El bienestar urbano, que engloba factores como el medio ambiente, la contaminación o la configuración del entorno construido, repercute de forma directa en la salud física, mental y social de la población. Así lo sostienen el Consejo Superior de los Colegios de Arquitectos de España (CSCAE) y la Organización Médica Colegial (OMC), que han lanzado el ciclo “Habitar Salud - Sumando miradas profesionales para el cuidado de las personas”.
El Observatorio 2030 del CSCAE y la OMC, a través de la Alianza Médica Contra el Cambio Climático, han impulsado este ciclo como un foro de trabajo y debate para trasladar a la ciudadanía y a las administraciones la urgencia de “crear espacios, ciudades y hábitos de vida más saludables” como herramienta de prevención frente a los riesgos para la salud y el bienestar derivados del calentamiento global, la falta de accesibilidad y el desequilibrio territorial.
En la jornada se ha destacado que, con intervenciones adecuadas en el entorno urbano, podrían evitarse para 2050 más de 1.000 muertes anuales asociadas al frío, unas 2.800 muertes ligadas a la contaminación atmosférica y entre 10.000 y 62.000 ingresos hospitalarios al año por la mala calidad del aire, además de reducir en un 35 por ciento la mortalidad de los colectivos más vulnerables durante las olas de calor.
La directora general de Agenda Urbana y Arquitectura del Ministerio de Vivienda y Agenda Urbana, María Teresa Verdú Martínez, ha remarcado que su objetivo es “mejorar los edificios y las ciudades” porque influyen de manera directa en “la calidad de vida de las personas y en su bienestar”.
“Muchas veces una buena dosis de salud o una buena medicina no es un fármaco o una química, sino una ciudad bien planificada, un edificio bien orientado, unas calles arboladas o plazas sombreadas o soleadas”, ha señalado.
En la actualidad, la ciudadanía pasa alrededor del 80 por ciento de su tiempo en espacios interiores, y estos ambientes cerrados condicionan no solo la salud física y las patologías cardiovasculares o respiratorias, sino también la salud mental. La manera en que las personas se relacionan, se desplazan o se comportan está ligada a si sienten “frío o calor, si pueden salir de casa o si el entorno que les rodea les invita a caminar y reducir el estrés”, entre otros factores.
Según Verdú Martínez, en numerosos casos pesa “mucho más el código postal que el código genético cuando hablamos de salud”.
Por este motivo, se han definido diversas “líneas de trabajo” para transformar tanto los espacios abiertos como los cerrados. La primera se centra en la calidad del entorno construido, para lo cual se aprobó la Ley de Calidad de la Arquitectura, que persigue edificar de manera accesible, sostenible y eficiente. Verdú ha recordado que la Directiva relativa a la Eficiencia Energética de los Edificios (EPBD) establece que los edificios de nueva construcción deberán ser de cero emisiones en 2030 y que el parque edificado existente alcance ese objetivo en 2050.
La segunda línea pasa por “pensar en las personas y no dejarse a nadie atrás”, integrando las necesidades específicas de cada colectivo. La tercera se articula a través de la Agenda Urbana, ya implantada en más de 500 municipios españoles, con la intención de recuperar “la esencia de la ciudad mediterránea”.
“Planificar ciudades más verdes, con movilidad más blanda, con espacios de comunicación y coordinación entre los distintos ciudadanos”, ha añadido.
La presidenta del CSCAE, Marta Vall-llossera Ferran, ha recalcado que, en la cooperación entre médicos y arquitectos, la prevención resulta fundamental, y para ello es clave la rehabilitación de viviendas y edificios.
Según ha explicado, actuar sobre el tejido residencial y el urbanismo permite prevenir patologías respiratorias asociadas a la contaminación, el estrés térmico o el sedentarismo derivado de la ausencia de zonas verdes. Por este motivo, los criterios urbanísticos son “clave” y se requiere formar a la ciudadanía, tanto en el medio rural como en las grandes ciudades, así como a las asociaciones vecinales, para impulsar la mejora de los espacios y de los inmuebles.
Quinto sector sanitario más contaminante del mundo
La vicepresidenta primera de la Organización Médica Colegial (OMC), María Isabel Moya García, ha señalado que el propio sistema sanitario constituye un “elemento muy importante” en la salud ambiental, dado que el sector sanitario español es el quinto más contaminante del planeta en términos de emisiones de gases de efecto invernadero.
En esta línea, ha recordado que la Alianza Médica por la Salud Planetaria se creó en 2021 para estudiar, investigar y debatir sobre los efectos del cambio climático en la salud. En la actualidad, buscan tener presencia a nivel europeo y han planteado la creación de la Asociación de Médicos Especialistas de la Unión Europea, con el fin de “hacer códigos de buenas prácticas y una medicina sostenible, disminuir el impacto que el sector sanitario tiene en la carbonización del medioambiente y en la emisión de residuos”.
Por último, ha insistido en la relevancia del enfoque 'One Health', puesto que “no hay salud humana sin una salud del planeta, ambiental y del ecosistema”. Moya García ha querido incorporar a este concepto la idea del “entorno construido” y su influencia sobre la salud.
Las ciudades no son espacios neutrales
La subdirectora general de Promoción, Prevención y Equidad en Salud del Ministerio de Sanidad, Estefanía García Camiño, ha recordado que los espacios donde las personas viven, trabajan, estudian, se desarrollan o disfrutan de su tiempo libre son “determinantes para determinar la salud”. En este sentido, ha subrayado que las ciudades “no son espacios neutrales”.
Para avanzar en esta perspectiva, el Ministerio de Sanidad colabora con la Federación Española de Municipios y Provincias en un abordaje integral de la salud en todos los núcleos urbanos, con el fin de favorecer comunidades “más cohesionadas y participativas”.
Esta cooperación permite transformar el entorno hacia espacios más salutogénicos, que fomenten, entre otros aspectos, la movilidad activa. La Agenda Urbana sirve, en este marco, para coordinarse con distintos ministerios y poner en marcha medidas que impulsen la salud activa, tanto física como mental.
En cuanto a la transformación del entorno físico, el Programa de Impulso a la Rehabilitación de los Edificios Públicos (PIREP), dotado con 1.080 millones de euros, ha contribuido ya a que más de 700 edificios públicos logren “reducir las emisiones, mejorar la eficiencia energética y mejorar la accesibilidad, la seguridad y la salubridad del entorno”.