Las microinyecciones de toxina botulínica se consolidan como una alternativa “eficaz y poco conocida” para frenar de forma temporal la actividad de las glándulas sudoríparas y reducir, e incluso hacer desaparecer, la hiperhidrosis, tal y como explica el especialista en medicina estética y tratamientos láser y director de Serena Clínic, Rafael Serena.
Pese al notable impacto de la hiperhidrosis en la población, muchas personas aún ignoran que esta sudoración excesiva puede tratarse. Hay diversas opciones terapéuticas, entre ellas procedimientos más invasivos, como la cirugía sobre el sistema nervioso, que puede acarrear efectos secundarios, o técnicas como la radiofrecuencia.
Frente a estas alternativas, la infiltración de toxina botulínica mediante microinyecciones se presenta como un “procedimiento sencillo” que bloquea temporalmente el funcionamiento de las glándulas sudoríparas. El resultado comienza a apreciarse a partir del cuarto día y, en la mayoría de los casos, logra eliminar por completo la sudoración en la zona tratada.
Este abordaje suele realizarse en una única sesión al año y numerosos pacientes notan una mejoría paulatina con el paso del tiempo. “Con un mantenimiento de tres o cuatro años, hay pacientes en los que la sudoración disminuye de forma muy significativa o incluso desaparece”, ha añadido Serena.
Consecuencias sociales y psicológicas
Con el aumento de las temperaturas, muchas personas empiezan a notar la hiperhidrosis o sudoración excesiva. Lejos de tratarse solo de un problema físico, también arrastra un fuerte componente social y emocional.
“Hay pacientes que condicionan su vida laboral, sus relaciones personales e incluso sus decisiones académicas por culpa del sudor”, ha declarado el especialista. En su día a día, acciones tan habituales como estrechar la mano en un entorno profesional, escribir en un teclado o elegir la ropa adecuada pueden transformarse en un “auténtico reto”.
“Tenemos pacientes que evitan determinados trabajos porque implican contacto físico, o que han visto afectado su rendimiento académico porque mojaban los exámenes con el sudor de las manos. Incluso hemos tratado casos de personas que sufrían caídas por la sudoración en los pies o que tenían que renovar su calzado constantemente”, ha detallado.
La hiperhidrosis no se limita a manos, axilas o plantas de los pies; también puede presentarse en la nuca, la zona lumbar o el cuero cabelludo, y ejerce un “fuerte impacto” en la vida cotidiana de quienes la sufren.
Este impacto se acentúa en jóvenes y adolescentes, ya que la patología puede desencadenar problemas de autoestima, retraimiento social o dificultades para relacionarse con su entorno.
Mejorar la calidad de vida
Los especialistas subrayan que el abordaje de la hiperhidrosis “no es solo una cuestión estética o estacional”, puesto que muchos pacientes logran reforzar su seguridad personal, mejorar sus relaciones sociales e incluso ampliar sus posibilidades laborales.
Para el doctor Rafael Serena, el mayor beneficio de estos tratamientos es que “dejan de vivir condicionados por algo que tiene solución”.