Un trabajo realizado en España ha constatado que la supervivencia a muy largo plazo (15-20 años) de las personas con VIH sometidas a un trasplante de hígado es prácticamente idéntica a la de la población general trasplantada.
El estudio, presentado en la Conferencia sobre Retrovirus e Infecciones Oportunistas 2026 (CROI 2026), es el primero de estas características que se lleva a cabo en Europa y ha contado con la implicación de equipos de los principales centros de trasplante del país y de la Fundación SEIMC-GESIDA, que ha coordinado el proyecto durante más de veinte años.
La investigación examinó de forma detallada la supervivencia global de los pacientes, la duración del injerto hepático y la aparición de comorbilidades hasta 15 años después de la intervención.
Según señalan los responsables del trabajo, los datos obtenidos aportan una evidencia robusta de que el trasplante de hígado constituye una opción terapéutica “eficaz y segura” para las personas con VIH cuando existe indicación médica, “consolidando un cambio de paradigma que se ha producido en las últimas dos décadas gracias a los avances en el tratamiento antirretroviral”, subrayan.
En total se incluyeron 340 receptores de trasplante hepático realizados entre 2003 y 2012 en España, de los que 85 tenían infección por VIH. Cada uno de estos casos se comparó con tres controles sin VIH, emparejados por centro de trasplante, edad, sexo, hospital, coinfección por los virus de la hepatitis B o C y presencia de carcinoma hepatocelular.
Con una mediana de seguimiento de 12 años —y observación prolongada hasta julio de 2025—, el 45 por ciento de los participantes seguían con vida, sin diferencias estadísticamente significativas entre las personas con VIH y el grupo control. A los 15 años del trasplante, la supervivencia alcanzó el 50 por ciento en los receptores con VIH, frente al 46 por ciento en quienes no tenían la infección.
En cuanto a la supervivencia del injerto, fue del 47 por ciento en el colectivo con VIH y del 43 por ciento en el resto de pacientes, diferencias que tampoco resultaron significativas, lo que apunta a resultados clínicos equivalentes a largo plazo.
El impacto histórico de la hepatitis C
La causa principal de fallecimiento en la cohorte fue la recurrencia de la infección por el virus de la hepatitis C, especialmente en los años anteriores a la llegada de los antivirales de acción directa (AAD) frente al VHC.
En el momento actual, todas las personas que seguían vivas en el estudio habían conseguido la eliminación del virus. La mayoría presentaba infección activa por hepatitis C cuando se sometieron al trasplante, lo que refleja la situación asistencial de principios de los años 2000, cuando esta coinfección era una de las causas predominantes de enfermedad hepática terminal en personas con VIH. Por este motivo, la mortalidad relacionada con el VHC fue muy elevada antes de 2015, mientras que prácticamente desapareció tras la introducción de los AAD frente al VHC.
Comorbilidades y control del VIH tras el trasplante
El trabajo también analizó por primera vez el desarrollo de enfermedades crónicas a largo plazo después del trasplante —entre ellas patologías cardiovasculares, renales, metabólicas, respiratorias, neurológicas o neoplásicas— sin hallar diferencias clínicamente relevantes entre quienes vivían con VIH y quienes no.
La única salvedad fue la diabetes mellitus, que se detectó con mayor frecuencia en los receptores sin VIH. Estos hallazgos sugieren que la evolución clínica tras el trasplante en personas con VIH no conlleva una carga añadida de comorbilidad respecto al resto de pacientes trasplantados.
En la última visita de seguimiento, todas las personas con VIH mantenían supresión virológica gracias al tratamiento antirretroviral, con un recuento mediano de linfocitos CD4 de 330 células por microlitro, estable a lo largo del tiempo. En los últimos años, los esquemas basados en inhibidores de la integrasa no potenciados se convirtieron en la pauta más empleada, con el objetivo de minimizar las interacciones con los fármacos inmunosupresores (fundamentalmente calcineurínicos).
De acuerdo con los investigadores, estos resultados refuerzan que el trasplante hepático debe contemplarse como una intervención “plenamente válida” en personas con VIH cuando existe indicación clínica. Además, el trabajo representa una de las series con seguimiento más prolongado publicadas hasta ahora sobre resultados de trasplante hepático en este grupo de población.
“En conjunto, los datos respaldan que, en el contexto actual de tratamientos antirretrovirales altamente eficaces, la infección por VIH ya no constituye una barrera para el acceso a procedimientos complejos como el trasplante de órganos”, concluyen los autores.
La investigación ha sido coordinada por José María Miró (Hospital Clínic de Barcelona) y desarrollada en cuatro hospitales españoles, con la participación de especialistas vinculados a GeSIDA (Grupo de Estudio del SIDA de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica) y GeSITRA-IC (Grupo de Estudio de Infección en el Trasplante y el Huésped Inmunocomprometido) de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (SEIMC), así como a la Sociedad Española de Trasplante Hepático (SETH) y a la Organización Nacional de Trasplantes (ONT).