Las mujeres trans con VIH presentan, a largo plazo, peores resultados clínicos y de seguimiento que otros colectivos con el virus, aun cuando logran una adecuada vinculación inicial con el sistema sanitario tras el diagnóstico. Así lo concluye un análisis de la cohorte española CoRIS, presentado en el último Congreso Nacional de GeSIDA.
El trabajo, que subraya la urgencia de diseñar estrategias específicas para optimizar la atención y los resultados de salud en este grupo, ha sido coordinado por la doctora Cristina Díez Romero, del Hospital General Universitario Gregorio Marañón.
La investigación revisó la evolución de 17.413 personas con VIH incluidas en la cohorte CoRIS entre 2004 y 2023, atendidas en más de 40 hospitales de referencia distribuidos por todo el territorio nacional. De este total, 10.748 eran hombres que tienen sexo con hombres (HSH); 3.954 hombres cisgénero heterosexuales; 2.515 mujeres cisgénero; y 196 mujeres transgénero.
El estudio comparó entre estos grupos la evolución clínica, la respuesta al tratamiento antirretroviral y diversos indicadores de calidad asistencial a lo largo de casi veinte años de seguimiento.
Resultados clínicos más desfavorables en mujeres trans con VIH
Los datos mostraron que las mujeres trans con VIH registraron tasas más elevadas de fracaso virológico, aparición de nuevas enfermedades definitorias de sida y pérdida de seguimiento en relación con los otros colectivos, especialmente frente a los hombres que tienen sexo con hombres, que se utilizaron como grupo de referencia. Sin embargo, no se detectaron diferencias relevantes en la mortalidad, lo que indica que, aunque la supervivencia global es similar, las trayectorias clínicas de las mujeres trans resultan más frágiles e inestables.
A pesar de ello, el análisis confirma que tanto las mujeres cis como las mujeres trans se conectaron con los servicios sanitarios con mayor rapidez que el resto de participantes, y que la mayoría accedió a la atención médica durante el primer mes tras conocer el diagnóstico, un indicador clave de buena calidad asistencial inicial. Asimismo, las mujeres trans alcanzaron niveles de supresión viral temprana en los tres primeros meses comparables a los del resto de la cohorte.
Estos resultados sugieren que los principales obstáculos no se sitúan en la puerta de entrada al sistema sanitario, sino en la continuidad del seguimiento y en el mantenimiento del tratamiento antirretroviral a lo largo del tiempo.
“Las dificultades para mantener una atención continuada y una adherencia sostenida al tratamiento parecen ser elementos centrales en estos resultados, aunque no podemos identificar con certeza sus causas. Factores sociales, condiciones estructurales y obstáculos en el seguimiento podrían contribuir a estas diferencias”, afirma la doctora Díez.
El equipo investigador incide en la necesidad de desarrollar políticas de salud pública y modelos asistenciales específicamente dirigidos a este colectivo, que combinen la atención clínica con los determinantes sociales que condicionan su salud y proporcionen intervenciones adaptadas y mantenidas en el largo plazo.