La rapidez con la que caminan las personas mayores con VIH se perfila como un marcador esencial de su envejecimiento biológico y de su grado de vulnerabilidad, según el estudio multicéntrico español “FUNCFRAIL”, coordinado por especialistas del Grupo de Estudio del Sida (GeSIDA) de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (SEIMC).
Esta investigación, presentada en Denver (Estados Unidos) durante la Conferencia sobre Retrovirus e Infecciones Oportunistas 2026 (CROI), evaluó la relación entre biomarcadores inflamatorios y epigenéticos presentes en sangre y diversos indicadores clínicos de envejecimiento en 304 personas con VIH de 50 años o más y con una infección de larga evolución. Casi la mitad de los participantes acumulaba tres o más comorbilidades, un 8 por ciento reunía criterios de fragilidad y un 17 por ciento padecía depresión.
Los mecanismos biológicos del envejecimiento en este colectivo se manifiestan de forma especialmente evidente en la capacidad física y, de manera concreta, en la velocidad de la marcha. Esto abre la posibilidad de utilizar herramientas de valoración sencillas y fáciles de aplicar en la práctica clínica cotidiana, en un contexto en el que los tratamientos antirretrovirales permiten que estos pacientes alcancen edades cada vez más avanzadas.
Sin embargo, GeSIDA subraya que, aun con supresión virológica (carga viral indetectable en sangre), estas personas presentan con frecuencia fragilidad, deterioro funcional y un elevado número de enfermedades crónicas. En este sentido, el trabajo pone de manifiesto que los distintos marcadores inflamatorios no guardan una relación homogénea con la situación clínica global, sino que informan sobre facetas concretas del proceso de envejecimiento.
MARCADORES
Entre los marcadores analizados, el sCD14 se identificó como la señal inflamatoria más estrechamente relacionada con la fragilidad y con un mayor riesgo de malnutrición, mientras que la proteína C reactiva ultrasensible (hsCRP) se vinculó únicamente con la fragilidad. Además, varios biomarcadores —como IL-6, VCAM-1, sCD163 e I-FABP— mostraron correlación con el índice VACS, una herramienta empleada para estimar el riesgo de mortalidad y de eventos clínicos en personas con VIH.
En lo referente a la marcha, el estudio observó que quienes caminaban a mayor velocidad presentaban concentraciones significativamente más bajas de IL-6, un marcador clave de inflamación sistémica. En cambio, una marcha más lenta se asoció con una mayor metilación global del ADN (CpG), indicador del envejecimiento biológico estimado a nivel epigenético.
De este modo, la movilidad se perfila como un reflejo directo de la carga inflamatoria y del estado biológico global del organismo, mientras que la metilación global se relacionó con los niveles de albúmina sérica, lo que sugiere una posible conexión entre edad biológica, situación nutricional y capacidad funcional.
A partir de estos hallazgos, GeSIDA plantea que la combinación de biomarcadores sanguíneos con mediciones objetivas de función física podría facilitar la detección precoz de pacientes en mayor riesgo y guiar intervenciones preventivas orientadas a mantener la autonomía y la calidad de vida. Entre las medidas propuestas figuran programas de ejercicio físico, apoyo nutricional específico y un seguimiento geriátrico adaptado a las necesidades de las personas mayores con VIH.