Respirar humos industriales o vivir junto a focos contaminados puede dañar el ADN, concluye un estudio internacional

Un metaanálisis internacional vincula la exposición diaria a plomo, arsénico y cromo con daño en el ADN humano, incluso a niveles considerados habituales.

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Amaya Azqueta, investigadora del Instituto BIOMA de la Universidad de Navarra. (C) MANUEL CASTELLS

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La exposición diaria a metales pesados presentes en humos de procesos industriales, terrenos contaminados o ciertos ambientes laborales, como el plomo, el arsénico o el cromo, se relaciona con un incremento del daño en el ADN humano, incluso cuando se trata de niveles considerados habituales.

Así lo pone de manifiesto una investigación internacional en la que ha colaborado Amaya Azqueta, investigadora del Instituto BIOMA de la Universidad de Navarra y profesora de la Facultad de Farmacia y Nutrición, que confirma que estas exposiciones pueden ocasionar daño genético tanto en entornos laborales como ambientales.

El estudio, difundido en la revista Mutation Research Reviews, es un metaanálisis que recopila 66 trabajos llevados a cabo en los últimos 25 años y se centra en la medición del daño genético mediante el ensayo del cometa, una técnica muy sensible para detectar roturas en el ADN a nivel celular y en la que Azqueta es especialista. Los hallazgos muestran que las personas expuestas a estos metales presentan niveles más elevados de daño en su material genético que quienes no están expuestos, según detalla la Universidad de Navarra en un comunicado.

Los metales considerados en este trabajo (plomo, arsénico y cromo) ya figuran en la clasificación del Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (IARC) como carcinógenos o probablemente carcinógenos. No obstante, la finalidad de esta revisión no es volver a valorar su peligrosidad, sino comprobar si la exposición real en humanos se vincula con lesiones tempranas en el ADN, potencialmente relevantes para la salud a largo plazo.

“Millones de personas están en contacto con metales pesados, algunos puede que sin saberlo. Trabajadores de soldadura, fundiciones, reciclaje de baterías, minería o manufacturas, así como poblaciones que viven cerca de vertederos, industrias o suelos contaminados, pueden inhalar o ingerir estos metales de forma continuada”, explica Azqueta. “Aunque las intoxicaciones agudas son bien conocidas, este estudio pone el foco en los efectos sutiles pero persistentes de exposiciones prolongadas a dosis más bajas, que, como se ha visto, afectan en ADN de las personas expuestas, pudiendo ser la base de los efectos carcinógenos de estos metales”, apunta.

Esta revisión constató que quienes estaban expuestos a arsénico y, especialmente, a plomo y a humo de soldadura rico en cromo, mostraban niveles más elevados de roturas de cadena de ADN en leucocitos.

MAYOR IMPACTO EN PAÍSES DE RENTA MEDIA

El trabajo resalta el papel del ensayo del cometa como herramienta de biomonitorización en humanos, capaz de identificar daños en el ADN antes de que se manifiesten enfermedades. “Este tipo de daño no implica necesariamente un efecto inmediato, pero puede reflejar una alteración acumulativa del material genético que, si la exposición se mantiene en el tiempo, podría contribuir al desarrollo de enfermedades, entre ellas el cáncer”, señala la investigadora.

El impacto del daño genético resulta más acusado en países de renta media —como Argentina, Bangladesh, Brasil, China, Colombia, India, Irán, México, Pakistán y Turquía—, donde los niveles de exposición pueden ser más elevados y las medidas de protección laboral y ambiental más escasas. “Estos resultados podrían reflejar desigualdad en regulación, vigilancia, prevención y concienciación”, apunta Azqueta.

En conjunto, el trabajo no establece una relación directa con la aparición de cáncer, pero sí aporta evidencia de que la exposición continuada a estos metales se asocia con daño en el ADN, un proceso biológico que puede incrementar la vulnerabilidad a distintas enfermedades, incluido en cáncer, a largo plazo. Por ello, los autores subrayan la necesidad de “reforzar la vigilancia sanitaria, mejorar las condiciones laborales y limitar la liberación de estos metales al medio ambiente”.