La presidenta de la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental (SEPSM), Marina Díaz Marsá, ha advertido este jueves de que “España vive un momento crítico en salud mental”, con una demanda asistencial en aumento que obliga a reforzar las plantillas. Actualmente hay unos 12 psiquiatras por cada 100.000 habitantes, una cifra que la SEPSM considera insuficiente frente al promedio europeo, situado entre 18 y 20 por 100.000 habitantes.
“Esto reduce nuestras consultas a un mero manejo de síntomas y muchas veces con larga lista de espera y no disponiendo de todo el tiempo que requieren los pacientes para un buen vínculo, para un buen abordaje y nos impide hacer las revisiones con la frecuencia que necesitaríamos”, ha señalado en un encuentro con periodistas en el que la SEPSM ha dado a conocer un decálogo con los principales retos de la especialidad.
Díaz ha recordado que el Libro Blanco de la Psiquiatría en España, elaborado por la sociedad en 2023, ya advertía de que un “porcentaje importante” de los psiquiatras españoles supera los 60 años, por lo que se calculaba que sería preciso incorporar alrededor de 500 nuevos especialistas cada año para compensar las jubilaciones. A este recambio generacional se suma la “fuga” de psiquiatras jóvenes hacia otros países europeos, lo que incrementa aún más el déficit.
La jefa de Sección de Psiquiatría del Hospital Clínico San Carlos ha subrayado que los problemas depresivos, de ansiedad y los trastornos del sueño concentran buena parte de las consultas, con un “pico de atención” en menores y adolescentes, además de en personas mayores. Al mismo tiempo, ha avisado de que esta situación convive con “cierta confusión” social entre lo que es un trastorno mental y lo que forma parte del malestar cotidiano.
“El malestar de la vida cotidiana son las emociones negativas, el estrés que experimentamos los individuos simplemente por el hecho de vivir. Es algo adaptativo, pasajero y a lo que podemos hacer frente con nuestros recursos y con el apoyo de las personas cercanas. Un trastorno mental es algo bien diferente, es un sufrimiento profundo que afecta la vida global de la persona y que tiene una serie de criterios diagnósticos y un tratamiento específico”, ha detallado.
En este contexto, el Ministerio de Sanidad y las comunidades autónomas aprobaron el pasado año el Plan de Acción de Salud Mental 2025-2027, dotado con 39 millones de euros, y el Plan de Acción para la Prevención del Suicidio 2025-2027, con un presupuesto de 18 millones. Desde la SEPSM han reprochado que los fondos asignados son insuficientes, lo que complica su desarrollo real sobre el terreno.
La secretaria de la SEPSM, Pilar Saiz, se ha detenido en el Plan de prevención del suicidio, recordando que, casi doce meses después de su aprobación, “no se ha puesto en marcha” porque su aplicación recae en cada comunidad autónoma. Por ello, ha reclamado una mayor coordinación entre territorios y la puesta en marcha inmediata de medidas clave, como la formación específica de los profesionales sanitarios.
“El suicidio no es algo que podamos erradicar en nuestra sociedad (...), pero sí podemos disminuir de una forma muy cuantiosa sus cifras. Creo que el suicidio es prevenible y que se puede hacer mucho más de lo que se está haciendo”, ha recalcado Saiz, que ha defendido actuaciones prioritarias como la detección sistemática del riesgo o garantizar la continuidad asistencial tras una tentativa.
Impacto en menores, redes sociales y consumo de cannabis
Entre los puntos del decálogo figura también la inquietud por el uso intensivo de redes sociales entre adolescentes. “Tenemos adolescentes que han sustituido un tipo de vida en la sociedad, en la calle, en la interacción física con los demás, por un tipo de vida metidos en casa enfrente de una pantalla”, ha indicado la vicesecretaria de la SEPSM, Carmen Moreno.
En este sentido, ha alertado de que muchos jóvenes, ante sus dudas, ya no recurren a adultos o a su grupo de iguales, sino que consultan directamente en internet y redes, que actúan como “prescriptores de estilo de vida”. “Dejar que los que nos prescriban la vida, los que nos den las soluciones a nuestros problemas, sean los prescriptores digitales, o sea, las personas de las redes sociales, tiene un impacto realmente deficiente”, ha añadido.
Moreno ha llamado también la atención sobre la creciente trivialización del consumo de cannabis. Su disponibilidad mediante comestibles, vapeadores y otros formatos llamativos favorece una menor percepción del riesgo, pese a los efectos que puede tener, especialmente en edades tempranas. “Los mensajes que se están dando sobre el cannabis tienden a hablar excesivamente de los beneficios y desgraciadamente no se está teniendo en cuenta el efecto que tiene sobre el cerebro y, sobre todo, sobre el cerebro en evolución”, ha apuntado.
Ligado igualmente al entorno digital y a la población menor, los psiquiatras han señalado la preocupación por el culto al cuerpo y la obsesión por la vida saludable, que, según Marina Díaz, actúan como disparadores de problemas de salud mental. Ha precisado que las chicas adolescentes son las más vulnerables y que el malestar asociado al control del peso puede desembocar en trastornos de la conducta alimentaria (TCA) como bulimia, anorexia o trastorno por atracón.
Lucha contra el estigma y apuesta por la innovación
El vicepresidente de la SEPSM, José Antonio Ramos Quiroga, ha incidido en la necesidad de avanzar hacia una atención más humanizada en psiquiatría y de combatir el estigma que todavía rodea al uso de psicofármacos y a las técnicas de neuromodulación.
Para reducir ese estigma, el decálogo subraya que es esencial ofrecer a la ciudadanía información clara y basada en la evidencia. En cuanto a la humanización, Ramos Quiroga ha remarcado que no debe limitarse a reformas arquitectónicas o a mejorar las habitaciones hospitalarias, sino que requiere dotar adecuadamente de recursos humanos y materiales a los dispositivos de salud mental.
Por último, los psiquiatras han reivindicado el papel de la innovación en la especialidad, que el documento define como “prioridad estratégica” para lograr una atención “cada vez más precisa, personalizada y basada en la evidencia”. Han destacado la importancia de la investigación en nuevas estrategias farmacológicas y en la consolidación de otras terapias biológicas.
Entre los desafíos más inmediatos, han mencionado la mejora en la medición de resultados en salud, la garantía de una verdadera equidad territorial en el acceso a la innovación y la necesidad de acelerar la transferencia del conocimiento científico a la práctica clínica diaria.