes de que esta aparezca, eligiendo el método más óptimo y seguro para las pacientes de una forma coordinada y eficaz”, explica Laura Paúl, radióloga intervencionista del Consorci Corporació Sanitaria Parc Taulí de Sabadell (Barcelona).

La especialista de la SERVEI detalla que hay cuatro orígenes frecuentes de la hemorragia posparto, conocidas en la práctica clínica como “las 4T”. En primer lugar, el tono, es decir, la atonía uterina, que constituye la causa más habitual. En segundo término, el trauma (desgarros en el canal del parto, hematomas, rotura uterina, etc.) asociado a partos instrumentales, laceraciones o cesáreas. En tercer lugar, el tejido, que hace referencia a la retención de restos placentarios o a placentas anómalas. Finalmente, la trombina, vinculada a trastornos de la coagulación previos o adquiridos.

“La mayoría de los factores que aumentan el riesgo de hemorragia durante el posparto son detectables y predecibles, por lo tanto, podemos adaptar el manejo de las pacientes aumentando la seguridad y la rapidez de actuación”, subraya Paúl.

Radiología vascular e intervencionista en la hemorragia posparto

Dentro de los equipos multidisciplinares implicados en el abordaje de la hemorragia posparto, la portavoz de la SERVEI recalca que la participación de los radiólogos vasculares e intervencionistas “es clave”, tanto para controlar el sangrado con procedimientos mínimamente invasivos cuando no funciona el tratamiento obstétrico y farmacológico, como en situaciones con focos hemorrágicos localizados (hematomas, pseudoaneurismas, lesiones vasculares) de difícil acceso quirúrgico y con un elevado riesgo intraoperatorio para la mujer.

En este contexto, Paúl describe dos grandes grupos de procedimientos. Por una parte, la embolización de las arterias uterinas, que se basa en ocluir los vasos responsables del sangrado mediante distintos materiales embolizantes. “Es muy útil en las atonías uterinas, en los sangrados persistentes tras desgarros, en los hematomas o en las hemorragias tras cesárea cuando la paciente ya no está en el quirófano”, señala.

Por otra, la oclusión con balón, indicada en mujeres con anomalías placentarias previas o hemorragias masivas: “Esta estrategia consiste en ocluir temporalmente grandes vasos -en este caso, las arterias ilíacas-, ya sea de forma intraoperatoria (durante las cesáreas, para evitar sangrados y pérdidas masivas de sangre) o incluso como intervención puente, evitando en muchos casos grandes cirugías que impliquen histerectomía total”.

Entre los beneficios de estas técnicas realizadas por radiólogos vasculares e intervencionistas, la experta destaca su elevada eficacia y seguridad, el carácter mínimamente invasivo —que facilita una recuperación más rápida— y el hecho de que, a diferencia de cirugías como la histerectomía, permiten conservar el útero y la fertilidad femenina “en la práctica mayoría de los casos”.