La Sociedad de Reumatología reclama aplicar la perspectiva de género en la artritis reumatoide

La SER alerta de que la artritis reumatoide afecta mucho más a mujeres y exige integrar la perspectiva de género en la investigación y la atención clínica.

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La artritis reumatoide (AR) aparece en mayor proporción en mujeres, suele iniciarse a edades más tempranas y se vincula a una evolución más prolongada, con niveles superiores de dolor, fatiga y limitación funcional. Por este motivo, el presidente de la Sociedad Española de Reumatología (SER), Marcos Paulino, defiende que es imprescindible incorporar la perspectiva de género para abordar la “investigación y práctica clínica” de esta patología de forma adecuada.

Esta enfermedad reumática llega a afectar hasta tres veces más a las mujeres que a los hombres. Además, el estudio internacional QUEST-RA constata que las pacientes comunican “mayor actividad de la enfermedad y peor funcionalidad en múltiples indicadores”. A raíz de estos datos, desde el Observatorio de Igualdad de la SER han remarcado la necesidad “urgente” de “integrar la perspectiva de género” con el objetivo de avanzar hacia una Reumatología más precisa, inclusiva y equitativa.

El también jefe del Servicio de Reumatología del Hospital Universitario de Ciudad Real ha señalado que la SER se ha marcado como prioridad trabajar para que “la investigación y la atención clínica sean equitativas y tengan en cuenta las diferencias de sexo y género” y para que “los sesgos históricos que pueden afectar tanto al diagnóstico como al tratamiento de nuestros pacientes”.

Vacío de conocimiento en la artritis reumatoide

La especialista del Servicio de Reumatología del Hospital Universitario Vall D'Hebron, Helena Borrell, ha insistido en que estas diferencias no se explican solo por factores biológicos, ya que “también reflejan cómo el género influye en la búsqueda de atención, la percepción del síntoma o incluso en los tiempos de diagnóstico”.

Según Borrell, “las consecuencias de excluir a las mujeres de la investigación clínica” han originado un “vacío de conocimiento” que se mantiene en enfermedades autoinmunes como la AR. Por ello, ha recalcado que “necesitamos datos que se puedan desagregar por sexo y género, ya que, sin esta información, corremos el riesgo de aplicar tratamientos o protocolos que funcionan de forma distinta según el género, o de pasar por alto síntomas o comorbilidades relevantes”. De hecho, diversas cohortes europeas han detectado que “las mujeres con artritis reumatoide muestran menor respuesta a determinados tratamientos biológicos y menores tasas de remisión”.

Asimismo, tal y como ha añadido Borrell, las mujeres con AR presentan con mayor frecuencia osteoporosis, depresión o ansiedad, problemas que repercuten directamente en su calidad de vida y que “deben integrarse en una valoración clínica más amplia e individualizada”.

En esta línea, el presidente de la SER ha reiterado que “la integración de la perspectiva de género no es un extra sino una herramienta científica que mejora la calidad asistencial”, poniendo el foco en reforzar la formación de los profesionales, adaptar los protocolos y recoger de forma sistemática indicadores psicosociales.