El jefe de Servicio de Fisioterapia y Rehabilitación de Olympia Quirónsalud, Fernando Reyes, ha subrayado que un buen trabajo de la musculatura del core incrementa la tolerancia a la carga y actúa como escudo para la columna. En este sentido, el movimiento controlado resulta clave tanto en la recuperación de quienes sufren dolor de espalda como en la prevención de nuevas crisis.
Reyes ha señalado que el abordaje conservador, basado en técnicas no quirúrgicas y procedimientos mínimamente invasivos, constituye la primera opción terapéutica en la mayoría de pacientes que consultan por dolor lumbar o dorsal. Dentro de este enfoque, el ejercicio terapéutico se personaliza según las características de cada persona y se realiza un seguimiento estrecho de su evolución.
“La mayoría de los dolores de espalda son benignos, pero requieren un diagnóstico adecuado, tratamiento individualizado y la implicación activa del paciente”, han indicado desde la Unidad de Espalda de Olympia Quirónsalud, que apuesta por un modelo de trabajo multidisciplinar en el que colaboran Neurocirugía, Traumatología y Rehabilitación, Unidad del Dolor y Fisioterapia.
“El abordaje multidisciplinar permite ofrecer la técnica más eficaz en cada momento, con un objetivo común: reducir el sufrimiento y recuperar la funcionalidad en el menor tiempo posible”, ha remarcado la neurocirujana Sonia Tejada, especialista de esta unidad.
Solo un pequeño porcentaje de dolores responde a causas graves
En la práctica clínica diaria, la mayoría de los casos corresponden a alteraciones musculares y articulares derivadas de sobrecargas o de procesos degenerativos. Los especialistas han recalcado que únicamente alrededor del uno por ciento de los dolores de espalda se debe a patologías graves como fracturas, tumores o infecciones.
Buena parte de los cuadros que se observan en consulta se clasifican como dolor mecánico inespecífico, vinculado a esfuerzos, posturas mantenidas o largos periodos de inactividad. “No significa que la espalda esté dañada, sino que el cuerpo no es capaz de soportar las demandas a las que se somete”, han puntualizado los doctores Iván Ortega e Iván Sánchez, expertos en medicina física y rehabilitación.
Para ofrecer una atención adecuada, los especialistas insisten en la relevancia de un diagnóstico preciso que, aunque se apoya en técnicas de imagen, mantiene como pilar básico la exploración física junto con la valoración funcional y biomecánica del paciente.
Entre los diagnósticos que más preocupación generan se encuentran las hernias discales. La mayoría de ellas mejora en un intervalo de entre seis y 12 semanas con tratamiento conservador, reservando la cirugía para situaciones con signos de alarma como pérdida progresiva de fuerza o afectación neurológica.
“Cuando existe compresión de un nervio o de la médula es necesario intervenir para evitar daño irreversible. En ausencia de ese compromiso, siempre valoramos primero opciones conservadoras”, ha detallado Sonia Tejada.
Opciones de tratamiento y prevención de recaídas
Tras establecer el diagnóstico, el plan terapéutico se inicia habitualmente con medidas conservadoras. En aquellos pacientes en los que el dolor se mantiene más allá de tres a seis meses y se cronifica, se contemplan otras alternativas.
El responsable de la Unidad del Dolor de Olympia Quirónsalud, Agustín Mendiola, médico especialista en Anestesia, Reanimación y Terapéutica del Dolor, ha explicado que hoy en día se dispone de múltiples herramientas, como técnicas intervencionistas guiadas por imagen, radiofrecuencia y procedimientos biológicos dirigidos a la reparación tisular o la ozonoterapia, además de técnicas avanzadas como la estimulación medular en cuadros complejos.
“Las infiltraciones guiadas por imagen (ecografía o fluoroscopia) permiten una mayor precisión y seguridad, al asegurar que el tratamiento se aplica directamente sobre la estructura responsable del dolor”, ha destacado.
En relación con la prevención de nuevos episodios, los especialistas recuerdan que el sedentarismo prolongado, el estrés, el descanso insuficiente y los hábitos de vida poco saludables repercuten de forma directa en la salud de la espalda. Por ello, insisten en que la prevención no se limita a tratar la estructura dañada, sino que incorpora una perspectiva biopsicosocial.
“Como mi espalda está débil, vamos a fortalecerla”, han resumido para ilustrar el cambio de mentalidad que buscan fomentar en los pacientes. De esta forma, recalcan que el proceso de recuperación no concluye cuando desaparece el dolor, sino que debe mantenerse un programa de fuerza dos o tres veces por semana, combinarlo con ejercicio aeróbico y evitar el reposo prolongado.